A bote pronto

Injustos con Ernesto Valverde

La inesperada eliminación del FC Barcelona en la Champions League por no saber defender un resultado favorable de cuatro goles a uno frente a un equipo inferior como la Roma, ha perturbado más de la cuenta a la directiva blaugrana.

En el mismo día del partido de la final de la Copa, amanecimos en Madrid con la portada de Mundo Deportivo que nos daba cuenta de que la continuidad de Valverde, con contrato en vigor, pasaba por la obligatoriedad de sumar el título de Copa del Rey.

Ciertamente, la actitud del equipo en la Ciudad Eterna y el planteamiento táctico del entrenador del FC Barcelona había sido objeto de duras críticas. Con el resultado negativo cundió el desánimo de la afición, que quedó alimentado, también, con las duras críticas periodísticas.

Esta derrota escandalosa en Europa se sumaba a las últimas heridas abiertas en París y en Torino en la edición pasada. Un milagro y un arbitraje favorable salvaron los mueble frente al P.S.G., pero después la Juventus pasó por encima. En estos casos esos marcadores horribles iniciaban la eliminatoria, en tanto que este curso el descalabro se producía por no saber defender un amplio resultado favorable que había abierto todas las expetativas de clasificación.

El FC Barcelona se enfrentaba en la final copera al Sevilla FC bajo la sombra alargada del fiasco romano. La inmaculada marcha en la liga, donde aún luce imbatibilidad y acrecienta esa estadística cuyo récord ya ostenta, no es suficiente para paliar la desilusión por no haber estado en el bombo de las semifinales europeas, donde sí está el Real Madrid después de sus registros de holgazonería en las competiciones domésticas.

En los preliminares de la final, alguien de peso en la directiva tuvo interés en propagar el descontento del Club hacia Valverde por sus malas decisiones tomadas en Roma, imputándole también la deficiente actitud con que los jugadores disputaron el partido, que les llevó a quedar eliminados en una demostración paupérrima de debilidades.

Al final la información de esa portada se erigió como el mejor antídoto a la apatía y el equipo se puso al lado del entrenador para, compitiendo con el mismo ahínco que el rival, dejar en evidencia su manifiesta superioridad técnica con Iniesta, Messi y Coutinho imperiales.

EL «doblete» inminente ha dejado una impronta de tranquilidad, a la espera de la suerte del Real Madrid en la Champions League. El dominio del FC Barcelona en España queda corroborado por los resultados de la última década, pero un nuevo éxito europeo del equipo de Concha Espina haría daño en la línea de flotación blaugrana, hasta el punto de rebajar sustancialmente la calificación de notable a la temporada blaugrana.

La plantilla se cree a pies juntillas esa información que dejaba en el aire la continuidad del técnico y está a su lado y se lo han hecho saber implícitamente sobre el terreno de juego del Metropolitano y explícitamente en petit comité.

Valverde debe superar la prueba del partido del «clásico», que llegará adulterado por la más que posible resolución previa de la liga (séptima de la década) y dependiente de la suerte de las semifinales europeas blancas. El «doblete» alineado con la eliminación del Real Madrid, que cerraría un año en blanco, convertiría en excelente la calificación del Barça. En sentido contrario, empañaría notablemente el logro.

Poner en cuestión a Valverde que tuvo que improvisar sobre la marcha por la huida de Neymar, es oportunista e injusto. El técnico ha demostrado su experiencia y ha tenido que confiar en el mismo bloque, porque la diferencia de calidad entre titulares y suplentes es alta, por la excelencia de los primeros y el déficit de los segundos. Solo Cillessen (no utilizdo en liga), Vermaelen  y Paulinho han estado al nivel exigible a la «segunda unidad».

Valverde se equivocó claramente en Roma y de los errores se aprende. Poner en tela de juicio su continuidad es injusto. El duelo por esa derrota aún no se ha digerido y ha abierto una brecha en la relación del cuerpo técnico y la directiva. Ni siquiera la gran exhibición y goleada inédita en los tiempos modernos de la final de Copa ha sido suficiente para cerrar la crisis. Quedó de manifiesto en la comedida celebración posterior, donde técnico y presidente apenas coincidieron, evitándose algunas fotos tradicionales en esos cortejos.

Valverde reconoce: «Cuando pierdes una competición con grandes equipos siempre hay cataclismos, no problemillas como pasa en otros clubes». Pero la profesión va por dentro y se muestra dolido por las filtraciones.

En el haber del txingurri está la recuperación anímica de futbolistas que no pasaron su mejor momento en el último año con Luis Enrique, como Alba y Rakitic que, inclusive , llegaron a calentar banquillo. También Iniesta, muy regateada su aportación en minutos. Incluso Busquets, rindió por debajo de su nivel. Con Valverde, los cuatro han sido piezas esenciales en la consecución del doble premio doméstico de la Liga y la Copa.

Es tal la dimensión del FC Barcelona que incluso el doble triunfo en las competiciones estatales, con gran demostración de autoridad, es suficiene para acallar todas las voces.

En un año de apremio por el poco éxito del último curso y el desgarro imprevisto de la marcha de Neymar, el nuevo técnico se ha mostrado un tanto conservador en algunos planteamientos tácticos y no ha confiado en la cantera.

El resultado de las sumas y restas dan un cociente muy favorable a la gestión deportiva de Ernesto Valverde. Ahora es la dirección técnica quien debe procurarle una plantilla más equilibrada y compensada. O así piensa nuestra pluma.

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