A bote pronto

Griezmann en la controversia blaugrana

El culebrón sobre Griezmann vuelve a reaparecer con fuerza un año después y ya sabemos, por boca de su protagonista, que el desenlace será distinto.

Nos hallamos al cincuenta por ciento de la información y hemos quedado cerciorados de que el futbolista francés dará por concluida su etapa atlética tras cinco años exitosos, el último en escala menor.

El presidente del Atlético, Enrique Cerezo, y su administrador general Miguel Ángel Gil, solicitaron del jugador de que definiera sus intenciones de futuro, pues, aunque con contrato en vigor, tiene la facultad de elección al tener más de un club dispuesto a satisfacer su cláusula de rescisión de 120 millones de euros a partir del próximo uno de julio.

A través de un video editado por una empresa de Gerard Piqué, circunstancia que engendró un agravio colateral, el año pasado anunció su continuidad rojiblanca, que representaba una rescisión de los compromisos adquiridos con el FC Barcelona.

El futbolista ha anunciado sus intenciones, lo que deja las manos libres a su Club hasta la fecha para gestionar la remodelación de la plantilla, atendiendo su marcha y el caudal de flujo monetario que llegará a su tesorería. Eso sí, menguado el importe en un veinte por ciento que nutrirán las arcas donostiarras de la Real Sociedad, que conserva derechos del primigenio traspaso a las filas atléticas.

Cuando Griezmann da ese paso es evidente que sabe a ciencia cierta que la contratación futura la tiene asegurada con el FC Barcelona, como mejor colocado para llevarse la partida en el segundo intento.

Será un fichaje de riesgo, no tanto por las calidades del futbolista, totalmente adaptado a la liga española y con virtudes profesionales plenamente contrastadas, sino por el recelo de la afición culé que no olvida su desaire anterior. Muy pocos futbolistas dicen no a una primerísima Institución como es el FC Barcelona.

Hemos escrito otras veces que el mundo del balón redondo anda a precario de memoria y, por ende, la parroquia valora el presente, haciendo expresa abstracción a registros historiados. El gol es la máxima razón y la dignidad que dimana de la remembranza de una desazón queda aparcada. Bastarán los primeros goles de Antoine Griezmann con la camisola blaugrana, para que el futbolista sea “uno de los nuestros”.

Con solo dieciocho años se incorporó a la Real Sociedad, que ya hacía un lustro que lo tenía controlado desde niño. En el Barça enseguida se avistaron de su proyección y en la época de Guardiola pensaron en un fichaje de futuro, a través de su pase por el filial blaugrana. No se llevó a cabo al no conjugarse las distintas velocidades de Club y jugador.

El año pasado se frustró un fichaje que “solo” costaba cien millones de euros. Ahora el coste suma ciento veinte millones y el futbolista ya ha alcanzado los veintiocho años de edad. De acuerdo a la galopante e imparable inflación del mercado, sigue siendo una oportunidad.

Cuando todos descuentan ya un fichaje por el FC Barcelona, aparece el reclamo del P.S.G. Los indicios apuntan que llegan tarde y Josep Maria Bartomeu, obligatoriamente cauto, ya tenga atado al futbolista mediante un contrato, cuya penalización por incumplimiento, disuada a “Grizi” de poder escuchar otras ofertas.

El sentimentalismo culé herido aboga por prescindir del galo; sin embargo, las encuestas de opinión están dando un giro espectacular en la medida de que el rumor da paso a una certidumbre fundamentada. Al final, goles son amores.

Este trasvase, de producirse, agita el mercado soberanamente. En el Barça, abriría las puertas de salida al controvertido Coutinho, si bien la devaluación del brasileño perjudica una transferencia. De tomar el itinerario parisino, Florentino Pérez retomaría la ilusión de incorporar a Neymar para el Real Madrid.

Si Griezmann se incorpora al Barça sería el tercer delantero, junto a Luis Suárez y Leo Messi y garantiza más gol. No es el sustituto natural del uruguayo, ya que su fútbol gana enteros cuando se proyecta en espacios abiertos con un delantero avanzado que fije a los centrales.

El uno de julio parece el final de esta historia, fecha que se nos antoja muy lejana. Para no aburrir – y aburrirnos -, hasta que no se consume el desenlace, dejaremos en A Bote Pronto, las cábalas y elucubraciones en el cajón de los asuntos voluntariamente estacionados. O así piensa nuestra pluma.

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