A bote pronto

España peor que mal

La infidelidad de Julen Lopetegui fichando por el Real Madrid, al que el nuevo presidente Luis Rubiales acababa de renovar, fue el primer aldabonazo para comprender que las cosas no iban a ir bien.

El presidente aplicó un principio de autoridad y dignidad, cesando inmediatamente al desleal empleado, a pesar de que con ello descartaba el cobro de una indemnización de dos millones de euros que contemplaba el contrato.

España empezó a perder el Mundial el día que Florentino Pérez irrumpió en la selección para llevarse al seleccionador para su causa blanca. El interino Hierro ha mostrado su bisoñez y su “madriditis” en la elección de los hombres.

Es evidente que esta baja perjudicaba deportivamente a España, pero no se puede reprochar la aplicación de unos principios. Sí, en cambio, la elección del sustituto en la persona de Fernando Hierro que ya estaba en plantilla como director general y que carece de currículo como entrenador. Solo contemplaba su paso por el Real Oviedo que resultó un fracaso deportivo al no alcanzar los objetivos por el que fue contratado por el cuadro astur.

El cese del seleccionador que negoció a espaldas federativas fue contestado por algunos futbolistas de la órbita del capitán Ramos, mientras otros aceptaban como lógica la drástica decisión. Ello creó las primeras disensiones de un grupo que dejó de ser compacto.

Los éxitos de España, el Mundial de Sudáfrica 2010 entre las Eurocopas del 2008 y 2012, ya están amortizados en el tiempo. Lo más reciente fue el fracaso en el Mundial de Brasil – 2014 en la fase primera de liguilla, la eliminación en octavos de final por Italia en la Eurocopa del 2016 y ahora la despedida del Mundial de Rusia-2018, también  en octavos de final ante la modesta Rusia, clasificada número 70 en el ranking FIFA y tras una clasificación rocambolesca en que dos decisiones simultáneas del VAR en dos escenarios le otorgaron el pase.

Hierro heredó una convocatoria efectuada por Lopetegui, donde había hasta seis futbolsitas del Real Madrid, de ellos tres reservas. Sorprendente, pues el equipo blanco había hecho una mala temporada en la liga, en la Copa e, incluso, en la liguilla de la Champions, en que se clasificó como segundo. Los siete partidos eliminatorios europeos le salvaron, con el título, la temporada.

España ha jugado con el déficit del arquero De Gea que ha transmitido inseguridad permanente y no ha parado nada, incluyendo los tiros desde el punto de penalti que han cerrado con muchos borrones la participación española. Con un lateral derecho lesionado, desdeñando la alineación del sustituto natural para adaptar a otro madridista al puesto.

Han participado 17 futbolistas. Odriozola, Azpilicueta, Monreal, Saúl y los porteros Kepa y Reina se han quedado sin minutos. Sí los han tenido los seis madridistas, incluidos los tres reservas del equipo blanco. No es de recibo que un futbolista consagrado como Saúl Ñíguez, titular en el equipo ganador de la Europa League y subcampeón de la liga española no goce de una oportunidad en cuatro partidos, después de observar las deficiencias del juego hispano. Ello representa una afrenta para el prestigio profesional del cotizado futbolista.

Fernando Hierro no ha sabido interpretar los partidos y aplicar medidas correctoras, ha sido remiso en los cambios y sus intervenciones no han mejorado la de cualquier aficionado que insuflara ánimos al equipo sin mayor rigor académico y profesional.

Ha mostrado favoritismos en la elección de los futbolistas, atendiendo a las camisetas de origen y a las influencias de determinada prensa de Madrid, la misma que en el Mundial de Brasil influyera para que Xavi no jugara el último partido.

La historia de Xavi Hernández se ha repetido hoy en Iniesta, que ha estado en el banquillo de suplentes por primera vez desde que debutara en el año 2006, en beneficio de un joven reserva del Real Madrid, Asensio, al que su entrenador Zidane no le había dado ni un minuto en la final de Champions League. En rigor futbolístico, es de justicia señalar que Iniesta había sido puntualmente decisivo ante Irán y Marruecos con meritorias asistencias de gol a Isco y Diego Costa.

Con esta decisión, quizá prestada, Hierro ha cometido una falta grave, atentando al respeto a la trayectoria del mejor jugador de la historia del fútbol español al que quiso dejar señalado. Tanto él como Xavi, merecían un mejor final.

Gerard Piqué ya puso la referencia del Mundial de Rusia como despedida de la selección. Esperemos que cumpla su palabra y, tomando él la decisión, evite trances como los descritos, como también le pasó a Iker Casillas.

Del partido en el estadio Luznikhi de Moscú poca cosa se puede explicar. La modesta Rusia que venía de perder 0 -3 ante Uruguay, consciente de sus limitaciones, no quiso el balón y dispuso en todo momento, incluyendo la fase que fue por detrás del marcador, de una poblada defensa con todos los hombres por detrás del balón.

La España previsible jugó sin ritmo, sin intensidad, sin chispa en un fútbol plano que solo sobaba el balón sin crear situaciones de gol. Los dos goles se corresponden con jugadas accidentales. Un gol de Ignashevich en propia meta y un penalti concedido por Piqué por alargar el brazo desviando la trayectoria del balón.

Ciento veinte minutos baldíos, aburridos en demasía, que no merecían el esfuerzo de muchos de dejar la terraza de verano para ponerse delante del televisor. Los penaltis premiaron la fe de los modestos y castigaron la mala aplicación de la delegación española. O así piensa nuestra pluma.

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