A bote pronto

El dédalo de la estructura técnica del Barça

No le es difícil al presidente del FC Barcelona hallar culpables de los objetivos inalcanzados entre la copiosa estructura técnica que ha montado y detejido al tiempo. Todo empezó en el año 2015, el del último “triplete” que no llegó a disfrutar el destituido Andoni Zubizarreta.

Robert Fernández es la última cabeza sacrificada, sin más razones aparentes de las que se derivan del nombramiento, meses antes, de Pep Segura, en un superior escalado en el organigrama.

A mitad de la semana pasada, el Club anunció que no se le renovaba el contrato al secretario técnico Robert Fernández, sin que se explicaran las causas. Las disfunciones en el desenvolvimiento del cargo del valenciano empezaron con el nombramiento, a dedo presidencialista, de Pep Segura que, provinente del fútbol formativo, se encaramó, para sorpresa general, a la jefatura bajo el epígrafe de manager general.

Si nos quejamos de la frondosa nómina de técnicos que afluyen en la estructura del Club, el cambio nos da razones para seguir con nuestro excepticismo al volverse a duplicar funciones con un nombramiento dual. Así, al sacrificado Robert Fernández le sustituirá, al menos en la intitulación del cargo, el ex futbolista Eric Abidal, mientras se recurre a la adjunción de Ramón Planes, al que se atribuye mayor oficio en el desempeño, con tareas homologables en el RCD Espanyol, Tottenham y Getafe.

La Penya Barcelonista d’Arenys de Munt ha celebrado este domingo sus primeros 50 años de actividad social y deportiva y a la efeméride ha acudido el señor Bartomeu. Acto que ha coincidido con la celebración de la  “25 Trobada de Penyes Barcelonistas del Maresme”, que ha aunado a diecisiete peñas del entorno comarcal.

Como no podía ser de otra manera, el presidente ha acaparado la atención informativa y en un balance pretendidamente improvisado ha calificado de sobresaliente el curso pasado, cerrado con el “doblete” y el registro del nuevo récord de imbatibilidad, sustentado hasta ahora por la Real Sociedad en la embocadura de los años ochenta de la última centuria. También reparó en el accidente en la Champions League: “No olvidamos lo sucedido en Roma”.

Inquirido sobre la no renovación de Robert Fernández, no aportó más luz que la derivada de la simple ejecución de sus funciones y que se supone son consecuencia de la decisión de su colocado Pep Segura: “Quiero agradecer el trabajo de Robert Fernández en el club durante estos años, es una persona honesta, pero era el momento de hacer un cambio”.

En esa nueva orientación, se instrumenta la arribada doble de Eric Abidal y Ramon Planes a esa secretaría técnica de agitación constante. Dejó un recado:  “Ahora miraremos fuera, pero también el talento de dentro”.

En el cargo de entrenador del primer equipo, Bartomeu heredó a Luis Enrique, de cuyo nombramiento era responsable en su calidad de vicepresidente deportivo de la directiva de Sandro Rosell. La llegada de Ernesto Valverde es consecuencia de la decisión unilateral de Luis Enrique de abandonar y de la elección de Robert Fernández que apostó por el “txingurri”.

En aquella aciaga noche de Roma, la sorpresa y el disgusto monumental llevó a pensar en una renovación del técnico con contrato en vigor. La prudencia y los resultados brillantes domésticos aplacaron esos impulsos emocionales.

Pero mover fichas y cromos está en el ADN del presidente que en su fecha puso al frente del fútbol al ejecutivo Albert Soler, ex secretario de Estado para el Deporte en etapa socialista, para después confinarlo a las secciones. Tambien fueron destituidos, como cabezas de turco, Albert Puig y Guillermo Amor a causa de la sanción de la FIFA. El de Benidorm fue repescado junto a Jose Mari Bakero para el fútbol formativo, donde también figura Jordi Roura.

Llega Abidal, el entrañable “Abi”, al puesto que hubiera ostentado ya si Joan Laporta hubiera ganado las elecciones, pues así estaba anunciado en la candidatura del ex presidente. Algunos atribuyen a Bartomeu el querer comprar complicidades y en esa línea está su aproximación a la familia Cruyff y los sondeos de recabar, para los despachos, los servicios de Jordi Cruyff. 

La estructura técnica es en los mandatos de Bartomeu un dédalo de cargos superpuestos en una baraúnda de improvisaciones, que tiene réplica si nos referimos al listado de los directores de comunicación, los llamados “dircom”. Pero eso será objeto de otra entrega. O así piensa nuestra pluma.

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