A bote pronto

El empresario Gerard Piqué revolucionará el tenis

Reconocemos al polifacético Gerard Piqué por sus éxitos deportivos en el mundo del fútbol, como internacional centenario con España y brillante coleccionista de títulos con el FC Barcelona, campeón de Europa y del Mundo con ambas camisetas. También en la vida privada, ocupa espacio principal en revistas al matrimoniar con la Shakira, figura mundial de la canción y el espectáculo.

Un hombre inquieto que ha probado en los negocios con fortuna, las más de las veces. Sus contactos internacionales, le permitió entablar amistad con Hiroshi Mikitani, dueño de la multinacional Rakuten y fue pieza clave para que esta empresa multinacional entrara como patrocinador principal de la camiseta blaugrana. En la foto de celebración del acuerdo, allí estaba vestido de gala el futbolista del Barça, junto a los presidentes Bartomeu y Mikitani, en una foto poco usual, pero que da cuenta que la dimensión del futbolista ultrapasa la faceta de su actividad principal.

A partir de esa foto carismática se tuvo consciencia de que la posible ascensión futura de Gerard Piqué a la presidencia del FC Barcelona, su club de toda la vida por sentimiento transferido por genes familiares, no era una boutade, sino una lícita aspiración del todavía futbolista de élite. No le faltan argumentos ni méritos, pues dispone de posición social y económica y el discurso de una persona con una formación muy superior a la media de la profesión. Con el oficio y el conocimiento, además, de quien es figura importante sobre el terreno de juego.

No es frecuente que el Club dé permiso a un futbolista a dos días de la celebración de un compromiso oficial, pero el caso no ha sustentado debate por la significación de la causa, su importancia internacional y su implicación. La proyección internacional del ciudadano Gerard Piqué siempre puede dar réditos al FC Barcelona en muchas esferas.

Este jueves, el futbolista no entrenó para preparar el debut en Liga. Tenía permiso del Club para viajar hasta Orlando en EE.UU. y no era un viaje cualquiera. Se trataba de informarse in situ de que su propuesta de renovación de la Copa Davis había resultado la vencedora al votarse masivamente por el 71% de los miembros de la Federación Internacional de Tenis –ITF-.

La nueva Copa Davis, el equivalente al campeonato mundial, será gestionada por la empresa Kosmos, propiedad del jugador, que preside su Consejo de Administración. A nadie escapa, el gran capital que puede mover este evento anual novedoso y, a priori, muy atractivo. Por su significación a todos los niveles, Gerard Piqué no dudó en afirmar que era uno de los días más importantes de su vida.

El catalán nos habla de “una decisión histórica para el tenis mundial” y a fe que lo parece.

A partir del año 2019, quedarán atrás 118 años de historia, desde que fundara el torneo el tenista y político Dwight Filley Davis, que le dio nombre, para medir sus fuerzas los tenistas de E.E.U.U. y las Islas Británicas. El nuevo formato acogerá en una misma sede a 18 países que en el plazo de una semana dirimirán su supremacía. Será un campeonato mundial al nivel de los que concurren en otros deportes.

El mes de noviembre es el asignado para este evento global y acogerá a las principales figuras mundiales, muchas de ellas renuentes a su participación, por estar más preocupados en los torneos individuales, por un acicate superior a todos los niveles que protegía mejor sus intereses. De hecho, en los años sesenta solo podían competir los tenistas amateurs y no los profesionales. En España, coincidieron en el tiempo Manolo Santana y Andrés Gimeno, pero el catalán, al pasar al profesionalismo, no pudo disputar la Copa Davis hasta que cambiaron las normas en el tramo final de su carrera.

La duración indeterminada de los partidos es uno de los principales problemas de este deporte que lo hacen menos sugerente para las televisiones. El nuevo formato acortará los tiempos y hará más atractiva la retransmisión televisiva, además concentrada en fechas. Está sucediendo en otros deportes, como en el ciclismo. Los organizadores del Tour de France están buscando y hallando fórmulas más televisivas y, en otros deportes, más emergentes, su reglamentación empieza a contemplar las exigencias televisivas.

Los países más tradicionales como Inglaterra o Australia han mostrado sus reticencias. Habrá que aceptar que en el nuevo formato no habrá pista propia, ni público local, más allá del eventual desplazado. Tampoco trapacerías desde el localismo. Ganará el espectáculo y el “fair play”, del que siempre fue abanderado el deporte de la raqueta.

Seguirse llamando Copa Davis es una reminiscencia del pasado, quizá en un tiempo no demasiado lejano, la adjudicación nominativa se corresponda a la de Gerard Piqué. O así piensa nuestra pluma.

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