A bote pronto

Goleada histórica del Barça

El Sevilla FC fue testigo accidental, privilegiado y victimario al tiempo,  de un meteorito que lucía los históricos colores del FC Barcelona que arrasó el mobiliario hispalense, convirtiendo en cenizas su deslavazado armazón. Un resultado en una final que no se daba desde el año 1915.

Sevilla FC 0 – FC Barcelona 5, protagonistas y goles

Sevilla FC: David Soria; Jesús Navas, Mercado, Lenglet, Escudero; Nzonzi, Banega; Pablo Sarabia (Layún, m.83), Franco Vázquez (Nolito, m.86), Correa (Sandro, m.46); y Muriel.

FC Barcelona: Cillessen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba; Rakitic, Sergio Busquets (Paulinho, m.76), Iniesta (Denis Suárez, m.87), Coutinho (Dembélé, m.82); Luis Suárez y Leo Messi.

Goles: 0-1, m.14: Luis Suárez. 0-2, m.31: Messi. 0-3, m.40: Luis Suárez. 0-4, m.52: Iniesta. 0-5, m.69: Coutinho, de penalti.

Árbitro: Jesús Gil Manzano del comité xxtremeño. Amonestó a Mercado (m.34), Escudero (m.38), Iniesta (m.67), Busquets (m.74) y a Franco Vázquez (m.74).

Incidencias: final de la Copa del Rey, disputada en el Wanda Metropolitano con unos 67.000 espectadores.

El Rey de Copas firmó su trigésima victoria en la competición en su cuadragésima comparecencia en la final. Es el partido del año, en clave doméstica, y representa la gran fiesta del fútbol español. Sin duda, el FC Barcelona, que lidera el ránking triunfal, prestigia esta competición a la que, comúnmente, ofrece las mejores prestaciones.

Puede que el Sevilla empezara a perder la final el mismo día del despropósito europeo de Roma. Los futbolistas, tras su cuestionable contribución, se conjuraron para ganar el “doblete” como mal menor. Será el octavo “doblete” de su historia, lo cual dará como mínimo una calificación al curso de notable alto, que alcanzará el sobresaliente si el eterno rival no repite hegemonía en la Champions League. Cosas de las ineludibles comparaciones.

El Barça saltó al Metropolitano con la firme convicción de que el partido tuviera un guion unidireccional y lo consiguió desde el primer minuto. Busquets clavó el ancla en el centro del campo, fijó la respuesta del rival y fundamentó una victoria generosa, basada en la respuesta global futbolística en la excelencia.

Así, Cillessen conjugó sus funciones de ser el último defensor y el primer atacante; Piqué y Umtiti se emplearon con atención y destreza en la deconstrucción y en la fase de apoyo creativo; los laterales, Sergi Roberto y Alba se incorporaron al centro del campo creando superioridad numérica con la intachable y multiplicada prestación de Rakitic. En línea de tres cuartos, Iniesta, Messi y Coutinho marcaban diferencias con exquisitez técnica. Arriba, el “killer” uruguayo Luis Suárez hacía estragos con sus desmarques de ruptura y el sello de sus dos goles, el primero que abría el marcador y el tercero que enterraba cualquier asomo de recuperación sevillista.

A consecuencia de esa facturación de fútbol de muchos quilates, los goles fueron cayendo paulatinamente, cual fruta madura, para rubricar una de las mejores finales registradas en la historia. Al menos, para los que priman la calidad del espectáculo por encima de la emoción resultadista que, demasiadas veces, ocultan deficiencias.

Los goles pusieron broche de oro al juego inmaculado blaugrana. El primer aviso fue de Messi con el lanzamiento de un golpe franco a la escuadra, a la que llegó un hábil David Soria para despejar a córner el balón. Pero no estuvo tan diligente en la jugada que abrió el marcador en el minuto catorce y que nació de un pase magistral y visionario de Cillessen al espacio natural y abierto de Coutinho al que el meta no le discute la posesión y el brasileño centra para el remate placentero, bajo palos, del uruguayo.

