A bote pronto

El FC Barcelona aspira con fundamento al “triplete”

El FC Barcelona está en disposición de poder igualar los hitos históricos conseguidos en las temporadas 2008-09 y 2014-15, donde obtuvo el llamado “triplete”, que comprende la consecución de la LaLiga, Copa del Rey y Champions League. Logros que no tienen antecedentes en ningún otro equipo militante en el fútbol español.

Obviamente, hay el peligro real de pasar del todo a la nada, aunque la lógica estadística presume que esta temporada el Barça incrementará sus trofeos para el Museo del Club que lleva el nombre de su fundador, el recientemente fallecido ex presidente Josep Lluís Núñez i Clemente.

A la Institución blaugrana, el cuerpo técnico y los futbolistas les ampara la prudencia, sin perder la noble ambición de la aspiración real y el respeto a los adversarios que pueden alterar los pronósticos, aunque se presenten muy favorables.

La liga ha cubierto la jornada 27 y el líder Barça mantiene la diferencia de siete puntos con relación al segundo, el Atlético. Margen suficiente para entender que la administración de esa primacía clasificatoria está al alcance de los blaugranas.

Al quedar por jugarse solo once jornadas, que se corresponden con 33 puntos en juego, la ventaja porcentual ha pasado del 19,44 al 21,11. Barça y Atlético tuvieron que emplearse a fondo para sumar los tres puntos ante el Rayo y Leganés que luchan con denuedo por la permanencia.

En la historia de la liga consta que siempre que se ha abierto una brecha de este calibre el adelantado ha sido campeón. Faltan por disputarse cinco partidos en el Camp Nou; por este orden: RCD Espanyol, Atlético (decisivo para sentenciar si los puntos se quedan en casa), Real Sociedad, Levante y Getafe. Cronológicamente, los blaugranas rendirán visita a los estadios del Betis, Villarreal, Huesca, Alavés, Celta y Éibar.   

En la Copa del Rey, donde jugará su sexta final consecutiva y que suma cuatro títulos ganados consecutivamente, le espera el Valencia como opositor. La trayectoria irregular del equipo ché augura un vaticinio definido en favor de los barcelonistas, Rey de copas con treinta conquistas. Este partido se jugará el 25 de mayo en el estadio Benito Villamarín en Heliópolis y la dificultad para el Barça puede acrecentarse si se haya en la buena fortuna de estar clasificado para la final de la Champions League, que está fechada para el uno de junio en el Wanda Metropolitano. En tal caso, tendría que repartir esfuerzos y focos de atención, con el riesgo de dispersión.

En la mente colectiva blaugrana está el fin de temporada del curso 1985-86 donde el FC Barcelona perdió en Madrid frente al Real Zaragoza la final de Copa del Rey, para acto seguido perder también la final de la Copa de Europa en Sevilla, en la tanda de penaltis, frente al modesto Steaua de Bucarest. Fue un mazazo que dejó heridas que costaron cicatrizar.

La Champions League es “la Copa tan linda” que describió el capitán Messi. La ganó por última vez en el año 2015 en Berlín ante la Juventus. No está tan lejos, pero lo que pesa es que en las tres ediciones últimas el campeón ha sido el Real Madrid y el Barça fue apeado en ronda de cuartos. El éxito con mayúsculas pasa por ganar “la orejona”. La revalidación de los títulos nacionales, sería minusvalorado al resultar reiterativo en tres lustros de hegemonía en el ámbito estatal.

Ernesto Valverde ha renovado su contrato como primer técnico y está administrando mejor las rotaciones y callando a sus detractores que le acusaban de no saber rectificar sobre la marcha. Este curso está modificando esquemas de juego y hombres para revertir muchos partidos con el marcador en contra.

Esas expectativas ilusionantes contrastan con la realidad del Real Madrid que ha sufrido una Semana Trágica que le ha reportado la anticipación a primeros de marzo de un fracaso colectivo, que va a traer decisiones drásticas de Florentino Pérez, que prepara, para el nuevo ejercicio, una depuración a fondo de la plantilla que incluye a algunos pesos pesados, entre los que puede estar el contestatario capitán Sergio Ramos.

La situación de interinidad blanca también pasa por el entrenador, puesto que no puede cubrir a satisfacción el presidente, ya que los más prestigiosos no están por la labor de aceptar la oferta merengue. Desde que Zidane les dejara plantados el verano pasado, el presidente ya colecciona negativas por doquier. Los festejos y sinsabores van por barrios. O así piensa nuestra pluma.

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