A bote pronto

Coutinho ha sido el fichaje estrella

El mercado de invierno futbolístico ha sufrido una agitación importante en nuestra liga. Se ha fichado con coste de casi 300 millones, aunque no son desdeñables las ventas en la que destaca poderosamente los 65 millones pagados por el Manchester City por el defensa central Aymeric Laporte al Athletic Club y que ha sido el preludio de las nuevas hostilidades acaecidas entre los dos principales equipos del País Vasco.

La excepción la marca el Real Madrid que ha resultado el único equipo de laLiga Santander que no ha acudido al mercado, por la terquedad de su entrenador Zidane que ha frenado los intentos de su presidente que ya tenía atado al guardameta Kepa que, incluso, había pasado revisión médica. Puede ser una posición suicida del francés ante el todopoderoso, pues solo le queda jugar la emblemática carta de la Champions League, en donde no le serviría ni jugar la final sino la gana.

Sin duda, el Real Madrid, con los bolsillos llenos, liderará la próxima ventanilla y ya han tomado carrerilla los nombres del goleador inglés del Tottenham, Harry Kane  y del centrocampista belga del Chelsea, Eden Hazard. También del argentino Mauro Icardi, del Inter de Milán y con pasado canterano barcelonista. Además de la contratación de un cancerbero de primera línea que puede ser David De Gea o Thibaut Courtois, ambos ex atléticos.

El fichaje estrella tiene colores blaugranas, al conseguir, con una ventanilla de retraso, arrancar al Liverpool a Philippe Coutinho a cambio de un importe nada desdeñable de 155 millones, que incluyen 35 de variables de muy fácil consecución y restan 5 millones más, condicionados a que en el período del primer contrato firmado por cinco años, el Barça vuelva a ganar “la orejona”.

El Atlético, superado el tránsito de la sanción de la FIFA, ha recuperado a Diego Costa y fichado a Vitolo. Dos fichajes de postín. LLaman la atención el reclutamiento a cargo del Sevilla FC,  a modo de cesiones, de Sandro y Roque Mesa, rescatados de La Premier en su paso fugaz, tras dejar al Málaga y al Las Palmas el curso pasado. No triunfaron en el Everton  y en el Swansea, respectivamente.

En clave interna de la liga española el cambio más sonado de camiseta se ha correspondido con el trasvase de Iñígo Martínez al Athletic Club que abandona la Bella Easo para abrazar las instalaciones de Lezama.

Aunque nacido en la localidad vizcaína de Ondárroa (17 mayo 1991), juega en Donosti desde la categoría de cadete. A principios de temporada quiso ficharlo el FC Barcelona que estaba dispuesto a abonar los 32 millones de su cláusula, todo ello con pleno conocimiento del presidente Jokin Aperribay. Por razones no del todo despejadas no se complació la única solicitud del nuevo técnico blaugrana Ernesto Valverde.

Ahora ha irrumpido el Athletic Club y, acuciado por la marcha precipitada de Laporte, ha empleado la mitad de la líquidez de tesorería sobrevenida para pagar la cláusula de rescisión del jugador de La Real, sin negociar con el club donostiarra, ya que su presidente Josu Urrutia, no se dirigió a su homólogo.

Las respectivas aficiones vascas están en pie de guerra. Este cambio de la camiseta blanquiazul por la rojiblanca, ha desatado la ira  de la directiva y de la afición por este desafecto de un futbolista que afirmaba, según denuncia la hemeroteca, que “nunca me iría al otro bando”.

El Club ha iniciado una campaña bajo el Lema “Ya es historia”, a través de la cual las dos tiendas de merchandising del club permutan las camisetas del futbolista  por otras nuevas de actualidad. La respuesta de la afición txuri-urdin  está siendo masiva, favoreciendo el canje. Quieren borrar la historia, que alcanza a la peña de Oñati que lleva el nombre del futbolista, otrora aclamado y ahora defenestrado y que ya se está desmantelando.

Aquí, en Barcelona, el caso, salvadas las dimensiones y las circunstancias, nos recuerda la traición de Luis Figo con su mentira sostenida. El fútbol es un deporte profesional, pero que lleva implícitos muchos sentimientos que, en ocasiones, se desvanecen para desilusión de la afición que se da de bruces con la realidad mercantil. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper