A bote pronto

La expulsión de Umtiti abre un debate

Cuando éramos niños nos sabíamos las alineaciones de nuestro equipo de memoria, algunos íbamos más lejos y aprendíamos la de nuestros rivales con la ayuda de las colecciones de cromos que, los más veteranos, empezamos en blanco y negro. Eran alineaciones concebidas con un portero, tres defensas, dos medios volantes y cinco delanteros.

Eran tiempos, hasta transcurrida la década de los sesenta y casi setenta, en que el fútbol no movía tanto dinero. Las televisiones solo retransmitían un partido semanal y, muchos de ellos, estaban impuestos desde la autoridad competente. Algunos se televisaban por Real Decreto, imponiendo criterios tan discutibles como el “interés general” que, en los Barça-Madrid y viceversa, tuvo aún más alcance hasta superar la dictadura en la época de Álvarez Cascos de ministro, que llegó a apelar a ese “interés general” para determinar que esas confrontaciones siempre debían retransmitirse en abierto.

Después, el fútbol ha tenido un crecimiento exponencial en el ámbito deportivo, con ingresos llamados atípicos en su primera concurrencia y que ahora su tipicidad es común. Un adelantado a su tiempo fue Josep Lluis Núñez Clemente, que llegó a la presidencia del FC Barcelona en el año 1978, bajo el lema “Obrim el Barça”.

El fútbol actual mueve mucho más dinero y los intereses se multiplican. Los campeonatos ya no los ganan los once mejores, sino una plantilla equilibrada y compensada, donde solo refulgen las figuras más descollantes.

Cada vez con menos recato, los entrenadores de fútbol, en su faceta de alineadores, programan las titularidades en función de los estados físicos de los jugadores y con una visión de alcance de todo el curso. Hay preparadores más exigidos en el día a día que, con el objetivo de ir sumando partido a partido, se decantan por los futbolistas que creen mejores, aceptando las descompensaciones en la utilidad de la plantilla.

En esta clasificación más conservadora podemos incluir al entrenador del FC Barcelona, Ernesto Valverde que, en su segunda temporada culé, concentra los minutos de juego, básicamente, en los mismos hombres. La experiencia le valió el primer año para la conquista del “doblete” doméstico, pero le pasó factura en Europa, precisamente en la Champions League, trofeo que el capitán Leo Messi, haciendo suyos los deseos de la afición blaugrana, ha priorizado como primer objetivo del ejercicio 2018-19.

En esta fase inicial, a punto de expirar el verano, Valverde ha confiado en el núcleo duro de la plantilla con el solo asentamiento de Philippe Coutinho, incorporado en el último mercado de invierno y de Ousmane Dembélé, inhabilitado por grave lesión en gran parte del curso pretérito.

Marchó un titular, Andrés Iniesta, junto a otras piezas secundarias y vinieron cuatro fichajes para potenciar la plantilla y poder pautar su participación. El aficionado está ávido de conocer el rendimiento de Arthur Melo, Arturo Vidal, Malcom Filipe y Clément Lenglet, pero el técnico los tiene a buen recaudo, ultimando sus participaciones, hasta ahora producidas a cuenta gotas y en el descuento de minutos.

En el partido inaugural de la Champions League, junto con la alegría de un triunfo importante que significó la obtención del mejor marcador de la jornada de martes y miércoles, hubo el contratiempo de la prescindible expulsión de Samuel Umtiti por acumulación de dos cartulinas amarillas.

Ello obliga a Valverde a mover ficha para el siguiente partido europeo que está programado en Londres, frente al Tottenham, posiblemente en el partido más comprometido del grupo, visto desde el ángulo barcelonista.

Para suplir al sancionado Umtiti, Valverde dispone de dos centrales: Vermaelen, que perdió la titularidad belga en el Mundial de Rusia y del paisano Lenglet, que no fue convocado a la cita mundialista. El “txingurri” deberá elegir entre la experiencia del belga, más curtido y que ya reemplazó a Umtiti con éxito el pasado año en sus ausencias por lesión, y el nuevo fichaje Lenglet, por el que el FC Barcelona pagó su carta de libertad al Sevilla FC, cifrada en casi cuarenta millones de euros.

A juzgar por las citaciones, Lenglet es el tercer central y, por ende, máximo optante a la vacante. El francés ha jugado poco y en minutos intrascendentes, pero el belga ni siquiera ha debutado y solo cuenta con una convocatoria.

Antes de la cita londinense en Wembley quedan tres partidos ligueros comprimidos en las fechas 23, 26 y 29 de septiembre, con la visita del Girona CF, el desplazamiento a Leganés y la cita con el Athletic Club de Bilbao en el Camp Nou. En estos encuentros, deberá rotarse el eje central de la zaga blaugrana.

Clément Lenglet habrá de acelerar su adaptación al engranaje blaugrana. Jugar de central en el FC Barcelona es muy difícil y requiere de una especialización mayor. El francés no está acostumbrado a jugar con tantos metros a su espalda, ya que en el cuadro hispalense lo hacía mucho más protegido. Sin embargo, dispone de todas las cualidades para que su rendimiento sea óptimo. Pese a su juventud, no está exento de experiencia y en su bagaje suma su memorable participación en la victoria nervionense en el mítico Old Trafford, donde le tocó vérselas con el imponente Lukalu y el local United fue apeado de la Champions League por el Sevilla FC (1-2).

Bien es verdad que frente al FC Barcelona en la final de Copa del Rey (5-0) sucumbió con estropicio ante los Messi, Suárez, Rakitic y compañía, pero ahora los tiene en el mismo bando. O así piensa nuestra pluma.

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