A bote pronto

El VAR favorece al Atlético de Madrid

El partido más atrayente de la jornada sabatina, la número doce del calendario, se jugaba en el flamante Wanda Metropolitano. Un duelo histórico entre los dos Atléticos, el de Madrid y el de Bilbao, éste con denominación oficial en lengua inglesa.

A falta de mayor dosis de calidad, poco exigible a los equipos de Simeone y una quimera para los bilbaínos con una cantera de Lezama que se produce más cuantitativa que cualitativamente, hubo emoción a raudales, como indica la evolución del marcador.

Por dos veces, los locales igualaron la ventaja bilbaína obtenida por dos tantos del goleador Iñaki Williams, que tuvo el hat-trick que hubiera supuesto el 3-1 en un contraataque en solitario al que puso el freno, sin oposición, por falta de oxígeno por el esfuerzo acumulado.

Parecía que la igualada era inexorable y premiaba por igual el esfuerzo compartido. Pero corría el minuto 92 y hay un doble error del colegiado Sánchez Martínez y del jugador Raúl García que deciden un partido que ningún equipo mereció perder.

En el debe del colegiado murciano, la señalización de una falta a Unai Núñez que resultó decisiva en la zona de tres cuartos y en la vertical del marco que defendía Iago Herrerín, sin demasiada autoridad ni convicción. Fue una sanción de libre interpretación, de la ya hubo pronunciamiento de jugadores del Athletic Club y de los periodistas narradores antes de saberse la trascendencia fatal para el equipo visitante.

Nadie de los que comentaron la acción del defensa le atribuyó la falta que, al parecer, vio el colegiado. Otros, menos comprometidos, se limitaron simplemente a narrar la sanción sin juzgarla.

Luego el árbitro, reiterativo en el error, anula el tanto al atribuir indebidamente un fuera de juego al autor y el VAR tuvo que corregirle, pues, sin necesidad de repetición, los telespectadores ya advertimos la posición legal del circunstancial delantero.

Godín marcó “el gol del cojo”, que nos retrotrae a décadas pretéritas cuando no había la posibilidad de cambios y un jugador lesionado, salvo que lo fuera de gravedad, se alistaba en la punta de ataque por si cazaba algún balón suelto. Ahora esta emergencia, solo se ve en el caso de que ya se hayan completado los tres cambios reglamentarios. Y como los entrenadores son previsores, en los pocos casos que se dan se producen a las acaballas de los partidos, pues la tercera permuta acostumbra a demorarse.

Hay otro protagonista en el gol que no es otro que Raúl García, que solo jugó un ratito y recibió, premonitoriamente, el cariño del Metropolitano por su pasado colchonero.

El gol decisivo del minuto 92 llegó por la supuesta falta que, lanzada por Thomas, desvía Saúl Ñíguez y devuelve al centro Griezmann, en un escorzo robándole la cartera a Raúl García que, en lugar de salirse por la línea de fondo, habilita la posición de Godín en el remate final. Doble error, como el colegiado.

El gol lo ocasiona una falta mal señalada, pues Núñez salta limpiamente a un balón que Godín, lesionado, no lo lucha y cae a resultas del impulso del zaguero.

El videoarbitraje nació para impartir justicia, pero solo en las jugadas que se juzgan decisivas. Al delimitarlas, se preservó la legalidad, pero se cayó en la injusticia. Sin el VAR, los errores arbitrales hubieran tenido un efecto compensatorio y no hubiera habido perjuicio de puntos para el Athletic Club y, por consiguiente, el Atlético no hubiera dormido clasificado como segundo a un solo punto del líder FC Barcelona y a la espera de lo que han hoy, Sevilla y Espanyol que dirimen encuentro entre ellos en el estadio Sánchez Pizjuán y el Alavés que, contra el Huesca, abre la jornada dominical en el estadio de Mendizorroza.

Si se aplicara en el VAR el mismo criterio en las faltas que en los posibles fueras de juego, la decisión demorada hubiera resultado la anulación de la falta por inexistente y, consecuentemente no hubiera habido gol. Es el caso de los posibles fueras de juego que el árbitro deja continuar el juego, para el sometimiento a posteriori de la tecnología que revisa la jugada desde el inicio de la posible infracción.

Cuando el partido se decide en los compases finales es cruel para el perdedor, más si cabe si hay indicios de irregularidades en las decisiones arbitrales que barren a favor del vencedor. El Athletic Club perdió por errores duplicados del colegiado Sánchez Martínez y de su futbolista Raúl García y, también, por la aplicación legal, pero injusta del VAR. O así piensa nuestra pluma.

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