A bote pronto

Ramos aplicó el judo en la final

Tratándose de Sergio Ramos, el futbolista más expulsado de la historia en la liga española y ello pese a lucir la camiseta siempre protegida del Real Madrid, enseguida se advirtieron dudas sobre la temeridad de la acción.

En el transcurrir de las horas, la fea acción de Ramos que lesionó a Salah, además de juzgarse clave para la suerte de la final, prioriza la opinión publicada por encima de la chilena de Bale, los escandalosos fallos del portero Karius y las declaraciones narcisistas post partido de Cristiano Ronaldo y, en menor escala, Gareth Bale.

Las televisiones y las redes han suministrado hasta la saciedad imágenes de la polémica acción y las conclusiones mayoritarias nada favorecen al jugador madridista, al que tampoco ayuda su pasado conflictivo, por lo común alineado en las polémicas.

De entrada, hay que constatar que el árbitro serbio Milorad Mazic no vio la acción y no sancionó ni siquiera falta, como tampoco antes mostró tarjeta a Kroos que cortó un contraataque sin posibilidad de jugar el balón. El usuario de Twitter @ElbanaKhaled ha recordado una acción similar que el jugador de Camas protagonizó con Dani Alves, el pasado curso que defendía la zamarra de la Juventus. En esa ocasión, el colegiado alemán Felix Brych, sí advirtió la infracción y le mostró a Ramos una benevolente tarjeta amarilla.

Hasta la Unión Europea de Judo – EJU – se ha pronunciado, vía twitter: “Waki-gatame es una peligrosa técnica, es por eso que no está permitido usarlo en el judo”, con una nota al pie de la foto en la que se lee: “Una técnica que está prohibida en el judo, pero que en el fútbol es lo suficientemente buena como para ganar la Champions League”.

La prensa egipcia ha cargado las tintas sobre el autor de la agresión al que tildan de “carnicero”. El periódico Al Watan se mostro contundente: “Que Dios se encargue de Ramos, que golpeó a Salah adrede para sacarle del partido”. 

También el prestigioso diario L’Equipe, que de ordinario trata muy bien al Real Madrid por su influencia histórica en el nacimiento de la extinta Copa de Europa, enjuicia la jugada con precisión y voluntad narrativa: “… el español derriba al egipcio, le hace una llave con el brazo y cae sobre él al más puro estilo de un judoca. Le cae encima con todo el peso…”.

Aún el rotativo francés añadió: “Salah sale entre lágrimas del campo. Sergio Ramos, mientras, mira la escena, entre risas, muy cera del árbitro”.

El ex futbolista céltico Mido se expresó así: “Quien entiende de fútbol sabe que Ramos lesionó a Salah de forma intencionada” y lo justifica: “prefirió agarrar a Salah, en vez de dejarle ir, y girarse con él en la caída”.

La prensa madrileña, como era de esperar, se moja poco en la jugada decisiva. Pasa de puntillas y evita los juicios de valor, otorgando a la jugada la casuística de la accidentalidad.

La presunción de inocencia, siempre exigible, es más difícil de aplicar a un jugador con un historial tan relevante de infracciones al reglamento y que destaca con prodigalidad la hemeroteca. En ese mismo partido y antes del atropello a Salah, propinó un codazo al guardameta Karius que, tampoco advirtió el colegiado.

El summum de la miseria deportiva lo protagonizó el ex futbolista del Real Madrid, Poli Rincón, desde hace unos años colaborador en los micrófonos de la cadena episcopal de la COPE. Al producirse la lesión, ponderó en directo en positivo el beneficio que reportaba a su equipo y deseó que no se recuperase. En la inmediatez, justo es significarlo, fue reprendido por los narradores que le recriminaron su incalificable pensamiento. No es la primera vez que el polémico personaje se mete en líos. Si no media una reprobación pública, habrá que poner en duda la caridad cristiana de la emisora de los obispos.

Si Sergio Ramos fue milagroso y decisivo protagonista en positivo en la final de Lisboa con su gol en el minuto 93 que condujo a la victoriosa prórroga, también lo fue en esta final por unos hechos para nada encomiables. O así piensa nuestra pluma.

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