A bote pronto

Luis Enrique, del infierno al cielo

Muchos amigos lectores me reprocharon que no dedicara el A Bote Pronto de ayer a la goleada tenística espectacular de “la roja” sobre la subcampeona del mundo, la Croacia de Modric y Rakitic, entre otras figuras.

No hubo olvido, la razón es mucho más simple de lo que algunos me apuntaron. No pude ver el partido atendiendo la festividad de la Diada Nacional de Catalunya y los actos programados que resultaron incompatibles con el partido de fútbol. A posteriori, atendí ese reclamo deportivo en diferido.

Efectivamente, coincido con muchos cronistas del partido y analistas de futbol en general, del cambio favorable operado en “la roja”. De entrada, hay dos condicionales bien visibles, uno anímico y otro deportivo.

En el caso de la actitud, la selección ha recuperado la ilusión y el compromiso aparcados. La nueva era, con Luis Enrique al frente, y con el registro acumulado negativo del Mundial de Brasil, la Eurocopa de Francia y el Mundial de Rusia (2014-2018), conlleva una agitación de nombres en las convocatorias.

En el tema deportivo, Luis Enrique ha entronizado el 4-3-3 como dibujo táctico heredado de su etapa barcelonista en el filial y en el primer equipo y ha dispuesto el cambio generacional, en parte obligado por las ausencias de Iniesta, Silva y Piqué, tres pilares mundialistas de Sudáfrica 2010, que se añaden a Casillas, Xavi Hernández, Puyol, Xabi Alonso y Villa, referencias, también, de la mejor selección española de la historia.

De esa España triunfal, solo quedan los capitanes Sergio Ramos y Sergio Busquets, el madridista con el currículo agrandado de la Eurocopa 2008, que por razones de juventud no alcanzó el barcelonista que, por días, aún era menor de edad.

El fichaje de Luis Enrique, llevado a cabo por el nuevo presidente Luis Rubiales, abrió muchas reticencias e interrogantes en los medios, pero han bastado diez días y dos partidos para que el nuevo técnico encauce a la selección por los senderos del éxito. El pesimismo por el cierre de un ciclo se ha tornado en la esperanza de una nueva etapa ilusionante.

El infiel y desleal Julen Lopetegui abandonó el barco, atraído por la cartera de Florentino Pérez y por su debilidad emocional blanca. Llevó a cabo lo contrario a lo que propugnó a sus futbolistas y su falta de ejemplaridad produjeron disturbios insuperables en la concentración.

El Presidente actuó con la dignidad que el cargo requería y Lopetegui fue fulminado y tratado como garbanzo negro; con la oposición de los pesos pesados, básicamente, la representación madridista, que abogaba por la continuidad hasta el final del Mundial.

Las urgencias del presidente del Real Madrid, intermediando en la contratación de un técnico con contrato en vigor y en las vísperas del inicio del gran campeonato, fueron decisivas para el fiasco español. Florentino Pérez se pasó por el forro los intereses del fútbol español y los contratos firmados, siendo pieza esencial en la descomposición operada en la expedición.

Luis Enrique ha agitado la selección con savia nueva y energías renovadas, para superar el “mal rollo” vivido y sufrido en Krasnodar. Nuevos nombres que han respondido en el terreno de juego en las dos exitosas pruebas en Londres y en Elche, frente a Inglaterra y Croacia, que han tenido carácter oficial al estar enmarcadas dentro de la nueva competición de la UEFA Nations League.

Un nombre está en boca de todos y es Saúl Ñíguez, el mediocampista del Atlético, jugador polivalente que llegó a jugar hasta de central en una fase de la temporada que estuvo cedido al Rayo Vallecano. Fue ninguneado, incomprensiblemente, en Rusia por el remedo fallido de Fernando Hierro y se ha erigido en un jugador total, en la elaboración y finalización.

Hay mayoría madridista en el grupo. Hasta seis titulares en la última concentración, de los cuales solo la mitad tienen la vitola de titulares en su equipo. Se han cambiado las tornas y por parte blaugrana, solo Busquets, ancla de la selección tiene etiqueta de indispensable.

Luis Enrique fue noble y reconoció su error de no convocar inicialmente a Iago Aspas. Queda la asignatura de Jordi Alba, que ha empezado fenomenal la temporada con el FC Barcelona y cuya ausencia solo es explicable desde la clave de las deterioradas relaciones personales. Es presumible la futura generosidad del técnico, máxime cuando su primer repuesto, Marcos Alonso, no estuvo a la altura requerida y se constata que su reemplazo más similar, Gayà, aún le queda campo de mejora para intentar igualar las prestaciones del hospitalense.

Esta selección se ha puesto las pilas y ofrece buen fútbol, criterio, orden posicional y calidad individual. Luis Enrique se ha ganado a la prensa de Madrid y la contribución masiva madridista no debe ser una causa menor. En este segundo envite, reiteró con creces las buenas sensaciones exhibidas en Wembley y que reseñamos en nuestro A Bote Pronto.

La goleada histórica frente a la subcampeona mundial Croacia abre nuevos horizontes. O así piensa nuestra pluma.

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