A bote pronto

“El clásico” en el aire

La sentencia del “procés” está condicionando la vida en Catalunya, consecuencia del grado de excitación que las durísimas condenas aplicadas a los políticos y agentes sociales catalanes, con penas de cárcel que superan en su globalidad los cien años. La sociedad civil catalana se ha rebelado y, desde hace tres días, el grado de crispación es muy alto y las calles reflejan ese enojo, traducido en actos de protesta masivos.

La publicación de la sentencia tuvo en cuenta salvar otras fechas como el doce de octubre, día de la hispanidad, pero el calendario ya no daba para más y la casualidad ha dado que el primer partido del FC Barcelona en el Camp Nou post resolución sea el “clásico”.

El FC Barcelona se ha posicionado en nota oficial, inmediata a la publicación condenatoria, en favor de soluciones políticas a problemas políticos, alejándose de la represión judicial. En este clamor popular de fuerte tensión el FC Barcelona debe jugar este sábado en Éibar a más de seiscientos kilómetros y no ha decidido el medio de transporte, contemplando la posibilidad de hacerlo en carretera, por si hay problemas de funcionamiento en el aeropuerto de El Prat.

También afecta al baloncesto blaugrana. Este viernes se ha de jugar el partido de la Euroliga contra el Alba de Berlín y el Barça había solicitado, vanamente, adelantarlo al jueves para no coincidir con la jornada de huelga general convocada en toda Catalunya.

Pero el foco de atención se ha desviado a la siguiente jornada liguera con la visita del Real Madrid y el anuncio de convocar actos reivindicativos de la sociedad civil catalana. Se teme que fueran in crescendo y pudieran alterar el orden público y la seguridad en el estadio.

Javier Tebas, presidente de LaLiga, quiere preservar el principal reclamo de la competición española y aboga por el cambio de escenarios para no alterar los intereses televisivos. Esta solución disgusta por igual a los clubes.

Mientras, la Federación Española, el Consejo Superior de Deportes, con el respaldo gubernamental están por la labor de aplazar la celebración a otra fecha posible sin alterar el orden. Se baraja como posibilidad los miércoles 4 y 18 de diciembre, únicos libres. Al presidente federativo, Luis Rubiales, ya le puede valer ir en contra de la opinión de Tebas como todo valor argumental (y viceversa).

Este lunes próximo, el Comité de Competición deberá decidir y para ello escuchará las voces oficiales que le señalarán el criterio. Los encuentros aplazados producen una distorsión en el desarrollo regular de la competición. El último caso se dio con la indisposición del estadio Municipal de Balaídos debido al derrumbe parcial de la tribuna en fechas previas.

Hay cuatro antecedentes de “clásicos” aplazados. El primero de ellos se produjo a finales de los años veinte, pero el primero de la “era moderna” y que presenciamos in situ fue en abril de 1968, un partido aplazado cuarenta y ocho horas por la muerte repentina de Julio César Benítez, un excepcional lateral. El FC Barcelona tardó cuarenta años en cubrir el puesto de “dos” con el mismo grado de excelencia por la incorporación de Dani Alves. La causa de la muerte se atribuyó a una intoxicación de mejillones nunca esclarecida. El partido registró un empate a uno.

La suspensión del partido es complicada y existe el antecedente de hace dos cursos, en la fecha marcada del uno de octubre por el referéndum, en la que Laliga no permitió el aplazamiento del FC Barcelona-Las Palmas y se disputó a puerta cerrada por decisión del Club en solidaridad con la sociedad catalana de la que es parte.

No todos los que se decantan por la suspensión emiten las mismas razones de seguridad que es lo que debería primar. En el caso del grupo Atresymedia sus temores tienen cariz político y se preocupan de que el partido sirva de plataforma a la causa independentista para alcanzar mayor eco global.

Es evidente que, bajo la excusa de la seguridad, a muchos les mueve otros intereses menos nobles y quieren sacar tajada política. Lo deseable es que se juegue en el Camp Nou y que no haya incidentes, fuera de los derivados del balón. O así piensa nuestra pluma.

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