A bote pronto

Lopetegui suspende su primer examen

No ha habido que esperar ni siquiera al principio de la competición de liga. Ha bastado la mala imagen y la derrota sin paliativos ante su rival ciudadano, para que se disparen todas las alarmas.

En el primer examen serio de Lopetegui, su equipo ha sucumbido ante el Atlético, dejando muchas dudas acerca de las posibilidades de la plantilla en la era post Cristiano Ronaldo y también de la competencia técnica de su entrenador, que rompió su contrato con “la roja” con la connivencia censurable del presidente Florentino Pérez, que coleccionaba calabazas de otros profesionales.

Ahora, algunos, se percatan de las pocas garantías que ofrece el currículo de entrenador de Julen Lopetegui, escaso y cercenado. Ya se le señala sin rubor sus errores tácticos, los mismos que con mediocridad manifiesta, el entrenador elude, al aludir a fallos puntuales como el detonante de la derrota.

Una derrota que no es tan sorpresiva. A fin de cuentas, el subcampeón de liga ha vencido al tercer clasificado español. Pero los cuatro goles encajados han desatado toda clase de comentarios en los mentideros blancos. Las tertulias televisivas y de radios locales con difusión estatal, se suman a las conversaciones de café, aflorando pesimismo.

Lopetegui rompe una racha victoriosa del Real Madrid que había ganado las doce finales jugadas con anterioridad en esta centuria y deja escapar el primer título de la temporada, quedando rezagado con sus rivales más directos que ya suman uno cada uno en su talego.

Cuando el entrenador intervino nominalmente, se produjo el caos. Sobre todo, cuando se le ocurrió sustituir al renqueante Casemiro por Ceballos. El brasileño se había vaciado para acudir en la ayuda de los vacilantes Varane y Ramos. La permuta reavivó a Diego Costa, que estaba bajo un principio de aletargamiento. Esa debacle defensiva lo observaban desde el banquillo tres jugadores de corte defensivo como Nacho, Valverde y Marcos Llorente que no fueron requeridos, en la emergencia, por su entrenador.

El entrenador ya ha llamado al despacho de su valedor presidencial y ha hecho saber sus deseos de potenciar al equipo con un central, un mediocampista y un delantero goleador. Le quedan dos semanas en el calendario agosteño a Florentino Pérez para traer nuevos nombres.

En la derrota aparece la sombra alargada de Cristiano Ronaldo y la complacencia del Club por su marcha. En otros períodos forró con dinero otras amenazas latentes y, esta vez, le rebajó la cláusula de rescisión un 90%.

Y en todas esas elucubraciones tertulianas se introducen los nombres de Modric y Marcelo que no desmienten sus anhelos prohibidos. Se suma la exigencia consentida de Kovacic de causar baja en la plantilla, la imposición a Keylor Navas, tantas jornadas salvador, de otro portero en la élite con riesgo real que le quite la plaza de titular, como es el belga Thibaut Courtois.

La gran incógnita está sobre Zinedine Zidane y su sonada espantada de Florentino Pérez al que han dicho no otros tres entrenadores de prestigio consolidado, teniendo que recurrir a Lopetegui como salida de emergencia, sin importarles, ni a uno ni a otro, el descosido que provocaban a la selección nacional a las puertas del Mundial de Rusia y el aluvión de antipatía que iban a generar en la afición española.

Inaccesibles Neymar, Mbappé o Kane, Florentino Pérez volverá a su talonario para tratar de conseguir segundas piezas y, en ese elenco, se encuentran, por ejemplo, Hazard, Miralem Pjanic, Icardi, Lewandowski o Rodrigo (de pasado blanco).

Los vips que llenan su macro palco han perdido poder efectivo y el nuevo presidente de la Federación Española, Luis Rubiales, aunque madridista confeso como Javier Tebas, presidente de la liga Profesional, le ha salido contestatario. Para acabarlo de adobar, en el plano empresarial, a Florentino Pérez le llueven los problemas, tras el fiasco del Castor que le indemnizamos todos los españoles, la desgracia de la autopista italiana de Génova, con decenas de fallecidos, también le incumbe económicamente, por la participación accionarial de su empresa matriz, la constructora ACS. O así piensa nuestra pluma.

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