A bote pronto

La importancia de los centrales al alza

Los futbolistas con alma y oficio de defensas les gusta jugar de centrales, aunque algunos de ellos hayan comenzado de laterales en espera de adquirir importancia e influencia en el equipo para conseguir la plaza deseada. En los tiempos modernos, sería el caso del blaugrana Carles Puyol y del madridista Sergio Ramos que fueron internacionales jugando en el lateral derecho antes de conseguir un puesto de central.

En el caso del FC Barcelona de los años cincuenta, tenemos censados a Rodri y Olivella, jugadores utilizados en el lateral y que gustaban manejarse por el centro. Como central titular jugó en el año 1964 Ferran Olivella en la selección nacional que ganó la primera Eurocopa de Naciones ante la URSS y recordada por el gol finalista de Marcelino a Yashin, conocido por el sobrenombre de “la araña negra” y que es aún el único cancerbero que ha conseguido el trofeo del “Balón de Oro”.

Tradicionalmente, los centrales se correspondían con jugadores corpulentos, que tenían en la reciedumbre una de sus cualidades más preciadas. En el fútbol más directo de épocas pasadas, la misión primordial venía condicionada por el puesto específico de defensa y se trataba de destruir el juego cuando acechaba el peligro, llevando el cuero a la mayor distancia posible de la portería. Algunos centrales, llevaban un pañuelo en la frente, como el jugador Sertucha que jugaba en el CD Sabadell de los sesenta que alcanzó la división de honor.

Esta costumbre, provenía de cuando los balones estaban formados por gajos de cuero cosidos. Con lluvia, estos balones incrementaban su peso y originaban cortes por su dureza y acabado imperfecto. Hasta el año 1970 no llegó el balón formado por pentágonos todos uniformes.

El sabio Johan Cruyff ya tuvo en el punto de mira a los centrales como piezas angulares de su proyecto. Algunos entrenadores incrustan un tercer central al equipo, posibilitando que los laterales tengan un recorrido mayor de área a área. Con defensa de tres centrales, sorprendió el FC Barcelona de Pep Guardiola al Athletic Club en la final de Mestalla del año 2009 (4-1). Fijó los laterales al medio del campo y el despliegue desde zona defensiva lo llevaban a cabo dos de los centrales abiertos a las bandas.

El fútbol actual requiere un central que sea aseado con el esférico y lo sepa jugar en fase construcción. Se mide más la calidad individual que la furia desatada que provoca bajas por tarjetas. Es un puesto de riesgo donde se disputan con ardor pelotas divididas, lo cual provoca muchas lesiones.

De ahí que muchos entrenadores quieran disponer de hasta cinco centrales en la plantilla. El FC Barcelona y el Real Madrid andan a precario con cuatro. Los blaugranas con uno solo de perfil derecho, Piqué y tres zurdos, Umtiti, Lenglet y el poco fiable, por sus problemas musculares, Vermaelen. Por su parte, el Real Madrid dispone de Varane y Ramos con el adaptado Nacho y el infrautilizado Vallejo.

Lesionado Umtiti y en baja forma Piqué, el Barça vuelve a mirar el mercado y tiene a Matthijs de Ligt como primer objetivo, incluso por delante de un centrocampista que es obsesión de Valverde. Con solo 19 años ya es fijo en las alineaciones del Ajax de Amsterdam y ha debutado en la primera selección neerlandesa. Sería la alternativa ideal a Piqué.

La leyenda de la liga española está llena de centrales excesivos en su exuberancia física. A Bote pronto nos vienen algunos nombres, desde el legendario Campanal, pasando por Santamaría, Grifa, Gallego, De Felipe, Benito, Goicoetxea, Kortabarría, Arteche, Mingorance, etc. En esa lista estuvo en los primeros años el blaugrana Migueli, pero aplomó su fútbol y acabó casi como un virtuoso del balón que tenía encandilado a César Luis Menotti. Un tanto le pasó a Puyol que, como el buen vino, mejoró con el tiempo, permitiéndose arabesco técnicos impensados en sus inicios. Completaba partidos con cero faltas en contra.

Jesús Garay que jugó en el Athletic y en el Barça fue quizá el pionero de fútbol de calidad jugando en esa posición y con una elegancia suprema. Protagonizó el traspaso más caro de un zaguero. Cinco millones y medio de pesetas en el año 1960 que sirvió para que el cuadro bilbaíno construyera la Tribuna Norte del viejo San Mamés.

Los grandes clubes rastrean el mercado internacional en busca de centrales de calidad y su cotización casi está a la altura de los goleadores. O así piensa nuestra pluma.

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