A bote pronto

Hierro “El breve” da paso al acreditado Luis Enrique

Hoy se disputa la primera semifinal del Mundial. Un Francia – Bélgica apasionante y plagado de figuras como Hazard, De Bryune, Courtois, Meunier, Lukaku, por los belgas y Kanté, Pogba, M’Bappé, Griezmann, Umtiti, Varane en versión gala. Se trata de una final anticipada que puede encumbrar al seleccionador catalán Roberto Martínez, curtido en la Premier y titular del banquillo belga.

La Supercopa española será en Tánger y a partido único. La razón es el calendario apretado del Sevilla FC por su concurso a poder participar en Europa y a la gira americana del FC Barcelona. Pepe Castro, presidente sevillista, está enrabietado de puertas para afuera, pues a Luis Rubiales le ha reconocido el acierto. Será el doce de agosto en plena canícula estival. Llevar el torneo fuera del país, ya lo han hecho otros campeonatos extranjeros.

Extraño razonamiento sevillista que observa atropello por unos derechos que se atribuyen conquistados en el terreno de juego. Recordemos que acabó séptimo en la liga y sucumbió en la Copa del Rey con rotundidad, impropia de una final, (5-0). En ambas competiciones estatales, ganó el FC Barcelona, por lo que la adjudicación de la Supercopa de España sería directa ( como ya hay antecedentes) si no fuera por los intereses económicos que andan en juego.

Mientras la cumbre deportiva tiene la mirada en el Estadio Krestovski  de San Petersburgo, la selección española, prematuramente eliminada por la anfitriona Rusia, se renueva  para la nueva cita de la Eurocopa 2020, cuya fase final se celebrará en Wembley.

El inexperto Hierro cogió la selección por accidente, promovido por la brusca irrupción de Florentino Pérez en la selección para fichar, sin recato ni decencia, al seleccionador Lopetegui con contrato en vigor. Si fue una decisión acertada el cese fulminante al infiel empleado, no lo fue tanto el nombramiento del sustituto, que accedió al puesto a despecho de la decisión urgente tomada por el presidente. Mejor hubiera resultado nombrar una comisión de técnicos expertos que hubieran aplicado rigor y autoridad.

El caso es que Luis Rubiales ha vivido en primera persona el anunciado fracaso de Hierro y no le pasó por la cabeza confirmarle como seleccionador más allá de la emergencia y, ni siquiera, como director deportivo, ha sido consultado sobre la designación del nuevo inquilino del banco. Con contrato hasta el año 2020, ha dimitido como director deportivo al sentirse ninguneado, pero su cese  – o no continuidad – como entrenador lo decidió Luis Rubiales.

La actitud de Hierro en esta ocasión ha sido honorable. Dignidad que le faltó al prescindir de Iniesta en el partido decisivo al caer en las tentaciones del cuarto poder madrileño que le sugerieron la titularidad para Asensio, un futbolista cuyo cartel virtual supera su realidad tangible de reserva de su club, sin ningún minuto en la final de la Champions League.

Falsa dignidad al afirmar que “a De Gea no se le podía dejar tirado porque la selección es una familia y es uno de los nuestros”. Su obcecación llevó la desconfianza a la defensa y en cuatro partidos, el portero solo paró un balón de siete disparos entre palos, además de encajar todos los lanzamientos desde el punto de penalti, de la serie que eliminó a España.

De los veteranos, solo sacrificó la cabeza de Iniesta, precisamente la más brillante, como había hecho cuatro años atrás en el Mundial de Brasil, Del Bosque con Xavi Hernández y por las mismas presiones exteriores. De ello, también pueden hablar, con lógico resentimiento, Raúl González, que no contó para Luis Aragonés o Iker Casillas al que acabó abandonando también Del Bosque.

Se cierra una etapa y se abre un nuevo episodio con Luis Enrique al timón de la nave. Su nombre levanta ampollas en el madridismo y, por extensión, en su cortejo editorial de los medios afines. Antes de que se produzca, ya ponen la venda antes que la herida, recordando viejas fricciones entre la prensa y el deportista.

De todos los nombres barajados era, de largo, el de mejor currículo. Tras un año sabático, tras ganar nueve títulos de doce en tres temporadas en el Barça, se le rifaban importantes equipos europeos, principalmente en La Premier y con jugosas retribuciones.

Luis Enrique siempre ha hecho pública su ilusión de entrenar a la selección. Garantiza carácter, juego de presión, disciplina táctica, conocimiento y estudio de los rivales. Debe ser una pieza clave para promover la renovación de un grupo enquistado, proclive a la autogestión y con derechos derivados de victorias ya amortizadas. Las plebendas horarias en las concentraciones, los descansos impuestos y otros privilegios prescriben ipso facto con el nuevo nombramiento, al que complementa Juan Francisco Molina como director deportivo.

Dos nuevos nombres, uno con pasado atlético y otro barcelonista, muy crítico con el Real Madrid, equipo que también está en su historial pero no en su corazón. Parece que, por desquebrajar a “la roja”, Luis Rubiales ha pasado factura a Florentino Pérez, que debe estar que trina. O así piensa nuestra pluma.

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