A bote pronto

Dembélé será el mejor refuerzo del nuevo curso

Mañana será presentado Eric Abidal como nuevo secretario técnico del Club, en un cargo del que carece, obviamente, de experiencia. Quizá con ello paguen deudas anteriores y sea por eso que le han puesto un adjunto, fichado del Getafe en la persona de Ramon Planes, que tiene amplio recorrido, incluso por La Premier de la mano de Mauricio Pochettino.

Abidal viene a sustituir a Robert Fernández, que, a su vez, había relevado a Andoni Zubizarreta, fulminado por Bartomeu tras la debacle en el estadio de Anoeta en enero del 2016. La razón esgrimida por el presidente fue que “le había perdido la confianza”.

Pero en estas improvisaciones concatenadas, hay más nombres que engordan el pastel. Pasa por el nombramiento de un CEO, Òscar Grau, ex jugador internacional del Barça de handbol y de Pep Segura como manager general, que estaba en el fútbol formativo y se le dieron galones para pasar en el organigrama por delante de Robert Fernández, sin otro motivo que el dedo caprichoso del presidente y, por supuesto, sin ningún concurso de méritos.

Las bajas de los anteriores secretarios técnicos, en el caso del vasco bajo una titulación superior de Director Deportivo, conllevó el desmantelamiento de sus equipos de trabajo.

Han aterrizado los ex futbolistas del “dream teamJose Mari Bakero y Guillermo Amor, éste en viaje de ida y vuelta, a los que se les encomienda el fútbol formativo. El de Benidorm, se erige también en portavoz en los partidos oficiales del primer equipo.

Con cargo de asesores figuran Ariedo Braida y Carlos Reixach. También estuvieron en un principio MIgueli y Josep Maria Fusté que no constan que se les haya dado la baja.

Toda esta maxi estructura no le valió al presidente Bartomeu que quiso llevar personalmente las gestiones con el entorno familiar de Antoine Griezmann. Como ya se sabe, y en un acto vidrioso y patético en el que intervino Piqué y su empresa de comunicación Kosmos Studios, el jugador francés se retractó de sus intenciones y seguirá en el Atlético sin que haya ningún documento que penalice su marcha atrás.

El Barça ha quedado retratado, con el trasero al aire. En estos palos de ciego que se derivan de la falta de un criterio sostenido, nos llega la información de que se desiste de un fichaje de las características del francés y se opta por las incorporaciones de jugadores de otros perfiles y que ocupan zonas centrales del campo. Han tardado en reparar que la figura mayestática de Andrés Iniesta se apagaba lentamente, en el caso de que el de Fuentealbilla hubiera optado a la continuidad, condición que podía ejercer a pleno derecho.

En esta tesitura están los nombres del joven del Ajax de Amsterdam, Frenkie de Jong, y del veterano bosnio de la Juventus, Miralem Pjanic; además, de Arthur Melo, del  Gremio de Porto Alegre, ya ligado documentalmente para el mercado de invierno, pero que se puede negociar su incorporación al inicio de la temporada. También se encuentra a tiro recuperar a Thiago Alcántara, al que el Bayern de Münich le ha puesto en el aparador y que Julen Lopetegui quiere rescatar para su Real Madrid.

La delantera volverá a ser asunto de Leo Messi y Luis Suárez, pero refulge con fuerza el tercer hombre que, a un coste superior a los cien millones de euros, las lesiones le impidieron triunfar el curso pretérito. Se trata de Ousmane Dembélé, joven de solo 21 años, con unas cualidades impresionantes, ambidextro, con gran velocidad y cambio de ritmo.

El francés se desenvuelve bien en ambos extremos e, incluso, es apto para penetrar por el centro. Cuando parecía que la llegada de su compatriota iba a eclipsarle un tanto e, inclusive, se levantaban algunos rumores sobre un traspaso con opción de recompra o una cesión, la nueva conyuntura le brinda una nueva y gran oportunidad.

Le falta asentar la cabeza, que el día y la noche barcelonesa no le confundan. Para ello puede resultar primordial el seguimiento de su compatriota Abidal, que más que establecer una jerarquía puede estimularle hacia una complicidad saludable. O así piensa nuestra pluma.

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