A bote pronto

Luis Enrique al rescate de “la Roja”

Tras el campeonato de Rusia, recobramos la actualidad para recuperar en diferido temas importantes que quedaron absorbidos por la vorágine informativa del acontecimiento mundialista.

Hace ya dos semanas del nombramiento de Luis Enrique como nuevo seleccionador nacional, que sustituyó el efímero y fracasado paso de Fernando Hierro por el banquillo de “la roja”. Nosotros nos hicimos eco en unos párrafos de nuestro artículo sobre el Mundial y que rescatamos.

“Se cierra una etapa y se abre un nuevo episodio con Luis Enrique al timón de la nave. Su nombre levanta ampollas en el madridismo y, por extensión, en su cortejo editorial de los medios afines. Antes de que se produzca, ya ponen la venda antes que la herida, recordando viejas fricciones entre la prensa y el deportista.

De todos los nombres barajados era, de largo, el de mejor currículo. Tras un año sabático, tras ganar nueve títulos de doce en tres temporadas en el Barça, se le rifaban importantes equipos europeos, principalmente en La Premier y con jugosas retribuciones.

Luis Enrique siempre ha hecho pública su ilusión de entrenar a la selección. Garantiza carácter, juego de presión, disciplina táctica, conocimiento y estudio de los rivales. Debe ser una pieza clave para promover la renovación de un grupo enquistado, proclive a la autogestión y con derechos derivados de victorias ya amortizadas. Las plebendas horarias en las concentraciones, los descansos impuestos y otros privilegios prescriben ipso facto con el nuevo nombramiento, al que complementa Juan Francisco Molina como director deportivo.

Dos nuevos nombres, uno con pasado atlético y otro barcelonista, muy crítico con el Real Madrid, equipo que también está en su historial pero no en su corazón. Parece que, por desquebrajar a “la roja”, Luis Rubiales ha pasado factura a Florentino Pérez, que debe estar que trina”.

Aventuramos las dificultades añadidas a la tarea de Luis Enrique y promulgadas desde el sector hostil de la prensa de Madrid, siempre dispuesta para el hostigamiento sin freno, como ya se advirtió en la primera rueda de prensa.

Luis Enrique tuvo que hacer de tripas corazón para mantener el tono amable y distendido preconcebido, ante algunos torpedos de grueso calibre. Por ejemplo, cuando una emisora radiofónica quiso politizar miserablemente el acto. Estuvo sublime Luis Enrique:

“No voy a hablar de política”, lo que usted ha dicho no se ajusta a la realidad. Puedo entender la mala intención pero me resbala. Yo me siento orgulloso de ser lo que soy. Yo me considero asturiano, gijonés y español ¡Y también catalán! El que acuse a un gijonés (de no ser patriota) no debe conocer a Don Pelayo!”.

Luis Enrique, con esposa e hijos catalanes y residente en Gavá (Barcelona), se ha abierto a las culturas del mundo desde su intrínseco asturianismo del que siempre ha hecho gala.

Llegó como futbolista al FC Barcelona, procedente del Real Madrid y desertó de su pasado: “No me reconozco con esa camiseta”. Comulgó con el barcelonismo y a partir de ahí, quedó inserido en la sociedad catalana al casarse en la Basílica de Santa María del Mar con la gavanenca Elena Cullell que era azafata de tierra.

Estamos en tiempos convulsos donde todo se deconstruye a beneficio de inventario. Se sospecha que el técnico tendrá que dar demasiadas explicaciones y su capacidad de desgaste es finita. Ha empezado bien y ha superado con nota el primer “tercer grado”, pero vendrán otros, tanto si los resultados acompañan o no.

Su fichaje ha sido decisión personal de Luis Rubiales, ahora enfrentado a Florentino Pérez por el feo “affaire” de Lopetegui. También está en la sombra Javier Tebas, dando guerra. Se puede afirmar que los “enemigos” del presidente de la Federación Española lo serán también del seleccionador.

El gijonés había rehusado ofertas millonarias del Chelsea, el PSG y el Bayern. Por un tercio de la ficha que le ofrecía el equipo londinense, se ha decantado por la selección, prevaleciendo su antigua y confesada ilusión por encima de los intereses económicos.

Como cuando entrenaba con éxito en el Barça, el escuadrón de linchamiento le preguntará más por las ausencias que con las presencias y esta línea crecerá exponencialmente en las convocatorias  de las selecciones. Luis Aragonés arrastró la cruz que le pusieron por prescindir de Raúl González en el nuevo proyecto, pero calló a la mayoría con la victoria en la Eurocopa del año 2008, que renovó la primera y lejana de 1964.

En los parámetros de Luis Enrique no es difícil imaginar que no entre el veterano Sergio Ramos, jugador ya de 32 años, veterano capitán que encarna el pasado. Si entre las anunciadas sorpresas de septiembre está ese descarte a Luis Enrique le lloverán chuzos de punta.

Luis Enrique será, sin duda, exigente con los seleccionados y cerrará la carpeta de concesiones. Los éxitos son el pretérito del pasado. Lo más reciente es la mala puesta en escena en los Mundiales del 2014 y 2018 y en la Eurocopa del 2016. Dio alguna pista sobre la evolución del juego de España que ya probó con fortuna en el FC Barcelona: “España tiene que hacer lo más difícil. Tiene que circular muy rápido, dando muy pocos toques”.

Sin Iniesta seguro, probablemente sin Piqué a voluntad propia, con las dudas de Silva y Ramos y con la ausencia de algún “intocable”, se prevé una España distinta. Mejor, sin duda, a la de las últimas versiones, pero difícil que recupere el fútbol esencialista que la elevó a la  primera línea. O así piensa nuestra pluma.

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