A bote pronto

Demasiadas prebendas

El último partido frente al Slavia de Praga, saldado con un empate sin goles, ha puesto de manifiesto algunos conflictos internos de una plantilla que está dando síntomas alarmantes de caducidad prematura. El equipo ofrece señales de decadencia y recuerda otras épocas vividas po el Club en que se actuó con demora.

Anfield marcó para siempre la credibilidad de Ernesto Valverde en el seno de muchos estandartes culés. Pese a ello, Josep Maria Bartomeu remó contracorriente y abogó por la continuidad del técnico al que había renovado pocas fechas antes.

Liverpool fijó es punto de inflexión y de no retorno. La capacidad de Valverde para el banquillo del FC Barcelona quedó para siempre cuestionada y, en función de los resultados puntuales, se alza la voz con más o menos virulencia.

La decisión unilateral del presidente se correspondía tanto a sus deseos de continuidad del modelo como a los datos estadísticos que otorgaban, con dos ligas y una Copa del Rey, un bagaje de éxito computado muy superior a la media del Club.

Frank Rijkaard estuvo cinco años y le sobraron los dos últimos cursos sin títulos, Pep Guardiola completó cuatro años y le sobró uno, Luis Enrique se mantuvo tres años que se le hicieron largos y lo mismo está ocurriendo con Ernesto Valverde en este, también, su tercer curso. Solo el futbolista Leo Messi permanece en la plantilla desde la época del holandés. Estos antecedentes son los que no puso en valor Bartomeu al fijar su criterio y no tuvo en cuenta que la exigencia máxima de este deporte comporta ciclos cada vez más cortos.

Pep Guardiola marchó voluntariamente para “no fer-nos mal” (hacernos daño). Se refería al trato con la plantilla, deteriorado por la relación exigente diaria. Sabiamente Luis Enrique hizo lo propio, pero no así Valverde que valoró en positivo la querencia de los pesos pesados de la plantilla a su persona.

Tras la nueva frustración en Europa, ¿por qué el plantel de futbolistas se alineó al lado de su entrenador? Además de que “el roce hace el cariño” como refrenda el dicho popular, puede que hubiera en el trasfondo un interés de los futbolistas en mantener el statu quo logrado en base a unos éxitos pretéritos.

Tan cierto es que Valverde es un experimentado entrenador como que no está en condiciones de imponer criterios y liderar una revolución en un vestuario que comienza a denotar signos de división. Ello deja al técnico extremeño en el alambre.

Los buenos resultados tapan las incidencias del día a día, pero si éstos no se alcanzan, afloran con virulencia para establecer la ratio efecto/causa y dirimir consecuencias.

Este es el paradigma actual de un equipo que ha perdido ya once puntos en liga sobre treinta y tres disputados. Esto es, un tercio comprendido en tres derrotas y un empate en visitas foráneas. Ello refleja el comportamiento de un equipo que, lejos de la exigencia del Camp Nou, afloja prestaciones y ofrece déficits de concentración y auto exigencia.

La pretemporada fue errática y fue diseñada por el departamento de marketing en lugar de aplicar los conceptos técnicos. Es un mal exportable a otros equipos y es consecuencia directa de la necesidad de cuadrar balances en un mundo particularmente inflacionario.

Como corre tanto dinero, muchos futbolistas no reparan en un consumo vetado a la mayoría de los mortales. Tienen marcado en rojo fluorescente los días feriados y siempre están dispuestos a gestionar su ampliación, que no es a la procura de un descanso mayor, sino a acumular más horas de vuelo y trajines vacacionales.

Que Valverde ha perdido un tanto el timón da cuenta la multitud de concesiones festivas que acumula en este primer tercio de curso que no tienen una lectura técnica, sino de laxitud lacerante. Rebotado por una pregunta inquisitoria, espetó: “A mí me parecen pocos días de fiesta. Si nos quitan partidos, voy a procurar darles algún día más”.

Tan injustificados “descansos” no son tales, pues ponen más kilómetros en las piernas de los futbolistas que aprovechan estos días de asueto para acudir a cualquier evento, muchas de las veces en aeronaves privadas.

El equipo necesita de más horas de entrenamientos para coger un mejor estado de forma físico, puesto muchas veces en evidencia por sus rivales; de ahondar en aspectos de estrategia para ofrecer alternativas y rompan las acciones mecánicas y de conjuntar las piezas, sobre todo de las dos figuras fichadas, De Jong y Griezmann que han ido jugando en distintas posiciones.

En la sala mixta del Edén Arena de Praga, alzó la voz Ter Stegen en un amago de denunciar una situación latente de profesionalidad: “Tenemos que hablar”, pero le hicieron callar, empezando por el entrenador. Se había ganado, pero fruto de la casualidad.

Piqué se le aplaudió que dejara la selección española, pero no ha servido para concentrarse en el FC Barcelona y tiene ocupado su tiempo libre en promocionar la Copa Davis y en sus inversiones empresariales, entre ellas, la compra de las acciones del FC Andorra.

Mención aparte merece Luis Suárez, que se programó a conveniencia su intervención quirúrgica, privando de su concurso en la final de Copa del Rey ante el Valencia para estar disponible en la Copa América con Uruguay. Lesionado en el primer partido de liga en San Mamés, no perdonó su viaje de ocio programado a Marruecos, sin atender las medidas cautelares de reposo.

Siguen en la selección los también treintañeros Busquets y Alba que aún reparten esfuerzos, cada vez más menguados, en detrimento del Club con el que han firmado contratos altísimos. Fuera conveniente que, a la vista del detrimento físico, rehusarán su contribución a “la roja”.

El FC Barcelona está jugando como entrena. De ahí que su juego esté bajo mínimos, nada en consonancia con el coste de la plantilla y supuesta valoración. Más entrenamientos y menos prebendas, reclama la afición que ve al equipo poco competitivo para afrontar los grandes retos con su mirada a Europa. O así piensa nuestra pluma.

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