A bote pronto

Bartomeu ratifica a Valverde

El pim, pam, fuego sigue azotando a Ernesto Valverde en todos los mentideros futbolísticos. La buena temporada global del FC Barcelona, a la espera de la confrontación de la final de Copa con el Valencia CF, no ha servido, apenas, de paño caliente, para acallar las voces disidentes.

El batacazo sin paliativos en Anfield ante el Liverpool atiza las cenizas del fuego acaecido en el Olímpico de Roma el curso pretérito y la constatación de haber caído en la misma piedra impulsan a los más vehementes a soluciones que tiene que ver más con la excitación que con la reflexión serena.

En ese arrastre, de abajo a arriba, también lleva su porción crítica el presidente Josep Maria Bartomeu, aunque por causas distintas a las que en A Bote Pronto le hemos imputado en ocasiones.

A las puertas de la final de Copa del Rey en el estadio Benito Villamarín, propiedad del Real Betis, el próximo 25 de mayo, Bartomeu ha considerado oportuno despejar incógnitas acerca de la continuidad del entrenador Ernesto Valverde, al que recientemente renovó, para despejar dudas.

Ya había manifestado el “txingurri” que se sentía con fuerzas y capacitación para proseguir en el puesto, pero faltaba la ratificación presidencial. Ésta, se ha producido, sin ambages: “Es el entrenador que queremos. Este es un proyecto a medio y largo plazo. Venimos de una derrota dolorosa, pero la temporada es magnífica”.

Todos sabemos, sin embargo, que muchas veces, las ratificaciones es el paso previo a un desenlace rompedor. Una eventual derrota en la final podría remover el panorama actual.

Tristemente, se advierte mayor impacto en un tropiezo que en un triunfo que revalide, con la liga y Copa en el zurrón, la condición de primer club del fútbol español.

Menos se está comentando el quehacer de la secretaría técnica, remozada en dos oportunidades por el presidente. La última con motivo de la marcha forzada de Robert Fernández al que, incompresiblemente, no le fue renovado el contrato. Antes. en una extraña decisión nunca explicada, Bartomeu le había colocado a Pep Segura por encima en el organigrama.

Se incorporaron para formar un triunvirato Ramon Planes, hombre de confianza de Segura y Eric Abidal, al que el Club le debía moralmente una restauración.

Sobre las piezas mayores, el protagonismo se lo lleva el presidente que es quien rubrica al alza las condiciones para certificar la operación. De otro lado, estas incorporaciones son méritos de los posibles de cartera y estarían al alcance de “la portera de Nuñez”, como tan acertada y gráficamente expuso el añorado ex presidente en alguna pretérita ocasión.

A este triunvirato viajante le hemos de atribuir contrataciones menores. Entre ellas, las últimas de Murillo y Boateng en el mercado de invierno y que Valverde ha desechado por no alcanzar los futbolistas el nivel técnico y físico requerido. Aquí existen responsabilidades que nadie ha asumido.

Malcom también ha sido un fichaje de la secretaría técnica. “Es un fichaje de Club”, asumió Valverde. A la espera del crecimiento futbolístico del joven, su rendimiento ha sido escaso, aunque su precio superó los cuarenta millones de euros.

Desoyendo la opinión del entrenador vendieron a Lucas Digne por una cifra suculenta de algo más de veinte millones de euros, pero no le cubrieron la vacante y ese déficit se ha notado durante la temporada, al no tener alternativa Jordi Alba. La secretaría técnica conminó al técnico al ascenso de Juan Miranda, del Barça B, sin hacer caso a las objeciones sobre la bisoñez extrema del joven defensa.

Donde sí parece que el trabajo del trío ha sido más fructífero es en algunas salidas que han supuesto una buena inyección económica para la tesorería. En ese listado, están los nombres del mencionado Digne, Paulinho, Alcácer, Deulofeu, Yerry Mina e, incluso, Marlon Santos. También con la venta de Aleix Vidal, una incorporación desatinada, se recuperó la inversión descontada la amortización. O así piensa nuestra pluma.

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