A bote pronto

Valverde se apuntará a las rotaciones

El fútbol se va socializando y salvo los cracks indiscutibles del momento, existen en las plantillas de los principales clubes muchos futbolistas de prestaciones similares que pueden alternar titularidades y suplencias sin que el equipo se resienta del rendimiento.

Hay otros futbolistas que por sus cualidades específicas y en función de la alineación del rival y la táctica al uso, son más determinantes para algunos partidos en concreto.

Los mayores frentes abiertos con más de cincuenta partidos por temporada para los futbolistas internacionales de los equipos de élite, obliga a estas rotaciones que tienen ventajas aplicativas. A saber:

  • Ningún futbolista se pude dormir en los laureles, pues sabe que el entrenador tiene recursos en el banquillo para postergarlo.
  • La plantilla mantiene el ritmo competitivo y puede sobrevenir mejor a las bajas por sanciones y/o lesiones.
  • Los futbolistas llegan al último tercio de la temporada, cuando están en juego los títulos, con suficiente fuelle físico para afrontar los compromisos más decisivos.

Hasta hace una década, no más, los equipos tenían unos titulares de poco más de los once futbolistas que saltaban al terreno de juego y el resto hasta completar la plantilla ofrecían unas garantías menores, donde prevalecían dos tipos de jugadores: Los iniciados de la cantera que trataban de abrirse camino y los más veteranos que se vieron superados por las nuevas hornadas de jóvenes que reclaman sitio. Unos y otros sabían su papel en la plantilla y, ordinariamente, aceptaban su suerte.

Lo ideal es efectuar rotaciones paulatinas que no alteren las prestaciones globales, manteniendo la excelencia que solo debe minorar cuando afectan a las estrellas, por lo que éstas no deben coincidir en los descansos programados.

El aficionado sabía de carrerilla los nombres del equipo titular que estaban en los preciados cromos de los álbumes que registraban pocos futbolistas más. Ahora la memoria alcanza a la plantilla en plenitud, atribuyéndose a ésta en su totalidad, la gestión de los resultados.

El FC Barcelona tiene un “once” bastante definido con Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba, Rakitic, Busquets, Coutinho; Dembélé, Messi y Suárez. Pero Valverde debe contar con rango de titulares a los cuatro fichajes incorporados este curso: Lenglet, Arthur, Arturo Vidal y Malcom a los que se suman ya consagrados el portero Cillessen y el defensa SemedoDenis, Aleñá, Munir y Vermaelen completan el grupo, además de Samper, Alcácer y Rafinha pendientes de confirmación o transferencia y de Miranda y Riqui Puig, a caballo entre el primer equipo y el filial.

Valverde quiso confiar en el primer partido de liga en el bloque ganador del curso pasado y ello nos privó de ver a los nuevos incorporados, salvo unos minutos concedidos a los “Arturos”.

En el primer desplazamiento de este sábado al estadio José Zorrilla de Valladolid, hay muchas voces que ya reclaman al “txingurri” las primeras rotaciones, en favor de los nuevos, de calidad contrastada para poder formar una alineación para poder vencer a los pucelanos, que recuperan categoría en la División de Oro.

Valverde tiene la difícil misión de gestionar los egos de la plantilla, distribuyendo los tiempos de participación. Sabe, por ejemplo, la reticencia de Lenglet a venir al Barça, pues titular indiscutible durante dos años en el Sevilla FC, no quería estar de comparsa a la sombra de Piqué y Umtiti.

El banquillo reiterado produce tensión en los futbolistas con una carrera ya consolidada. Se requiere mucha mano izquierda para tenerlos a todos vinculados con el proyecto común y los éxitos tendrán la firma colectiva. O así piensa nuestra pluma.

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