A bote pronto

El Barça puso el fútbol y la igualada solo fue en el marcador

Un empate que supo a poco y, en todo caso, no refleja la manifiesta superioridad del Barça escenificada en el estadio Giuseppe Meazza. Una igualada que resulta demasiado premio a un equipo que solo disparó una sola vez entre los tres palos, precisamente el balón que cazó Icardi en una indecisión defensiva.

Era la cuarta visita del FC Barcelona al Inter y parecía que, esta vez sí, el cuadro barcelonista alcanzaría su primera victoria. No fue así y se sostiene la negativa estadística para el global de las visitas a domicilios italianos donde solo se registran tres triunfos.

Sobre el terreno milanés estaba Nainggolan, el belga de origen indonesio, que lesionó a Rafinha de gravedad, vistiendo la camiseta del AS Roma. Jugó algo más de una hora y fue sustituido por el madrileño Borja Valero.

Inter de Milan 1 FC Barcelona 1, protagonistas y goles

Inter: Handanovic; Vrsaljko, De Vrij, Skriniar, Asamoah; Brozovic (Lautaro, m.85), Vecino, Nainggolan (Borja Valero, m.63); Politano (Candreva, m.81), Perisic, Icardi.

FC Barcelona: Ter Stegen; Roberto, Piqué, Lenglet, Jordi Alba; Busquets, Arthur (ArturoVidal, m.74), Rakitic; Dembélé (Malcom, m.81), Coutinho, Luis Suárez.

Goles: 0-1, m.83: Malcom. 1-1, m.87: Icardi.

Árbitro: Szymon Marciniak (POL). Mostró cartulina amarilla a Brozovic (m.84) y Perisic (m.88) y Rakitic (m.42).

Incidencias: Partido correspondiente a la cuarta jornada del grupo B de la Liga de Campeones disputado en el estadio de Giuseppe Meazza con 75.000 espectadores. El Barça vistió su tercera equipación rosa.

Como se preveía, Leo Messi vio el partido desde la grada y su presencia en Milán, tenía la doble misión de confundir a Spalletti e insuflar ánimos al equipo en su condición de capitán y máximo exponente del equipo.

Ernesto Valverde, en una plaza grande, dispuso de Dembélé de titular para darle amplitud al campo e imprimir velocidad al juego, sacrificando el abnegado trabajo de Rafinha. Fue del francés el primer disparo a puerta, de una serie de diecinueve, con ocho bien dirigidos entre los tres palos y sin contabilizar los intentos bloqueados por los defensas, principalmente a Coutinho en el segundo período.

En un césped mojado por una lluvia pertinaz que no se dio respiro, los catalanes se hicieron con el control del partido, en base a una presión alta que recuperaba balones en las zonas de peligro y a un sentido del juego grupal y solidario, sustentado con una técnica individual de reconocida solvencia.

El Barça percutió con insistencia en la primera mitad, pero el gol se resistió. Particularmente a Luis Suárez, que no le faltó destreza ni oficio, pero sí le sobró infortunio para cerrar esa racha negativa en campo visitante que data ya desde septiembre del año 2015 en Roma cuando marcara su último gol a domicilio en esta competición europea.

El balón estuvo en los aledaños de Handanovic casi todos los minutos del primer tiempo y tuvo que multiplicarse para mantener incólume el marco. El armazón de la medular, con la incrustación definitiva de Arthur con Rakitic y Busquets, resultó una producción de fútbol de altos quilates a lo que solo faltó la guinda de la definición. Ante ese aluvión futbolístico, a los nerazzurros no le quedó otra que cerrar filas y capear el temporal.

El Barça mudó su piel en el segundo tiempo, donde descendió el proceso productivo de Dembélé, al tiempo que Coutinho acaparaba más responsabilidad en la toma de decisiones y en el contacto con el cuero. El encuentro se tornó en un “toma y daca”, pero siempre con más reiteración visitante.

La ocasión pintiparada estuvo en las botas de Rakitic que no supo definir una asistencia magnífica de Luis Suárez. El colofón debió de ser el gol, pero el croata topó con el cuerpo agigantado de Handanovic.

Arthur volvió a ser el elegido para propiciar la entrada de Arturo Vidal, muy silbado en razón de su pasado juventino. Cierto es que la suma de minutos empezaba a hacer mella en el físico del brasileño, pero este cambio reiterativo es el resultante de una inercia incómoda para el futbolista, que no consigue acabar ningún partido, pese al buen rendimiento.

Valverde decidió el canje natural de Dembélé por Malcom y le salió bien, pues al segundo minuto de estancia del brasileño sobre el césped, recibió un balón, hizo un recorte y halló espacio para el disparo con la zurda. Un latigazo seco que, por su rapidez de ejecución, no pudo reaccionar el guardameta. Los remates a puerta del ex futbolista del Girondins de Burdeos nos recuerda, salvando las distancias, a otro brasileño ilustre, Rivaldo, cuyos remates tenían la característica de incrementar la velocidad en el recorrido del balón.

Un gol muy celebrado por los futbolistas, alineados con la causa de Malcom que está teniendo dificultades de adaptación. Debió de ser el gol del triunfo, que hubiera asegurado el primer puesto de la clasificación de la liguilla.

Sin embargo, esta defensa nos está acostumbrando al fallo de cada partido. Se produjo en un balón que reiteró las zonas de peligro sin un despeje contundente y que, en la fase final, Busquets erró en el pase retrasado a Piqué y la pelota rebotada la ganó Icardi que, con instinto propio de nueve, se revolvió ante Sergi Roberto, algo remiso, para batir a un sorprendido Ter Stegen.

Un gol que agua el vino y deja un sabor agridulce a un Barça que suma diez puntos y que posterga la confirmación del liderazgo del grupo. Si en liga en Vallecas frente al Rayo, la victoria fue un premio excesivo para su escaso bagaje productivo, el empate en la noche lombarda no gratifica suficientemente el caudal de méritos acumulados. O así piensa nuestra pluma.

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