A bote pronto

El City se conecta y el Madrid desconecta

La comprensión del calendario nos llevó a un miércoles europeo de alto nivel y sin mediar la Champions League. La gran cita estaba en el Etihad Stadium de Manchester con el apasionante City-Liverpool y el complemento en el estadio de La Cerámica de Vila.real, en horarios parcialmente solapados, que solo nos permitió visionar los últimos minutos del primer tiempo en La Plana Baixa y la media hora final.

El campeón de la Premier League, el City de Pep Guardiola, recibía apurado a los reds de la capital de Los Beatles, con la conjura de rebajar el diferencial de siete puntos en contra. Requería una victoria para reabrir la lucha por la renovación del título.

Un elenco de primeras figuras estaba sobre el césped con las camisetas de los reds y los citizens y hacían presagiar un espectáculo de primera magnitud, que empezó a desarrollarse desde el lado de la pasión y el sufrimiento más que por el sello de la calidad.

Era mucho lo que estaba en juego, sobre todo para el equipo local obligado a vencer, en tanto que el empate ya satisfacía al líder. De tal suerte que, acogotados por los nervios y el rigor táctico impuesto por Kopps y Guardiola, el encuentro tuvo unos inicios de insolente vulgaridad, impropia de la calidad acumulada en ambas filas.

Ambos cuadros competían en la profusión de errores, pero el transcurrir de los minutos comportaba un mayor asentamiento de los visitantes con el viento – léase clasificación – a favor. Pudo adelantarse el Liverpool en el luminoso, pero John Stones sacó milagrosamente un balón al que solo faltaba 1,13 centímetros para penetrar en su totalidad, según certificó la tecnología aplicada.

Quien marcaría al minuto 40 sería el Kun Agüero que recogió un centro de Sané adelantándose al central para batir, apenas sin ángulo, a Allison de un potente disparo a su palo. Al descanso se pasó del 0-1 posible al 1-0.

La emoción se renovó en la continuación cuando Firmino, que venía de un “hat trick” al Arsenal, volvió a ver puerta al rematar desmarcado en plancha de cabeza.

Una igualada que perturbó a los marcunianos que estuvieron unos minutos contra las cuerdas. Guardiola remedó el centro del campo con la inclusión del turco alemán Gündogan.

El gol del triunfo local que reaviva la Premier lo firmó Leroy Sané que culminó un rápido contraataque con un magnífico tiro raso cruzado que fue de palo a palo antes de besar las mallas.

Los metas brasileños Allison y Ederson, rivales también por el puesto en la canarinha, tuvieron que ver, compitiendo en aciertos, con que el marcador no sufriera más mutaciones.

Los reds cayeron con la cabeza alta, después de una racha de nueve victorias consecutivas. A diecinueve jornadas de su término, la clasificación se estrecha y, quien sabe si el nuevo United de Solskjaer en Old Trafford puede ser juez, pues les aguarda a ambos, con el objetivo marcado de un puesto europeo, tras la descarga de Mourinho que les abre nuevos horizontes.

En España, muchos le tienen ganas a Guardiola y magnifican los reveses de forma desaforada, cumpliendo con otros intereses que se corresponden a otros argumentos o fanatismos. Muchos de éstos se vieron derrotados dos veces, al unirse, media hora después, la pérdida de dos puntos del Real Madrid, con su triste empate.

Efectivamente, el Real Madrid asomó todos sus defectos en una liga que lleva camino de tirarla, como el año pasado, ya en el mes de enero. Había volteado el marcador abierto por Cazorla, con el empate de Benzema y el obsequio de Sergio Asenjo, mal colocado y lento de reflejos, que no llegó a un balón suave rematado desde la distancia por la testa de Varane.

En un segundo tiempo calamitoso, donde no estuvo Bale, de nuevo lastimado, el Real Madrid estuvo a verlas venir y la fe y buen juego local se cobró el premio del empate con otro gol del renacido Santi Cazorla. Una vez más, a los blancos se le atragantó el “Mundialito”.

Una jornada de miércoles en donde no jugaba el Barça, pero los resultados complacieron sus apetencias en favor de todo un referente blaugrana como Pep Guadiola y la pérdida de puntos del eterno rival, que le aleja de la cabeza de la liga, a una distancia advertible por el retrovisor de siete puntos. O así piensa nuestra pluma.

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