A bote pronto

Dembélé e Isco o una falsa comparativa

Las aguas se mueven turbulentas en las mediaciones de las oficinas de Concha Espina. Todo parece indicar que estamos en una campaña de transición en el Real Madrid y que el presidente plenipotenciario, Florentino Pérez, prepara sus naves para el siguiente curso, donde prevé una depuración a fondo. Eso sí, dejando satisfecha la tesorería del club.

Una temporada donde se acumulan los problemas dentro y fuera del terreno de juego desde el minuto uno. Todo principió con la espantada de Zidane, que vio el percal de una plantilla acomodada y que podía seguir viviendo de rentas. El ejercicio 2017-18 resultó malo en su análisis global, pero quedó ocultado por la renovación del título europeo en un rush final en que decidieron las paradas de Keylor Navas y los goles de Cristiano Ronaldo.

El presidente del Real Madrid disparó contra España, fuego amigo provocado por quien presume de ser el club que más y mejor representa al Estado, y le arrebató a su seleccionador nacional Lopetegui que se dejó embelesar por un contrato más millonario del que había firmado con la RFEF. Entró el técnico con mal pie y con la ira de la afición española que nunca entendió su desaire e incumplimiento de contrato con el fútbol español.

Cristiano Ronaldo dio el paso a la puerta de salida que le había abierto Florentino Pérez y marchó a la Juventus de Torino, donde sigue marcando goles en un equipo que es líder del scudetto.

El Real Madrid se quedó en la delantera con lo puesto y solo repescó a Mariano rascándose el bolsillo para reparar la destacada ausencia. Como no podía ser de otra manera, el equipo se debilitó y la producción goleadora bajó en picado.

Luka Modric quiso marchar, pero el Club no le dejó y se ciñó al pago de la cláusula de rescisión de contrato. Acusó el croata el esfuerzo de la disputa del Mundial de Rusia donde llegó a la final que ganó Francia y tuvo, con Lopetegui, una ración excesiva de suplencias que le disgustó.

Bajo palos estaba el garante Keylor Navas, uno de los artífices principales, tanto como los goles de Cristiano Ronaldo, de la obtención de las tres “orejonas” consecutivas. Metido a secretario técnico, el empecinado presidente quiso fichar a un portero que, a su entender, tuviera más glamour y se trajo a Thibaut Courtois, a un coste de treinta y cinco millones de euros más cinco en variables. Las cosas de la imagen y el marketing siempre han preocupado mucho al presidente.

El problema por excedencia en la puerta lo solucionó Lopetegui, mientras estuvo, con la alternancia en la portería. Al coger las riendas el empleado Solari, se ha decantado por el belga, dejando abandonado al costarricense hasta el punto que no le concedió chance ni en el último partido de trámite de la fase de liguilla de la Champions, donde se produjo un nuevo esperpento en el estadio Santiago Bernabéu (0-3).

Con Solari, dos futbolistas que la prensa local madrileña había catapultado poco menos que para el Balón de Oro, Isco y Asensio, perdían su condición de titulares, en beneficio de Ceballos y Lucas Vázquez, u otros jugadores en otros dibujos tácticos.

El Real Madrid perdió la Supercopa de Europa ante su rival ciudadano, el Atlético, lleva dos derrotas ya en Europa en los dos partidos frente al CSKA de Moscú y solo es cuarto en la liga española donde ha empatado dos veces y perdido cinco partidos, un tercio de los disputados.

Estos deficientes resultados deportivos se corresponden con un juego desdibujado y carente del mordiente tradicional, marca de la casa blanca.

Y en ese panorama desolador estalla el “caso Isco”, que no admite su suplencia y está enfrentado con el técnico, que ya le castigara en el estadio Olímpico de Roma dejándole en la grada.

Pero Florentino Pérez goza del favor de la prensa diligente que tapa las vergüenzas en detrimento de la información. Solo un medio de alcance estatal, la cadena televisiva Cuatro, ha desvelado las palabras, con insulto incluido, que profirió Isco a la grada blanca. Los otros medios madrileños, algunos, por lo común, muy proclives a estrujar rumores e informaciones, han preferido quedarse a medio camino, atendiendo otras razones.

Sin embargo, cuando se trata de algún affaire que está de por medio el FC Barcelona, escudriñan la información hasta la saciedad, por el envés y el revés, para exprimir cualquier detalle que pueda percutir negativamente en el ámbito blaugrana.

En el colmo de la desfachatez, los hay que se refieren a Dembélé para evitar hablar de la casa propia. U otros, lo cual es aún peor, que establecen una comparativa en casos diametralmente opuestos.

Ousmane Dembélé es un chico de vida desordenada, propia de la juventud extrema, que vive en la gran ciudad sin el ámbito familiar que le proteja. Sus madrugadas se desarrollan en su domicilio con su pandilla y regatea horas de descanso por la adicción a los videojuegos. Por otro lado, sus hábitos alimentarios son poco recomendables, con exceso de fad food que no equilibran la dieta del deportista.

Este desorden horario y alimenticio se traduce en una falta de puntualidad para acudir a los entrenamientos ordinarios, lo que le ha costado más de una advertencia, con sanción económica, y el reproche público de algún compañero.

Es un caso muy repetido en el mundo deportivo y que el FC Barcelona está tratando de reconducir para proteger a un futbolista excelente, en fase deportiva ascendente y que, sobre el rectángulo de juego, está rindiendo a satisfacción y descubriendo una virtud goleadora – nueve goles – que no había ejercido hasta ahora.

Comparar la impuntualidad de Dembélé con el ostracismo deportivo que somete Solari a Isco y la mala respuesta del jugador a la grada, saben que no es lo mismo, pero por marear la perdiz que no quede. O así piensa nuestra pluma.

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