A bote pronto

El Barça ya es líder de LaLiga

El FC Barcelona alcanzó el liderato al mediodía, en la hora del vermouth, en una gran exhibición en el estadio de Ipurua, como reconocieron, aficionados, jugadores y el entrenador Mendilibar. Todo hacía presagiar que ese liderazgo tenía visos de provisionalidad, pero la tarde y la noche iban a ofrecer más alegrías a la afición blaugrana.

A primera hora de la tarde, el Wanda Metropolitano acogió un duelo histórico de nuestra liga, un interesante Atlético – Valencia que llegaba precedido de la irregularidad de ambos cuadros. Se adelantó el equipo rojiblanco merced a un penalti señalado por el VAR y atribuido a la torpeza mayúscula de Denís Chéryshev que puso una mano inocente a un balón inofensivo en el pico del área. Por si fuera poco, en el segundo acto estrelló al larguero un balón franco para el remate a la red.

Los valencianistas dominaron todo el segundo tiempo y obtuvieron el fruto del empate en un golpe franco lanzado por el veterano Parejo. Ese nuevo tropiezo deja a los colchoneros a tres puntos por debajo del FC Barcelona, líder a esa hora de la tarde.

La tercera gran cita, por orden cronológico, quedaba establecida en Mallorca, donde el recién ascendido equipo bermellón se las tenía que ver con el Real Madrid que sabía de su necesidad de victoria para mantener la primera posición de la tabla clasificatoria.

Los hombres de Vicente Moreno saltaron al terreno de Son Moix con una gran convicción en sus posibilidades y cercaron la puerta de Courtois desde principio, para obtener a las primeras de cambio el premio del gol que supieron rentabilizar al máximo hasta el final.

El gol tempranero llegó en un balón profundo servido por Salva Sevilla que recogió Lago Junior con permiso del medroso Odriozola que le permitió avanzar y disparar al palo largo, evitando la estirada de Courtois. No fue culpa del belga, pero sí que volvió a dejar constancia que no aporta ese plus de excepcionalidad que sí tenían sus antecesores Iker Casillas y Keylor Navas.

El conjunto de Zidane arrastraba bajas y aún impuso otras voluntarias, debido al miedo escénico de la visita a Istambul. El mal comportamiento en la Champions League, con una goleada recibida en París y un empate generoso obtenido en casa ante el Brujas, la cenicienta del grupo, obliga al Real Madrid, como mínimo, a no perder ante el Galatasaray.

Con todo el tiempo por delante, el Real Madrid fue un equipo blando de carácter, de escasos recursos e inmerso en una vulgaridad incomprensible por los nombres propios que componían su alineación.  Dubitativo en defensa por las alas, romo en el centro del campo y cojitranco arriba, con un Jovic y Benzema que se culpabilizaban mutuamente y un Vinicius espumoso.

A un cuarto de hora del final, acabaría con un hombre menos por la indiscutible expulsión de Odriozola, agenciada por dos acciones, merecedoras de tarjeta amarilla.

Era el Real Madrid un líder de barro, con un desarrollo del juego bajo mínimos que la clasificación no recogía. Por su propio peso, el crecimiento blaugrana y la confirmación merengue de las malas vibraciones ha llevado al cambio en la clasificación.

Parece que el repetido campeón ha retomado el primer puesto para instalarse en él. Queda mucho campeonato, nada menos que ochenta y siete puntos en juego, pero ni siquiera podemos afirmar que Zidane acabe la temporada.

El aplazamiento del “clásico”, por razones que denotan el fracaso político de un Estado que no puede garantizar la seguridad, le viene de perlas al Real Madrid. El curso pasado, en situación de desbarajuste similar, la “manita” blaugrana ocasionó la destitución del técnico Lopetegui. Puede que la (mala) política, esta vez, haya jugado en favor del francés. O así piensa nuestra pluma.

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