A bote pronto

Bartomeu emplaza a Piqué a un paripé

Apenas se ha cumplimentado la séptima jornada de liga y parece que la clasificación, con la sorpresa del “intruso” Granada y quizá de la Real Sociedad, llevan a la cabecera a los clásicos. Con una diferencia máxima de solo dos puntos, sobre veintiuno disputados, entre los seis primeros.

Ello representa que, a medida que avanzan las jornadas, se impone la normalidad en forma de resultados previsibles atendiendo las distintas potencialidades de los equipos.

El fútbol de clubes en plenas competiciones no da más tregua que la programada, a contracorriente de la pasión de los aficionados, por mor de las fechas FIFA que, en la próxima semana se cobran otra nueva interrupción en un breve lapso de tiempo de apenas un mes.

Le toca hoy al Real Madrid jugar en su estadio de telonero, a la hora inconveniente de las siete de la tarde de un día laboral y ante un rival menor como es el Brujas. Mientras el Atlético de Madrid viajero lo hará ante el Lokomotiv a la hora tradicional nocturna de las nueve.

En el seguimiento televisivo, el Atlético tiene las de perder, pues se solapa con un duelo muy sugestivo, el Tottenham y el Bayern de Münich que se medirán en la capital londinense y acaparará el interés masivo de la audiencia.

Los otros dos equipos de la liga española se enfrentarán mañana, también en horario solapado a las nueve de la noche. El Valencia recibirá en Mestalla al Ajax y el Inter de Milán repetirá visita al Camp Nou para enfrentarse al FC Barcelona, como ya sucediera en la última edición.

El Barça está imbatido en Europa, merced al empate a cero en Dortmund en el partido inaugural. En liga, ha tenido que aguardar a la séptima jornada para blindar la puerta de Ter Stegen.

La victoria ante el Getafe tuvo efectos beatíficos y se combinó con otros resultados favorables que constriñen la puntuación arriba de la tabla. Mejoró mucho la actitud de los jugadores y junto a la bondad del triunfo, se aparcaron otras consideraciones relativas a una expresión futbolística aún en construcción.

Gerard Piqué quiso voluntariamente resquebrajar la tranquilidad con sus inoportunas declaraciones acusativas que ponen en jaque a la directiva y también a la prensa, con sus dardos envenenados.

No citó al periodista y galardonado escritor ni al medio, pero todos entendimos que su acerada crítica iba destinada a Xavier Bosch y a Mundo Deportivo, en razón de un artículo en la misma semana donde había criticado el periodista el poder omnímodo de los futbolistas. Ello con profusión de datos que no fueron refutados en la frágil argumentación de la réplica.

El gran prestigio de Xavier Bosch fagocita cualquier asomo de duda, acerca de sus principios deontológicos. Es impensable que tan valorada pluma escriba al dictado de nadie.

Los futbolistas se saben los protagonistas principales y por su grado de influencia rompen los organigramas. Escribíamos ayer que Piqué tenía un plus añadido a su condición de futbolista y lo definíamos como “més que un jugador” en la línea con el eslogan del Club.

Se ha encendido una pequeña fogata y el presidente ha tomado la dirección de obra, promoviendo una reunión con el futbolista. Ello significa que se saltan otros estadios intermedios que le otorgan al tercer capitán (por error, en la edición de ayer de A Bote Pronto le rebajamos a la cuarta posición que corresponde a Sergi Roberto) un protagonismo superior al recomendable.

De ese encuentro, y por interés mutuo, no puede salir otra cosa que no quede escenificada en un apretón de manos, el propósito de enmienda más implícito que explícito y el emplazamiento a futuros éxitos deportivos. Un paripé.

La receta balsámica para todas estas perturbaciones de despachos y vestuarios, la tienen los futbolistas con la ayuda del cuerpo técnico. Ya saben, que demuestren sobre el terreno de juego esa superioridad que ya ostentan en las nóminas que perciben.  O así piensa nuestra pluma.

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