A bote pronto

Bartomeu y Valverde en la encrucijada

La diáspora de los futbolistas blaugranas por el orbe alcanza a más de la mitad de la plantilla en esta tercera desconexión producida en el primer tercio del curso por imposición de la FIFA.

Es preocupante en el caso de Leo Messi que vuelve a su selección argentina tras cumplir los tres meses de sanción, consecuencia de sus declaraciones acusatorias hacia el colegiado en la pasada Copa América. A algunos pareció que, durante su celebrado hat-trick ante el Celta de Vigo acusaba alguna molestia física no declarada.

El caso de Luis Suárez es más notorio. Se acaba de recuperar de su segunda lesión en el sóleo de la temporada. Como escribimos en la crónica, su vuelta a los terrenos de juego se ha llevado a cabo acortando las fechas y Valverde le concedió los veinte minutos finales del partido liguero ya con el resultado victorioso aparentemente resuelto.

No había, pues, necesidad de arriesgar y esa decisión iba en contra de la política precautoria sostenida hasta la fecha. Se colige que el entrenador ha querido evitar un posible foco de polémica para evitar un titular que expresara que un jugador indisponible para su equipo fuera convocado por su selección, como ha ocurrido en el caso del madridista Gareth Bale, de baja médica en el Real Madrid y entrenando a pleno rendimiento con Gales.

Es un posible trato de favor a Luis Suárez, que es punto y seguido con la decisión tomada de operarse en la rodilla por unas molestias congénitas la pasada temporada en fechas previas a la final de Copa del Rey ante el Valencia CF. Lo cual le incapacitó para ese importante compromiso de su Club saldado con derrota, pero le procuró margen de recuperación para asistir a su selección de Uruguay en la Copa de América.

En el entretanto, Gerard Piqué da cuenta pública a un semanario madrileño de la comprensión de su Club ante sus tareas tangenciales a su profesión principal de futbolista. Así, admite que las horas del día le son cortas para atender los compromisos de su empresa Kosmos, con especial mención a la reconversión de la Copa Davis de tenis y a la propiedad del FC Andorra. Es revelador el dato de que solo puede dedicar cuatro o cinco horas al sueño reparador, lo cual debiera encender algunas alarmas.

Son solo algunos ejemplos de la relajación, laxitud y grado de dependencia del Club ante sus futbolistas consagrados que presentan un currículo deportivo imponente.

Este pasado hipoteca el presente y cuestiona el futuro. Tanto el entrenador como la directiva se ven presos a esa dinámica impuesta por los privilegios, unos concedidos y otros auto otorgados.

No es nada nuevo. Siempre es complicado poner fecha a los finales de ciclo y suele ocurrir que, con el vencimiento del tiempo, el prestigio del nombre esté por encima del rendimiento efectivo, mientras las prerrogativas no suelen admitir corrección pues tienen carácter de atemporales.

Ahí se llega por la ley natural del tiempo y por la merma de la saciedad competitiva, al amparo de una elección más acomodaticia procurada por el nuevo statu quo que les propicia el éxito en una profesión que da gloria y dinero por doquier a los practicantes de gama alta. O así piensa nuestra pluma.

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