A bote pronto

El FC Barcelona a un paso de la final

El FC Barcelona se juega esta noche su pase a la final de la Champions League, que sería la novena de la primera competición europea en sus distintas denominaciones.

Está en juego poner la nota de sobresaliente a una temporada que ya huele a triunfo con la incontestable superioridad en LaLiga española y clasificación para la final de la Copa del Rey. El grado de auto exigencia fue grande desde los albores de curso, en palabras de su nuevo capitán Leo Messi al hacer referencia a la “orejona” como “esa copa tan linda y tan deseada”.

El Barça saltará al Anfield Road con una renta formidable obtenida en el partido de ida en el Camp Nou. Tres goles de ventaja, sin encajar ningún gol, da margen suficiente para el optimismo moderado.

No se nombra a la bicha, a la ciudad eterna, remembranza de un pretérito cercano que emborronó el último curso que iba para nota suprema. Eran en cuartos de final y también se arribaba a la devolución de visita con un score favorable por igual margen, si bien el rival había marcado un gol en el Camp Nou. Se fue todo al carajo en una noche infernal donde todo salió mal, empezando por la escenificación y el compromiso.

Ese recuerdo nefando tiene un halo positivo, al prejuzgarse que no se volverá a las andadas y se ha tomado nota de aquel desafuero, que prefigura un nuevo marco de actuación.

En esta situación de expectación creciente, de perspectivas halagüeñas y de ilusión común en el barcelonismo, llegan desde Liverpool las declaraciones de Luis Suárez, ateniéndose a su pasado red para curarse en salud y justificar que, llegado el caso, no festejaría un gol propio por respeto a la afición que tan bien le trató en su estancia en la ciudad de Los Beatles: “Si marco en Anfield, no lo celebraré, pues llegué a la élite como jugador gracias al Liverpool”.

El charrúa jugó con el Liverpool cuatro temporadas (2011.2014). Llegó a Europa de la mano del Nacional y recaló en el equipo holandés del FC Groningen con diecinueve años para pasar después al Ajax, antes de llegar a La Premier. Ha recordado Luis Suárez el antecedente de que con la camiseta del Ajax no celebró un gol marcado en el estadio Euroborg donde juega el equipo de la ciudad Groninga, equipo modesto en donde comenzara Ronald Koeman.

Los antecedentes de Luis Suárez no son un manejo nuevo. Antes, al contrario, es una práctica generalizada que se ha puesto en boga y que atiende a criterios de fair play, para nosotros, mal interpretados.

No estamos de acuerdo y ya nos hemos referido a ello en una ocasión en esta misma columna de A Bote Pronto. El fútbol es un deporte colectivo, donde, un equipo de once futbolistas, se afanan por obtener la victoria. No celebrar un gol es un agravio a los compañeros. Tiene, además, una componente cínica, pues no es creíble que no se produzca alegría por el éxito, solo que está adulterada por una pose hipócrita. También es un desaire hacia tu nueva afición que hace propios tus logros personales.

Otra cosa muy distinta es celebrar el gol con grandes aspavientos dirigiéndose a la grada, lo cual sería tildado de desmesura y falta de respeto hacia la hinchada a la que le une una comunión con el pasado.

Luis Suárez no marca en los desplazamientos de la Champions League desde el año 2015, precisamente en Roma, donde rematara de cabeza bajo palos. Un gol del uruguayo rompería una estadística personal poco favorable y, lo que es más importante, sería un paso firme para certificar el pase finalista del FC Barcelona.

No sería de recibo que, ante un gol suyo, rehuyera de las felicitaciones de sus compañeros, bajo el manto de un fingimiento políticamente correcto, pero unidireccional. Por una escena de júbilo contenido, expresado con naturalidad, nadie se siente damnificado, pues se comprende su legitimación. O así piensa nuestra pluma.

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