A bote pronto

Vuelve la música de la Champions League

El reencuentro del FC Barcelona con la Champions League viene marcado por el recuerdo muy amargo del último compromiso del curso pasado en el Stadio Olimpico de Roma que representó la eliminación en los cuartos de final. Se había ganado por 4-1 en el Camp Nou con un resultado un tanto engañoso que no reflejaba las dificultades que presentó el equipo romano. Pero tan favorable marcador no se supo defender en la vuelta, donde al equipo le sobró confianza y le faltó gallardía y espíritu competitivo.

La fe italiana había dado su primer fruto ya al minuto 6 con el gol de Dzeko. De Rossi marcó de penalti al filo de la hora y en el tramo final Konstantinos Manolas consumó el desastre con un tercer gol clasificatorio, por mor del tanto encajado en el Camp Nou que decidía reglamentariamente la igualación global (4-4). En esa levitación blaugrana, el equipo había recibido hasta diecisiete disparos de los delanteros locales.

Ese resultado nefando, por la forma y fondo, llevó a una mini crisis con declaraciones fuera de tono que, incluso, pusieron en peligro, la continuidad de Valverde al que se le puso en la picota. El “txingurri” perdona, pero no olvida, a aquellos directivos que pusieron sobre la mesa del presidente la decisión de prescindir del técnico.

Fue una decepción mayúscula que la consecución del “doblete” doméstico solo palió. Injustamente la noche aciaga del diez de abril 2017 había marcado en negativo una temporada calificada globalmente de notable.

Con esa espina clavada, Leo Messi, nuevo primer capitán, calificó la Champions League de “linda” en la presentación del equipo y micrófono en ristre, lo puso como primer objetivo, ante la complacencia de su público y es que la espina de la dura derrota en Roma perdura en el ánimo del aficionado blaugrana.

En el plano individual, esa eliminación prematura volvió a alejarle al crack del Balón de Oro que ya ha ganado en cinco ocasiones. Se quedó con el Trofeo Bota de Oro como máximo goleador, otra vez, continental.

Bajo esas coordenadas, se da salida a la nueva edición de la Champions League que presenta de entrada la novedad de los horarios. El Camp Nou estrena el horario de las 18’55” que dificulta a los profesionales del comercio, entre otros colectivos, de la asistencia presencial.

En este mundo donde mandan los intereses televisivos que son, a su vez, los intereses de los clubes que reciben pingües compensaciones económicas, los servidores de la comunicación fijan los calendarios y los tiempos con el fin de evitar el solape en lo posible, que garantiza que el aficionado televisivo pueda ver dos partidos en directo, al programarse un segundo encuentro a las 21 horas.

En el plano deportivo no se esperan sorpresas en Ernesto Valverde que debe disponer de su equipo titular, atendiendo a la importancia capital del choque. Posiblemente, las novedades, por descansos, queden pospuestas para la visita del Girona CF, en la jornada quinta de laLiga (Camp Nou, domingo 23 septiembre a las 20’45”).

El PSV Eindhoven, campeón holandés, es un buen equipo con buenos argumentos ofensivos, entrenados por Van Bommel, que estuvo una temporada como futbolista del Barça de Frank Rijkaard.

El estadio Giuseppe Meazza de Milán, acogerá, en horario simultáneo, el Inter- Tottenham, en el otro duelo del grupo más complicado de la liguilla. A priori, que los rivales empaten es el mejor resultado, porque resta a ambos.

La Champions League es un objetivo, pero no debiera ser una obsesión que distrajera de la liga. El Barça triunfa cuando es el mejor y ello lo marca el termómetro del campeonato de la regularidad. Las cinco veces que el cuadro catalán ha conquistado el trono europeo ha sido, también, campeón de liga.

Para el Barça, a diferencia de otros, ganar la Champions League no es un recurso salvavidas; simplemente, la constatación de que es el mejor. O así piensa nuestra pluma.

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