A bote pronto

El curso del Barça supera el aprobado

Interesa a muchos que aún perdure el fiasco acaecido en Liverpool. La derrota con estropicio del FC Barcelona alivió al madridismo y a su entorno mediático que lo vivió como una victoria propia.

El fracaso de noventa minutos horribilis pretende borrar de un plumón una trayectoria que firma la consecución de una liga que, a una jornada de su conclusión, supera en dieciocho puntos al Real Madrid en la máxima diferencia de la historia entre estos dos equipos. También su clasificación como semifinalista de la Champions League donde fue apeado en el segundo partido al que llegó con la vitola de único equipo imbatido.

Y resta pendiente su suerte en la Copa del Rey en la que es finalista por sexta vez seguida y busca su quinto campeonato consecutivo que representaría el trigésimo primero de su historia, en un registro ampliamente favorable con respecto al resto de competidores.

Dejando la lógica desilusión por un resultado fatal inesperado, los números no justifican un estado de ánimo tan alicaído. De ello, cual aves carroñeras, inciden los comentarios insidiosos de muchos desafectos al barcelonismo que transitan en los medios con el ánimo de apagar unos fuegos y aventar otros con indisimulada dirección.

De ello se puede colegir una lectura positiva en blaugrana y es aceptar su dimensión, por la que cualquier resultado que no alcance la excelencia es calificado como fracaso. Ese reconocimiento implícito va en paralelo con el discurrir del rival por antonomasia tratado con gran indulgencia, a pesar de unos números paupérrimos en todas las competiciones del curso deportivo a punto de clausurar.

Entre el comportamiento de uno y otro, no hay comparación posible. El campeón de liga se ha paseado por el torneo con una insultante superioridad, manteniendo su condición de líder en más del noventa por ciento de las jornadas para revalidar el título que se corresponde con el octavo de las últimas once ediciones.

Una temporada de notable alto, en línea con la anterior si se adiciona la Copa es zafiamente tratada como la del Real Madrid, alineada en el fracaso y las malas prácticas, que comenzaron con la apropiación del seleccionador nacional en las puertas del Mundial de Rusia-2018 y que precipitó el descalabro de “la roja”, interinamente entrenada por un Fernando Hierro que demostró sus carencias.

El inicio del curso ya marcó la línea, mientras el Barça se imponía en la Supercopa española al Sevilla en Tánger, el Real Madrid sucumbía en la europea frente al Atlético. A partir de ahí, comenzó el caos blanco, con embrollos permanentes que han afectado a toda la estructura deportiva del Club, que cambió por tres veces a su primer técnico y ofrece a falta del cierre en el estadio Santiago Bernabéu con la visita del Betis una deplorable estadística de 17 derrotas en 56 partidos.  Un equipo plagado de distinciones al Balón de Oro otorgadas desde los despachos amigos y que el presidente Florentino Pérez alardeó para justificar la primera despedida de su primer técnico Lopetegui.

La plantilla blanca se ha devaluado en un decrecimiento monetario progresivo, al tiempo que los problemas de relación se han multiplicado. Muchos de sus nombres más preciados están en el escaparate de salida, en tanto que otros nombres ilustres como Hazard, Pogba, M’Bapppé, Jovic, … aguardan la entrada con las poderosas razones que esgrimen un talonario generoso.

Keylor Navas deplora en silencio la traición de Zidane que resultaba su gran valedor ante la poca empatía con Florentino Pérez. A cuenta de subir a su hijo Luka Zidane a la primera plantilla, el francés ha cedido ante las exigencias del presidente que hace funciones de secretario técnico in péctore.

El material periodístico que se dimana de la actividad blanca es amplísimo. Sin embargo, muchos quieren marear la perdiz y escrutan, por ejemplo, imágenes de Leo Messi para mesurar estados de ánimos.

En ese babel de la casa blanca no se escapa la gestión de Zidane, el tercer socorro de banquillo que se incorporó en la jornada 28 y no ha mejorado resultados. Antes al contrario, no ha sido capaz de ganar en ninguno de los cinco desplazamientos ligueros, mientras ha cedido puntos en su estadio. Eso sí, procuró darle una nueva oportunidad a su hijo en la titularidad de la portería, en la que ya debutó en la primera etapa.

Las comparaciones son odiosas y hay quienes buscan concomitancias entre la temporada aciaga y global del Real Madrid y el fracaso puntual del FC Barcelona en un partido que costó la eliminación en semifinales europeas. Interesa a algunos rebajar el mérito acumulado del FC Barcelona para dejar diluido el fiasco absoluto del Real Madrid.

Pero que nadie se lleve a engaño. El fracaso tiene color, nombre y apellido: El blanco del Real Madrid. O así piensa nuestra pluma.

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