A bote pronto

Brilla el Mundial entre las sombras de la participación española

El Mundial de Rusia ha supuesto la estocada definitiva a una generación gloriosa que conquistó los principales hitos de la historia del fútbol español. Figuran en las vitrinas federativas las Eurocopas del año 2008 y 2012 y, entre ellas, la única Copa del Mundo conseguida en Sudáfrica 2010 .

A partir de aquella fecha, no solo decayeron los resultados  con el estropicio acometido en el Mundial de Brasil 2014, al que se llegó con la vitola de campeones y la selección fue apaleada y eliminada en la primera fase y con el refrendo de la Eurocopa del 2016, eliminada por Italia (2-0) en octavos de final.

La mejor época española coincide con la hegemonía del FC Barcelona en el fútbol mundial. España llegó a convertirse al equipo del Barça, pero sin el concurso del astro argentino Messi. De la influencia del Barça del “sextete” con Pep Guardiola como ideólogo de un proyecto ganador exterior, acaeció el mejor juego y se alcanzaron los mejores resultados en la historia de “la roja”.

España aparcó “la furia” y se apropió del “tiki-taka”, perfeccionado por Guardiola y con sello de origen en Johan Cruyff. El estilo ancestral sin éxito data los Juegos Olímpicos de Amberes en el año 2020 y quedó reflejado en una frase lapidaria: “A mí, Sabino, que los arrollo”. La frase al completo fue: “¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo!”. Así resultó, la falta botada por Sabino fue rematada por el autor de la proclama, el fornido Belauste (…guigoitia ) que remató, entre cabezas, a la red.

España heredó un estilo ganador, que revertía la historia y que tuvo un emblema blaugrana indiscutible. Ello ha hecho que el Madrid mediático nunca lo apreciara como genuino, pues la “marca España“, para que sea tal, ha de pasar por la meseta castellana.

Con Lopetegui se fue revertiendo la localización de los futbolistas elegidos, priorizando el centralismo, como ha quedado patentado en los nombres que han compuesto la convocatoria hispana en Rusia con profusión de jugadores militantes en los equipos de Madrid. Hasta nueve y sin importar la condición de titulares o suplentes en su club.

Las urgencias de Florentino Pérez de suplir la ausencia de Zidane, cansado de someterse al “ser superior”, le hizo desestabilizar a la selección española, apropiándose del seleccionador en las vísperas del Mundial y ya con la expedición desplazada. Luis Rubiales evitó, con mano firme, esa dualidad de funciones del seleccionador durante el Mundial, que tanto hubiera socavado los principios éticos y referenciales de “la roja”. Su expulsión inmediata, mediante el cese, fue una declaración de principios, así como la prohibición de que Lopetegui, en solitario y por su cuenta, organizara una rueda de prensa para tratar de justificar su abandono y fuga.

Fernando Hierro ha resultado un previsible mal parche. En la premura, quizá hubiera resultado mejor contar con un senado de expertos como Clemente, Camacho, entre otros y ex futbolistas recientes como Xavi, Casillas o Puyol que escribieron como futbolistas las mejores páginas.

El ex madridista Hierro quiso madrileñizar a la selección y el resultado a la vista está, aunque la prensa madrileña desvíe el foco para analizar otras cuestiones. Lopetegui perdió toda credibilidad ante su grupo de jugadores, pregonando el compromiso que él desatendíó, y Rubiales solo tuvo un camino para conservar la dignidad. Los madridistas, básicamente, con el capitán Ramos a la cabeza, lideraron el descontento con el cese y abrieron grietas y distracciones en el grupo. Aún piden la continuidad de Hierro, que, afortunadamente, no se va a producir.

Desde los poderes fácticos de Madrid, la alternativa son ex futbolistas del Real Madrid, Michel o Guti, por encima de otros colocados en las opciones con mejor currículo. Sería el caso de Luis Enrique y el de “Bob” Martínez, pero, para el corto alcance de  miras de los mediocres, a uno le resta su conversión al barcelonismo y al otro, su filiación natal catalana.

Casillas, Xavi e Iniesta, con sus últimas suplencias, se fueron mal de la selección. Sería deseable un acto de desagravio a modo de homenaje como lidiadores de una generación gloriosa. Cabría incluir a Puyol.

También a Ramos y Piqué, aunque ninguno ha confirmado su adiós a la elástica nacional española. El de Camas porque quiere batir marcas ignorando la necesidad de un relevo generacional y a la espera del nombramiento del nuevo seleccionador. El barcelonés aún no ha refrendado su decisión que ya hizo pública cuando recibió los primeros pitos políticos de la propia afición española. Quizá recurra a un documental como el que su productora realizó con Griezmann. Esperemos que no.

Mientras, el Mundial ha cerrado los octavos con brillantez y se presentan unos cuartos de final apasionantes. Destacan, sobremanera, los duelos de Bélgica – Brasil y de Francia – Uruguay. Completan el cuadro Suecia – Inglaterra y Rusia – Croacia.

En edad infantil, oímos por radio noticias del Mundial de Suecia-1958 con la eclosión del jovencísimo Pelé, y del Mundial de Chile-1962, en el principio de la adolescencia. Ya por televisión en blanco y negro, el Mundial de Inglaterra-1966. Para nosotros, estamos asistiendo al mejor Mundial, por innovación (VAR), emoción, calidad y organización. O así piensa nuestra pluma.

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