A bote pronto

El hábito de ganar por encima del juego

Parecía que la cantada mayor  decisiva de un portero en esta edición de la Champions League era la protagonizada por el bávaro Sven Ulreich que regaló de forma ridícula un gol a Benzema en semifinales, al separar su cuerpo para dejar pasar un balón cedido por su defensa. Pero no, en el estadio Olímpico de Kiev el portero Loris Karius ha superado todos los registros de incompetencia.

Tanto uno como otro lloraron en el campo y lamentaron sus errores decisivos que apearon las ilusiones de sus compañeros y pidieron públicamente perdón a sus aficionados.

Además, para llegar hasta la final, el Real Madrid había contado con las ayudas necesarias para el fin de los colegiados Björn Kuipers, Cüneyt Çakir,  Gianluca Rocchi y Michael Oliver, con errores de alto voltaje.

Pero en la final de Kiev ha tenido otros protagonistas en Ramos, Bale y Salah que explican el resultado final que daña la esencia futbolística.

Real Madrid, 3 – Liverpool 1, protagonistas y goles

Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo; Modric, Casemiro, Kroos, Isco; Benzema, Cristiano Ronaldo. Cambios: Nacho por Carvajal (m.36), Bale por Isco (m.61), Asensio por Benzema (m.89).

Liverpool: Karius; Alexander-Arnold, Lovren, Van Dijk, Robertson; Milner, Henderson, Wijnaldum; Salah, Firmino, Mané. Cambios: Lallana por Salah (m. 30); Can por Milner (m. 83).

Goles: 1-0 (m. 51) Benzema intercepta un saque de Karius y el balón va hacia la portería. 1-1 (m. 55) Mané desvía un cabezazo de Lovren anticipándose a Navas. 2-1 (m. 64) Bale remata de chilena un centro de Marcelo. 3-1 (m. 83) Bale dispara de lejos y el balón se le escurre a Karius entre las manos.

Árbitro: Milorad Mazic (6), serbio. Tarjetas: Mané (m. 82).

Estadio: Olímpico de Kiev. 68.000 espectadores.

El partido comenzó con un Liverpool arrollador y un Real Madrid contemporizador. a verlas venir. Hasta el minuto diez no asomaron los blancos a los aledaños del área rival en jugada mal resuelta por Marcelo que disparó flojo y desviado desde fuera del área. Dos minutos más tarde la intensidad del juego red obligó a una falta de Kroos merecedora de tarjeta que el colegiado serbio obvía.

La defensa inglesa venía con la vitola de su fragilidad y dio muestras de ello al cuarto de hora en un balón que pierde en la construcción y que Cristiano Ronaldo desaprovecha al disparar por encima del travesaño. El dominio inglés queda acentuado con una doble ocasión en el minuto 22 y que acaba con un paradón de Navas, que atenaza un balón raso pese a estar tapado por sus defensas.

La primera jugada decisiva del partido llega en el fatídico minuto 25. Es una falta del todo intencionada de Ramos a Salah que el árbitro no cobra. El capitán madridista arrastra al egipcio en la carrera hacia el piso, presionando su brazo estirado e inmovilizando el del rival que se hace daño en la caída. La lesión es involuntaria, pero la acción no es para nada inocente y busca la ventaja en la acción antirreglamentaria.

Salah no se recupera y el Liverpool con el cambio cae en la depresión absoluta y cambia el guion del partido. Le suple Adan Lallana, un jugador que salía de una lesión y que obliga a un reajuste táctico. Mané que era un aguijón por la izquierda superando a Carvajal y a los marcajes escalonados, pasa a la derecha y Lallana, fuera de forma, ocupa con discreción su zona. Firmino, en la media punta, perdía la referencia de Salah.

En la emisora de radio COPE, el ex futbolista del Real Madrid, Poli Rincón, deseó el daño al futbolista para beneficio de su equipo. Céleres le reprendieron sus compañeros locutores de narración, repudiando esa intervención y reparando que las lesiones no se desean a nadie. No es la primera vez que el personaje la lía. La cadena episcopal debería reclamar más caridad cristiana.

Minutos después se lesionó solo, en un taconazo improductivo, Carvajal. Ello resultó intrascendente, pues fue suplido con Nacho que mejoró el rendimiento de su compañero.

En la segunda mitad, se produjo el desenlace. Al inicio, Isco remata al larguero un regalo de Lallana que pierde un balón en el inicio de la construcción. Después del aviso, vino el gol. Un avance en fuera de juego de Benzema, el colegiado aplica la ley de la ventaja al ir el balón al portero. Éste quiere sacar rápido al lateral y se interpone la pierna del francés que corta el balón que, caprichosamente, toma mansamente la dirección de la portería.

Un gol impropio, en un lance del juego fortuito. Si en las semifinales fue Ulreich el de la pifia descomunal, ahora le tocaba el turno al guardameta del Liverpool.

Pocos minutos después, llegó el empate a la salida de un córner en el que Mané en una segunda jugada se beneficia de la pasividad defensiva de Varane y Marcelo.

A la hora de juego, el enfurruñado Bale, que no aceptó su suplencia, saltó al terreno de juego en sustitución de Isco que, sin realizar un buen partido, había estado en las acciones de ataque del Real Madrid, con dos asistencias precisas y dos remates peligrosos, el balón del larguero y en un disparo bajo que saca la manopla del meta.

Tres minutos le bastaron al galés para conectar un servicio de Marcelo con una chilena imposible, de gran dificultad técnica, que deja sin reacción al lento Karius que reacciona tarde. Un gran gol que, por su trascendencia eclipsa el de Cristiano Ronaldo frente a la Juventus de parecida ejecución.

El Real Madrid  se sintió superior ante un desubicado rival y, por sí había dudas, Bale dispara en la lejanía un esférico que va por el centro y dobla las manos del meta que aparta su cuerpo y permite que entre el balón y acumular otro error mayúsculo que será objeto de pases televisivos en los programas de humor y de registros de calamidades.

El Real Madrid con una gran acción de Bale y una faena de aliño había ventilado otra Champions League donde fue inferior a algunos de sus rivales y sumó dos derrotas. Una en Londres frente al Tottenhan en la fase de liguilla, donde quedó segundo al haber empatado el equipo inglés en el estadio Santiago Bernabéu y la derrota en casa ante la Juventus, reparada en su alcance por el penalti fantasma a favor del minuto 93.

Cristiano Ronaldo, que cuando no marca pasa desapercibido, quiso su cuota de protagonismo que no había obtenido en el encuentro y dejó esas declaraciones sorprendentes, sobre el mismo césped, para aguar la fiesta blanca:  “Fue muy bonito jugar en el Madrid”. Así en pretérito y, por si había dudas, matizando: “Viene de lejos, esto no es una cuestión de dinero”. Obtuvo la respuesta contemporizadora del capitán: “Ya sabemos cómo es Cris, le gusta dejarse querer” y más enérgica del presidente que le recordó que tiene contrato en vigor. La historia continuará.

Hubo dos partidos. El primero con Salah, duró al filo de la media hora y no hubo goles pero sí dominio y mando inglés. Tras la lesión del egipcio, aspirante al Balón de Oro, el equipo se vino abajo con un portero de pizarrín que regaló dos goles al rival. Las lágrimas de Mohamed Salah las compartimos muchos de los aficionados al fútbol. O así piensa nuestra pluma.

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