A bote pronto

Bale y Zidane irreconciliables

A Florentino Pérez, más que un grano, le ha salido un forúnculo de complicada extirpación. Tiene nombre y apellido y se corresponde con el de Gareth Bale, el “expreso de Cardiff”.

Es aún el fichaje más caro de la historia del Real Madrid. Florentino Pérez pagó 101 millones de euros al Tottenham Hotspur, superando el coste de Cristiano Ronaldo, satisfecho al Manchester United de 91 millones. Ocultó la cifra real hasta que fue revelada desde el exterior, para no dañar el ego de Cristiano Ronaldo que siempre quiere ser más en todo. Todavía hay quien sostiene que la cifra del traspaso se elevó a 111 millones, en la confusión del trasvase de libras esterlinas a euros.

La inadaptación del galés ha comenzado por el desconocimiento del idioma español. No le han bastado seis años de estancia para dominar el idioma. Nunca creó grupo y se ha movido por sus propios intereses personales, léase golf en primera instancia. Por si fuera poco, ha padecido tropecientas lesiones musculares que han interrumpido su participación regular en el equipo.

Ha tenido momentos puntuales que le han mantenido en la cresta de la ola. Ha coincidido con sus goles en cinco finales, en la que destaca la carrera desde campo propio con Marc Bartra de privilegiado y sufrido espectador de corto en la Copa del Rey ganada al Barça (1-2) en Valencia, en el curso 2013-14 y el gol de chilena al Liverpool en la Champions League del curso pasado disputada en Kiev, partido donde salió desde el banquillo para sustituir a Isco y marcar por partida doble.

Contra la opinión de muchos, Florentino Pérez, le mantuvo en la plantilla el curso pretérito, confiando en que tomara el relevo de mando de Cristiano Ronaldo. No tomó esa responsabilidad y tuvo su parte alícuota de culpabilidad en el descalabro del equipo en el curso en blanco de títulos.

Acaba de cumplir treinta años y su cotización en el mercado comienza a declinar. El escaparate chino es una apuesta, pero el jugador pone trabas a traspasar el umbral de la puerta abierta que le pone el club, convencido ya el presidente que el rescate del jugador para la causa es inviable.

Es una exigencia de Zidane, afianzada en el tratamiento de su nuevo contrato con poderes plenipotenciarios en materia deportiva. El entrenador acabó hastiado del futbolista en el curso pasado y le puso fecha de caducidad blanca.

Ha tomado “Zizou” decisiones, más allá de la suplencia del jugador, con una inusual incontinencia verbal: lo mejor que puede hacer Bale es irse mañana, mejor que pasado”. Ello le ha valido la descalificación contundente del representante del jugador, Jonathan Barnett: “Zidane es un sinvergüenza”.

El Real Madrid de los fracasos del curso 2018-19 ha iniciado la nueva temporada por el mismo sendero, al verse derrotado por uno a tres ante el Bayern de Münich y con un vestuario expectante por las remodelaciones pendientes.

La marcha de Bale se ha convertido en un problema de resolución prioritaria por la vía quirúrgica. El entrenador francés y el jugador galés son irreconciliables y el público del Bernabéu se alinea en contra del futbolista.

El jugador tiene un contrato que alcanzan tres años más de vigencia, con unos honorarios mínimo de diecisiete millones de euros. Un medio informativo de solvencia indica que el contrato de Bale encierra una cláusula por la que los emolumentos percibidos por premios se consolidan en la siguiente temporada; siendo así, el monto actual estaría en el orden de los veinte millones de euros netos por temporada.

Es impensable que Gareth Bale pueda navegar contracorriente una temporada más. Para el galés, el transatlántico blanco se tornaría en un modesto velero agitado por las aguas oceánicas de imposible travesía y sometido a la voracidad marina. O así piensa nuestra pluma.

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