Transcurrida la media hora, la orfebrería la ponen Messi, Iniesta y Jordi Alba, con pase de espuela del hospitalense para remate fulminante del rosarino, que anotaba su gol número treinta y uno al conjunto del Nervión. El dos a cero confirmaba lo que el juego sobre el rectángulo reflejaba y es que los sevillistas habían arrojado la toalla, incapaces de hacer frente al aluvión barcelonista.

Antes del descanso, y para que no quedara atisbo de duda, Messi interviene y en lugar de abrir al desmarcado Coutinho, instruye una devolución majestuosa a Luis Suárez que gana la espalda de su defensor y remata a la red por el palo corto.

Si alguien alimentaba esperanzas de que los nervionenses recuperaran aliento y auto estima, se desvanecerían a los siete  minutos de la reanudación. Otra intervención asistencial de Messi, con intervención previa de Suárez e Iniesta,  permite al de Fuentealbilla romper la cintura de David Soria y cruzar el balón a la red con ángulo reducido.  Retumban en el coliseo atlético los cánticos de aclamación al machego desde la grada culé, pero el reconocimiento alcanza a la grada nervionense que se volvería a repetir cuando fue sustituido en las acaballas del desigual match.

El colegiado Gil Manzano tuvo una actuación conservadora, lo cual es un eufemismo para expresar su poca predisposición a tomar decisiones. Sin embargo, lo hizo precipitadamente  para sancionar unas manos voluntarias de Lenglet en un balón que no impidió el remate a la red de Coutinho. El propio Coutinho, por decisión de Messi, sería el encargado de cerrar el score al transformar el penalti engañando al meta que se desplazó a su izquierda a un balón remitido en la dirección contraria.

El italiano Montella había dispuesto su “once” de gala que arbitró en una temporada a la que se incorporó en la emergencia. En su equipo hubo muchos descosidos y la disgresión eterna, en estos casos, es establecer la ecuación justa entre el grado de culpabilidad propia en la acumulación de méritos del rival.

En ello discernían aficionados sevillistas que regresaban en metro para enlazar con el AVE. Un niño de unos nueve años, con ojos llorosos y con el desconsuelo dimensionado por la temprana edad, le repetía  a su padre: “No pue cer, no pue cer”.  Tranquilo chico, las alegrías y tristezas en el fútbol mutan con frecuencia y al sevillismo le ha salido la cara de la moneda muchas veces en los últimos lustros y volverá a brillar. Desde el otro lado del vagón, se oyen voces, que no se ven entre la multitud, de presumibles jóvenes barcelonistas que jalean al rival ciudadano: “Muxo  Betis es, muxo Betis”. Son excepción jocosa, porque la educación y el respeto ha prevalecido entre las dos aficiones que han compartido durante toda la jornada lugares comunes. Llegamos al hotel y sintonizamos por internet TV3, donde están entrevistando en plató a un afamado humorista sevillano y bético que no oculta su gran satisfacción por la debacle del Sevilla. “Hoy he cío der Barza”.

Un cinco a cero rutilante que expresa fielmente el reflejo de lo acontecido sobre el verde tapete. Puede ser el despido a escala nacional de Andrés Iniesta, el mejor jugador contemporáneo del fútbol español al que injustamente y por razones del marketing le han usurpado un ” Balon de Oro”. Aún están a tiempo los jerifaltes de reparar la injusticia.

La mejor versión del FC Barcelona apabulló al Sevilla FC, incapaz de hacer frente al aluvión de juego de la “marca Barça“. Con Iniesta y Messi sublimes, todo el equipo rayó a gran altura para firmar una final apoteósica. El partido tuvo otras aristas y elementos a comentar, pero lo dejaremos para próximas remesas. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

Facebook: Barça Universal