A bote pronto

Brindis por Barcelona

Barcelona, al venerar tu edad bimilenaria, admiro, a la sazón, tu descarada juventud que te hace sentirte quinceañera, por los requiebros al pretérito y tu apuesta futurista como megápolis de Catalunya, a la vanguardia sureña de la vieja Europa.

De antaño, fuiste pionera y motor de la civilización. Tuviste la primera emisora de radio, el primer periódico, el primer tren y hasta la primera fecundación “in vitro”. Dechado de virtudes y favores, amagas algún pecado venial por tu vanidad al expresarte en dos idiomas y duplicar catedrales, ríos y puertos, montañas mágicas, equipos primates de fútbol y hasta dos vírgenes patronales.

Barcelona, hechicera y plural, emerges tu boyante presencia entre tus venas fluviales de los ríos Llobregat y Besós, el mar Mediterráneo y la sierra de Collcerola. En el privilegio de tu llanura, caben trovadores y mercaderes, artistas y deportistas, licenciados y obradores, contables y funcionarios y, asaz, con reconocimiento universal.

Barcelona, acoges bajo tu finchada andorga todas las policromías de tu piel mestiza. Nombre de mujer, eres generosa en el querer a la gente que atraes a Canaletes, tu fuente principal. Te vas de rondas y contorneas tus voluptuosas formas bajo el manto de tu asfalto sinuoso y al influjo de tu picardía latina. Maquillas tus encantos con la mejor cosmética, para mostrar en el vientre de tu “Eixample” el mejor Modernismo.

La Gran Vía y la Diagonal son tus brazos receptivos donde, a velocidad de crucero, ruedan glóbulos rojos que solo los semáforos atoran. Arqueas tus cejas y cincelas un majestuoso Port Olímpic y un renovado Port Vell. La turgencia de tus senos se perfila en la sierra, advirtiendo que Montjüic y Tibidabo no necesitan “wonderbra”. Las Ramblas son tus arterias más humanas, el oscuro objeto del deseo cuando alcanza la entrepierna y se funden cultura y ocio, amor y lujuria, en el solano día y en la noche lunera.

Barcelona, capital del diseño, vital es tu alimento, me nutro en mis sublimes momentos del lujo de tu magia. Desde el país del Sol naciente, oleadas de gentes rinden pleitesía a la arquitectura de Gaudí, con las torres de la Basílica de la Sagrada Familia como emblema.

Tu ombligo está en el coliseo del Camp Nou, estadio del FC Barcelona, caja inmensa de vibraciones y resonancias, donde se proyecta el mayor orgasmo colectivo de un pueblo interpretado en blaugrana, al ondeo de enseñas identificativas de una institución paradigmática.

Barcelona registra y ofrece un puente de culturas, un ramillete de colores, amalgama de sabores, fragancias mediterráneas. Esencia humanista donde convergen y confluyen arte e historia, deporte y espectáculos, aventura y naturaleza, urbanismo y arquitectura, comercio e industria, gastronomía y agricultura.

Ciudad Condal, capital abierta y global que brinda al mundo con cava. Si el firmamento tiene fronteras, el día que yo muera, habitar quisiera en mi cielo azul de Barcelona, iluminado por almenaras, aunque tenga que pagar más altas gabelas. O así lo pienso.

¡Gracias Barcelona!

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