A bote pronto

El Barça es 30 veces campeón de Copa

En dieciseisavos de final, el FC Barcelona perdió el partido de ida frente al Levante UD, celebrado en el estadio “Ciutat de València” por 2-1, mismo escenario donde hacía tres semanas había vencido por 0-5 en encuentro de liga.

Ernesto Valverde dispuso de una alineación alternativa, en la que según sus últimas preferencias solo tres futbolistas tenían marchamo de titulares: Arturo Vidal, Busquets y Dembélé, pero figuraban en el “once” inicial futbolistas acreditados y solventes como Cillessen, Semedo y Coutinho.

Completaban la alineación el debutante Murillo, el último ascendido de la cantera, Aleña, Malcom, fichaje millonario por explorar, y los jugadores del filial de Segunda B, Chumi y Miranda. Una derrota superable fue la consecuencia menos mala de un juego desastroso que ya expusimos en nuestra última edición de A Bote Pronto.

Estamos en el ecuador de la eliminatoria, con un marcador de pronóstico reversible y con el antecedente de la última edición que se perdió en Cornellà-El Prat ante el RCD Espanyol por un resultado más peligroso (1-0) por el doble valor de los goles en campo contrario en caso de igualdad. La historia final es sabida, el cuadro blaugrana remontó y acabó alcanzando y consiguiendo su trigésima conquista copera.

El enfrentamiento contra los periquitos fue en cuartos de final; antes, en octavos, un equipo suplente solo empató en el estadio Municipal de Balaídos ante el Celta y, en el Camp Nou, el txingurri recurrió a los titulares para aplastar al rival celeste (5-0).

El esfuerzo que se presume requerirá el partido de vuelta, nos devuelve el recurrente tema de priorizar o no esta competición. Ganar la Copa del Rey es para el Barça una costumbre, fue un recurso en épocas de vacas flacas y es la cereza del pastel en años de abundancia como lo fue “el sextete” del año 2009 con Pep Guardiola o “el triplete” del 2015 con Luis Enrique, pero en ambos casos con Leo Messi.

¿La Copa en la vigente edición es un objetivo o es un complemento? Según sea la respuesta, se debe o no hacer descansar a las primeras figuras para procurarles plena dedicación para LaLiga y la Champions League, aunque conviene no olvidar a la masa social, que suma expectativas e ilusione partido a partido.

El aficionado, lógicamente, quiere sumar todos los títulos posibles y no entiende el tirar por la borda una competición estimada que ha servido de paraguas. En el mejor de los casos, quedan más de treinta partidos en las tres competiciones y, es evidente que, al margen de la exposición a lesiones o sanciones, los futbolistas titulares no pueden jugarlo todo.

Todo está en el término justo. Dio la impresión a muchos que el pasado curso, primero a prueba de Valverde, el txingurri quiso asegurarse demasiado y rotó poco, lo cual pudo pasar factura en la debacle de Roma. Actualmente, la situación ha variado por dos aspectos que se derivan del mayor aposento del entrenador con los tres títulos estatales conquistados – Liga, Copa y Supercopa – y por la mayor competitividad de una plantilla reforzada.

Conviene jugar con todas las cartas y, para ello, Valverde deberá recuperar a los mejores con el objetivo de salvar la eliminatoria y gestionar alguna rotación para la jornada vigésima de liga en que el equipo vuelve a jugar al calor de su afición frente al CD Leganés.

El secreto está en las mezclas y frente a los granotas, ante una de las delanteras más goleadoras, Valverde improvisó demasiado la línea defensiva con la incrustación de los dos jóvenes del filial que milita en la Segunda B – Chumi y Miranda -, junto a un debutante – Murillo – y a un jugador reserva – Semedo –. Por delante de un marco defendido por el portero suplente – Cillessen – que pudo acusar su inactividad en los dos goles tempraneros encajados.

El gran objetivo lo fijó el capitán Leo Messi en la presentación de la temporada y no es otro que la reconquista de la Champions League: “Vamos a darlo todo para que esa Copa tan linda vuelva al Camp Nou”. La última cayó en el saco blaugrana en Berlín en el año 2015. La fecha del sábado uno de junio 2019 está marcada en el calendario barcelonista que visualiza el escenario del Wanda Metropolitano, sede de la final europea.

Tres años seguidos sin llegar a las semifinales europeas teniendo en sus filas al mejor jugador de la historia es un desaprovechamiento de los recursos. Pero para el Barça ganar la Champions League no es un recurso, sino la culminación de una temporada brillante. Siempre que ha ganado en Europa lo ha hecho en la liga española y, en dos ocasiones, también ha sumado la Copa.

Paris (2), Londres, Roma y Berlín son los cinco antecedentes victoriosos. La ciudad de Madrid puede tomar el relevo. Es la gran ilusión, pero hay otras metas volantes cuyo triunfo también es preciado. Mantener la hegemonía en la liga con siete títulos en la última década y en la Copa con cuatro últimos triunfos consecutivos, no es bagaje menor. O así piensa nuestra pluma.

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