A bote pronto

Francia consigue la segunda estrella

Hasta semifinales llegaron cuatro equipos europeos, síntoma de la superioridad del fútbol del viejo continente  que, a nivel de clubes, se beneficia del aporte de los mejores futbolistas mundiales.

La selección campeona ha contado en su cuadro de jugadores con una mayoría de futbolistas de nacionalidad gala y cuyo lugar de origen en primera o segunda generación se establece fuera del marco del hexágono para situarlo en países africanos de influencia política francesa.

Ha ganado la favorita, la que muchos teníamos registrado en nuestra lista personal de principales selecciones candidatas. Es el conjunto más compacto, con más poderío físico, con sus futbolistas siendo figuras de las mejores ligas europeas. Didier Deschamps ha formado un “once” equilibrado y le ha dado confianza. Sin embargo, sus méritos como estratega e innovador no trascenderán en la historia del fútbol. Sí su alineación que ha quedado fijada en la memoria colectiva: Lloris; Pavard, Varane, Umtiti, Lucas; Matuidi, Kanté, Pogbá; M’Bappé, Giroud y Griezmann.

Ha enamorado Croacia que contaba con el favor mayoritario de la afición global, maravillada que un joven país nacido en 1991 con cuatro millones y medio de habitantes y menos de cien mil fichas haya superado su récord de semifinalista para erigirse en subcampeón mundial. Y no solo brilla en el fútbol, sino que también lo hace en baloncesto y en otras disciplinas deportivas.

Croacia se ha llevado un título moral y el respeto y admiración de todos, como aquella Holanda cruyffista de la década de los setenta que enamoró por su fútbol pero que no alcanzó el podio principal. Han dejado su impronta Subasic, al que en la final le fallaron los reflejos, Modric, Balón de Oro del torneo (Hazard de plata y Griezmann de bronce), Rakitic, Perisic, víctima de una mano traicionera y Mandzukic que en la final igualó los registros en las dos puertas.

Ha ganado Francia el partido y el campeonato, con una defensa férrea y goleadora, con un equipo rocoso, pétreo, sin fisuras ni concesiones. El mejor fútbol lo había puesto Bélgica, otra selección que sale reforzada.

Escribíamos ayer que “la final se decidirá por pequeños detalles, al albur de una jugada incidental o accidental”.  Y así fue, Francia se avanzó en el marcador por dos veces en el primer tiempo en base a un gol en propia meta de Mandzukic, tras el lanzamiento de una falta a cargo de Griezmann, infracción que solo apreció el colegiado argentino. También se discute la posición adelantada de Pogba que pudo influir en la fallida acción defensiva.

Después el empate en magnífico remate de Perisic, llegó el penalti sancionado al mismo protagónico jugador, con el aporte tecnológico del VAR y que suscita demasiadas dudas al poder imputar involuntariedad en la acción, pues el movimiento del brazo es natural e impacta al balón en la caída del salto.

En la segunda mitad, Francia jugó al contraataque y mostró sus mejores armas. Tampoco Subasic estuvo a a la altura de sus actuaciones precedentes y se engulló los dos disparos a media distancia de M’Bappé y Pogba. Con todo el pescado vendido, Lloris se apuntó a las erratas y regaló un gol al avispado y tenaz Mandzukic al pretender un regate gratuito.

Se clausuró el mejor campeonato mundial de la historia con la victoria de Francia que se aúpa a los campeones plurales. Sudamérica ha sido la gran derrotada. Felicidades, pues,  a la ya bicampeona Francia y a Croacia y Bélgica que han completado el podio, de donde se ausentaron antes de la cita, Italia y Holanda y, prematuramente, Argentina, Alemania y España. 

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