A bote pronto

Para el Barça solo vale la victoria

La consecución de la liga, ya virtualmente alcanzada, tiene enorme mérito por la autoridad y dominio con que se ha llevado a cabo, pero esta virtud le ha restado emoción al campeonato y esa dosis de incertidumbre que acostumbran a rodear a las grandes competiciones.

El Real Madrid dimitió de la liga en enero y, antes ya había sucumbido en el “clásico” en su estadio Santiago Bernabéu por un concluyente 0-3. Los otros rivales, Atlético y Valencia siempre dieron la sensación de estar controlados y que les faltaba un ápice de calidad para disputar al FC Barcelona el campeonato.

En estas circunstancias el triunfo liguero se ha ido cocinando a fuego lento, por lo que su confirmación, injustamente, no ha explosionado de júbilo a la afición.

Ganar siete campeonatos de liga en una década es una proeza que el tiempo medirá en su justa grandeza. El presente lo ha licuado por la interposición de la Champions League, donde el FC Barcelona dio una paupérrima impresión en Roma, dejándose eliminar al no saber defender una ventaja de 4-1 que obtuvo en el Camp Nou.

El FC Barcelona no está en las semifinales europeas, donde sí está el Real Madrid, objeto de otro apaño arbitral escandaloso que dejó damnificado a la Juventus e indignados a todo el mundo del fútbol. Pero el caso que el equipo blanco está ahí. Para su historia, para la estadística y para bien de su economía.  En el horizonte, la posibilidad de que el Real Madrid repita éxito continental por tercera vez consecutiva, nubla el presente blaugrana. Es inevitable, bajo la teoría de los vasos comunicantes.

En esa tesitura del “triplete” frustrado, el “doblete” algunos lo verán como un mal menor. Se equivocarían, pues su logro denota una excelencia doméstica refrendada en estos años de primacía en el fútbol hispano.

Hoy, como canta el barcelonista Joan Manuel Serrat, puede ser un gran día. Estaremos en la Fan Zone del FC Barcelona y desde allí nos desplazaremos al Wanda Metropolitano, con la esperanza de que Andrés Iniesta alce la que sería su última Copa del Rey, en espera del trofeo de la liga que le aguarda.

Con el equipo titular convenido y plagado de estrellas, dirigidas por Leo Messi, no se contempla, en clave Barça, otro resultado que el victorioso. El FC Barcelona es el gran favorito, pero juega con el hándicap de esa etiqueta, que le otorga obligatoriedad, frente a un rival que se considera inferior y que jugará con el ahínco e ilusión de cambiar el pronóstico.

No valen relajaciones y los Cillessen, Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba, Rakitic, Busquets, Iniesta, Coutinho, Messi y Luis Suárez, que saldrán de inicio, deberán aplicar el mismo grado de compromiso que el rival para que venza la mayor destreza de los blaugranas.

Ernesto Valverde lo ha advertido: “Cuando crees que algo está hecho, te estrellas”. Que nadie se lleve a engaño, para que se imponga la superior aptitud, se ha de empatar, como mínimo, en actitud. El decepcionante episodio de Roma aún es una herida abierta.

Ha llegado el día de la gran final de Copa y el FC Barcelona repite presencia por quinta vez consecutiva en espera de su cuarto triunfo concatenado y trigésimo en el cómputo global de la competición. Su batacazo europeo ha incrementado la exigencia de su afición. Las finales están para ganarlas y a ello se aplicarán los blaugranas

O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper

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