A bote pronto

Isco dispara al periodista

Hoy juega España en Londres en el debut de su seleccionador Luis Enrique, en un escenario que solo tiene un antecedente victorioso de ocho envites, que suman, lógicamente, las contiendas en el viejo Wembley. La alineación del nuevo técnico queda a caballo de la evolución natural por las bajas auspiciadas por los propios futbolistas y la pretendida revolución.

No tiene fácil Luis Enrique su relación con la prensa, desde antaño cuarto poder in péctore, y en posición de influencia creciente. Básicamente, una prensa radicada en Madrid que le pasa factura por el currículo deportivo de éxito del deportista, llevado a cabo, voluntariamente, en Barcelona por su fuga del madridismo en su etapa de jugador. La arrogancia “per se” del asturiano tampoco ha ayudado a frenar esa predisposición en contra, de ahí que muchos esperen con la guardia alta, cualquier atisbo de fracaso para poner el ventilador en marcha.

Pero la primera bala que ha percutido en las propias carnes de la selección ha sido accionada desde el arma lenguaraz del jugador convocado Isco, que está crecido últimamente, al atribuírsele la difícil misión de sustituir a Xavi, Iniesta y Silva en la dirección de “la roja”.

En sala de prensa, una pregunta del periodista de El País, Diego Torres, aparentemente inocua: “¿Cuándo se meten los rivales atrás, tú como sientes que haces más daño al rival, recibiendo entre líneas o bajando al centro del campo para recibir el balón?, fue el inicio de la tormenta. No importaba el contenido de la pregunta, ya se había dispuesto en la sala con el discurso preparado. Nos recordó a Paco Umbral y a su célebre entrevista con Mercedes Milá, cuando la catalana ejercía de periodista, y el escritor le espetara que había ido al plató televisivo a hablar de su libro y no de otras zarandajas que poco le importaban. Isco, abruptamente, se manifestó: “Yo a ti no te voy a contestar. Diga lo que diga, tú vas a poner lo que quieras. Te voy a dejar que sigas en esa línea y que intentes molestar lo menos posible a la Selección. Nosotros estamos en el campo y no necesitamos a gente que nos esté pegando palos”.

Estas confrontaciones entre emisor y receptor suelen ser presentes, aunque pocas veces salgan a la luz. Sin ir más lejos, ayer mismo, le ocurrió lo propio a Albert Rivera en una entrevista en TV3. El programa había invitado a Inés Arrimadas, pero solicitó ir él en calidad de presidente del partido. El político se encaró con la presentadora y directora del programa Lidia Heredia porque no le hacía las preguntas que quería, advirtiendo manipulación y mentiras al medio público, sin que, ante la invitación de la indignada periodista, supiera precisar un solo argumento que sustentara su proclama. El Consell Professional de TVC y el Comitè d’Empresa de la televisión pública catalana han reclamado al líder de C’s, Albert Rivera, “responsabilidad, rigor y respeto”.

Isco, excelente futbolista, ha elegido mal el momento y le han perdido las formas. Ha buscado el seno de la selección para multiplicar el eco de su osadía. Obviamente, el desencuentro con el periodista viene de lejos y tiene que ver con la opinión no demasiado favorable del plumista hacia la actividad profesional del futbolista, que el jugador no ha sabido encajar. No es novedosa esta actitud en el malagueño de no asimilar bien las críticas, pues ya constan antecedentes. Sin ir más lejos con Juanma Castaño, director del espacio radiofónico nocturno “El Partidazo de la Cope”.

Recuperamos parte de la crónica firmada por Diego Torres del partido mundialista de España frente a Marruecos, que parece el foco del incendio:

“A ojo de los profesionales, ni los desbordes ni el gol de Isco a Marruecos, a pase de Iniesta, disimularon que durante largas fases del partido bajó a recibir a la altura de los centrales, donde la vida es más dulce, en lugar de intentar pedir la pelota entre líneas para descuadrar la defensa contraria como hizo Silva. Las maniobras evasivas de Isco repercutieron directamente en Iniesta, que debió subir a hacer el trabajo del malagueño y correr el doble cada vez que España perdió la pelota”. Isco contestó por twitter: Diego Torres definitivamente eres muy, pero qué muy, malo”. 

Periodista y futbolista deben orillar sus discrepancias personales, en beneficio de la profesionalidad de ambos. El uno, en el ámbito de su profesión pública, debe aceptar las críticas como parte inherente a su actividad y el otro reconocer que su opinión es tan libre como pueda ser discutida o puesta en barbecho. Tampoco se trata de practicar ese corporativismo tan común en la clase médica. Que cada cual acarree con su responsabilidad. O así piensa nuestra pluma.

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