A bote pronto

La gran decisión de Valverde

Ernesto Valverde está satisfecho en el FC Barcelona, pero no tanto y el Club está conformado, pero menos. Esta es la bilateralidad reticente que une y separa, a la vez, a Valverde y el Barça y viceversa.

Los entrenadores siempre viven de los resultados y en un Club grande los mismos se escrutan en riguroso presente. El curso pasado el FC Barcelona fue netamente dominador en España donde ganó laLiga con insultante claridad, así como la Copa del Rey donde llegó a la final y goleó con escarnio al Sevilla FC (5-0) en el Wanda Metropolitano.

La nota negativa se produjo en el estadio Olímpico de Roma y en el marco de la Champions League. El Barça llegó a defender un amplio resultado favorable de 4-1, obtenido en el Camp Nou y el equipo tuvo una actuación deplorable y desmerecedora de la camiseta que defendían. Un 3-0 sonrojó a los aficionados y a la directiva, hasta el punto de minimizar, injustamente, los éxitos domésticos.

Solo faltó que el eterno rival, clasificado en la fase de liguilla como segundo, por detrás del Tottenham, llegara hasta la final y la ganara, después de que Sergio Ramos lesionara a Mohamed Salah, la figura del Liverpool, a las primeras de cambio. Esa reiterada victoria del Real Madrid en el seno europeo, desvirtuó a su favor la nota del curso, elevando la nota por encima de su rendimiento. De rebote, sirvió para minimizar, injustamente, el “doblete” del Barça.

Valverde vio en Roma las orejas al lobo y observó con desilusión que algunos directivos le retiraban la confianza y que su labor estaba cuestionada. La confirmación de la obtención del campeonato de la liga y el complemento de la Copa apaciguó los ánimos y se ha reemprendido el nuevo curso con la ilusión de los nuevos refuerzos, con la idea generalizada que se reforzaba el llamado fondo de armario.

En estos primeros compases, Valverde se le observa timorato en la concesión de abrir registros y ofrecer oportunidades a la plantilla. El equipo mantiene la misma estructura, aunque diezmado por la baja del insustituible Andrés Iniesta y está demasiado sometido a la luz de Leo Messi.

Este Valverde por el que apostó Robert Fernández que venía de trabajar la cantera de Lezama, ha quedado paralizado y guiado por la inmediatez del éxito, bajo la fórmula estresante del partido a partido. El txingurri se ve inseguro y la destitución de su máximo valedor con la complacencia, no reconocida, de Pep Segura, le aporta más inseguridad.

A su antecesor en el cargo, Luis Enrique, también le cambiaron al director deportivo Andoni Zubizarreta porque según el presidente Bartomeu “había perdido su confianza”. El asturiano lo denunció públicamente: “me siento, con su marcha, más debilitado”. El extremeño, crecido en Euskadi, que padece el mismo sentimiento de desprotección, ha sido más cauto y su recato, agradecido por la directiva, no siempre juega a favor ante los aficionados.

La directiva del Barça está a verlas venir y no muestra urgencias para renovar el contrato de su técnico y éste medita seriamente la conveniencia de su continuidad, pues es consciente del desgaste que proporciona el banquillo blaugrana.

Pep Guardiola aguantó cuatro años, Luis Enrique tres y Ernesto Valverde puede que solo dos. Llegado el caso, los tres entrenadores se habrán ido a voluntad propia, pero aceptando, sin aparente contrariedad, la directiva su salida.

El peso de Valverde en las decisiones de la composición de la plantilla nunca fue determinante, pero, aun así, ha menguado. La marcha de Digne no le fue repuesta, la de Paulinho por Arturo Vidal se limitó al visto bueno y se fichó a Malcom, del que el técnico se desmarcó con premura: “Ha sido un fichaje de Club”.

Las lesiones están minando la plantilla y ello obligará al técnico a abrir el abanico de las oportunidades a las segundas unidades. Pero Valverde siempre lo hará con tiento supremo sabedor que no tiene tiempo para la experimentación al ser juzgado sin proyectar el futuro. El propio txingurri reconoce: “Cada derrota es un pequeño terremoto”.

En estas condiciones, solo un entrenador audaz y con personalidad puede revertir la situación. Más si tiene un apellido de tanto peso como el de CruyffJordi Cruyff, hijo del mítico Johan, tiene la educación paterna y las vivencias del fútbol holandés. Con él pueden tener oportunidades los Riqui Puig, Abel Ruiz, Collado, Cuenca, Miranda, … porque el actual entrenador del Chongqing Lifan de China gozaría del tiempo de gracia para construir un nuevo proyecto deportivo. A lo mejor los De Jong y De Ligt están en La Masia. O así piensa nuestra pluma.

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