A bote pronto

Coutinho en la hora de la verdad

Philippe Coutinho llegó del Liverpool al FC Barcelona con la etiqueta de gran figura y a un coste efectivo que batía records y castigaba la tesorería barcelonista. 160 millones de euros – si se cumplen las condiciones de la cuota variable, treinta de ellos fáciles y diez condicionados al éxito europeo – son otras tantas razones para exigir del brasileño un rendimiento acorde al esfuerzo económico.

Su pretendida llegada al inicio del curso pasado se postergó al mercado de invierno, donde ya quedó inhabilitado para disputar la Champions League, al haber participado en la fase de liguilla con su anterior equipo. Norma reglamentaria que la UEFA ha eliminado ya en esta edición.

El fichaje se llevó a cabo por la secretaría técnica con la premisa que fuera el sustituto natural de a Andrés Iniesta, ya que Coutinho ocupaba, con celebridad, esa posición en los “reds”. Circunscrito a las competiciones domésticas, zanjadas con trofeos blaugranas que certifican su supremacía en el fútbol español, su rédito futbolístico se ha ido menoscabando con aparatosidad.

La afición, y técnicos del mundo del balón, se preguntan sobre las causas de ese provecho menor del fichaje más caro de la historia culé. Ahí sobresale el carácter apocado del brasileño que le hace deprimirse cuando su juego no fluye y se siente una pieza más complementaria que influyente.

Pronto Valverde advirtió que con la presencia de Coutinho en el centro del campo, el equipo perdía equilibrio y se partía en dos, obligando a Busquets y Rakitic a un sobreesfuerzo físico, ya que el brasileño tiene reconocidas dificultades para el repliegue. Le mantuvo bajo un esquema táctico más restringido que se asemejaba más a un 4-4-2, aunque no declarado para no alterar los principios básicos del ADN culé del 4-3-3 consagrado por Johan Cruyff y sostenido en el tiempo hasta que Luis Enrique hizo los primeros escarceos de renovación del sistema.

Este curso, el “txingurri” ha vuelto a apostar por el tradicional 4-3-3 y en ese dibujo el brasileño solo puede optar por un puesto en la delantera, donde Dembélé ha dado un paso al frente para ser el número tres, cerrando el triplete con Messi y Suárez.

La lesión de Dembélé le recuperó para la titularidad. Sin embargo, no ha cubierto expectativas y su utilidad ha decaído, siendo peor la sensación de apatía aparente que difunde. En esas indeseadas rotaciones de indisponibilidades, ahora le ha tocado el turno a su compatriota Arthur Melo, lesionado para un mes jalonado de importantes compromisos en la esfera de las tres competiciones.

La lesión de Arthur puede abrir el camino, no explorado en San Mamés, a que Coutinho recupere protagonismo en la franja central del medio campo, en su puesto de referencia en La Premier, que es el mismo que ocupa en la seleçao brasileira.

El FC Barcelona había recuperado la esencia de su fútbol matriz con el advenimiento de Arthur, al que Valverde costó ganar para la causa, después de concatenar dos empates caseros con el Girona y el Athletic Club y la primera derrota en Leganés Se doctoró en Wembley en el mejor partido de la temporada presente (2-4 al Tottenham).

Ernesto Valverde tiene una oportunidad pintiparada para restituir a Coutinho en la sala de operaciones, confiarle la batuta y creer en la tesis cruyffista que insta a la tenencia y control del balón como mejor arma defensiva.

Debe ser el “momento Coutinho”. De lo contrario, habría que activar el mercado para procurar un traspaso que permita recuperar gran parte de la inversión, pues se han encendido las alarmas en torno al rendimiento deportivo de Coutinho. El futbolista también es víctima de su propia moral quebradiza y espíritu menguante. O así piensa nuestra pluma.

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