A bote pronto

El FC Barcelona es el bastión del fútbol español

LaLiga es una carrera de fondo que marca el pulso de la temporada. Dura todo un curso, por lo que se requiere de una gran regularidad para ser el mejor en el cómputo final, después de pasar por todas las estaciones.

De ello no había duda alguna de medición hasta que en los últimos años la Champions League se está llevando los oropeles. De forma osada e injusta, porque es una competición corta que, en el mejor de los casos alcanza trece partidos.

Los seis primeros son en formato de liguillas de cuatro, en un sorteo amañado y dirigido para que los clubes más fuertes alcancen la fase de eliminatorias a partir de octavos de final. Es aquí donde comienza la auténtica competición entre equipos top y donde siempre se cuela alguna sorpresa.

La influencia de la casuística y de los avatares del juego, donde un gol aún vale doble, en caso de igualdad, si se produce en terreno visitante, cobra importancia capital en la suerte final.

Sin embargo, el escaparate de Europa es esta competición corta, de partidos y de fechas. Sobre todo, desde que el dinero ha llegado a espuertas. Manda el marketing, con las televisiones como elemento indispensable, multiplicador de flashes.

En esa nueva realidad, la Champions League cobra una notoriedad sobrevenida y que no proviene del intrínseco análisis del juego. Solo desde esta perspectiva, cabe reflexionar sobre el porqué los aficionados del FC Barcelona no estén plenamente satisfechos, después de ganar ocho ligas de las once últimas disputadas, más otra no sumada por el grave error de un colegiado. En este período que va desde el curso 2008-09, el FC Barcelona ha acumulado tres máximos éxitos europeos, en los años 2009, 2011 y 2015.

Son unos números excepcionales, si no fuera porque el rival por antonomasia ha sumado tres entorchados europeos consecutivos desde la primavera del año 2016. Eso dice la estadística y delata su museo.  Importa menos las muchas irregularidades y lagunas en la obtención de esos trofeos, tanto como los nubarrones de unas temporadas de fútbol precario, afeado por los operadores y agentes del fútbol.

Esa es la tragedia del Barça que, presentando unas cifras excelentes quedan parcialmente eclipsadas por esos arrebatos europeos madridistas que concluyeron el pasado curso.

En la presentación del curso 2019-2020, el Barça vuelve a ser el equipo a batir en España y un candidato serio a la “orejona”. Se ha apostado por la continuidad del técnico Valverde y de los jugadores de mayor significación, encabezados por el mejor, Leo Messi. Se ha fichado a dos titulares de postín, como son Griezmann y De Jong para apuntalar la plantilla.

Es imposible analizar a Barça y Madrid sin referirnos a Neymar, que puede quedarse en el P.S.G., fichar por la Juventus o recalar en LaLiga. La voluntad del jugador es regresar al Barça y el deseo de su club es transferirlo al Real Madrid. Un pulso, a muchas bandas, que tiene una segura fecha de caducidad el próximo dos de septiembre. Cualquier desenlace no debiera desvirtuar lo aquí pespunteado, ya que el fútbol es un deporte colectivo.

En la otra orilla de Canaletes, en Neptuno está un Atlético que plantará cara con argumentos deportivos sólidos, mientras que en la Cibeles transita en su escalafón de tercero en discordia un Real Madrid con muchas dudas. Demasiadas para aguantar el rigor invernal que asegura tormentas. O así piensa nuestra pluma.

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