A bote pronto

Al Barça le faltó gol

A nivel de resultados el cierre del periplo culé no ha sido bueno. Antes, al contrario, ha dejado en el marcador sendas derrotas, 2-4 ante la AC Roma y este 0-1 ante el AC Milán. En el debut un empate, 2-2 ante el Tottenham Hotspur en el tiempo de juego, que hubiera resultado victorioso si hubiese precisado mediar en la clasificación la computación de los lanzamientos desde el punto de penalti.

Ernesto Valverde dispuso del que considera el mejor “once” en esta convocatoria: Cillessen; Semedo, Marlon, Lenglet, MIranda; Rafinha, Sergi Roberto, Arthur; Malcom, Alcácer y Munir. Destacaba la primera presencia de Alcácer tras sus molestias físicas y la reiteración de la prevalencia del juvenil Miranda sobre Cucurella.

El partido se jugó con un molesto sol, pero correspondía a las dos de la madrugada en Catalunya, lo que lógicamente menguaría su audiencia televisiva, aún más dificultada por la coincidencia de colores de ambas equipaciones que apenas distinguía los equipos.

Empezó a un ritmo irrefrenable el Barça que sumó cuatro aproximaciones de gol en los primeros tres minutos. Munir acaricia el gol y se produce córner que bota Arthur y la mala salida de Donnarumma no le penaliza. Malcom dispara por encima del travesaño y un balón centrado por Miranda no encuentra al binomio en punta.

En el Levi’s Stadium de Santa Clara el dominio siguió siendo blaugrana con proliferación de situaciones de peligro que no cristalizaron por la falta de definición de sus puntas, con un Munir voluntarioso, pero sin acierto y un Alcácer algo apático. Entre las acciones que no fructificaron, cabe destacar un disparo a la cepa del poste de Malcom y un tiro de larga distancia de Arthur que obligó al lucimiento del guardameta.

Al descanso, Valverde ordena dos cambios: Riqui Puig por Paco Alcácer y el debut en el nuevo curso de Ter Stegen, incorporado más tarde a la gira. El cambio de campo es en positivo y la incorporación del joven canterano de 18 años otorga un mayor dinamismo al juego, perfectamente incrustado con Sergi Roberto, Arthur y Rafinha.

Siguió el dominio blaugrana en esta segunda fase, si bien el calor y la falta de preparación física pasaron factura a los futbolistas. En el último cuarto de hora, entran Abel Ruiz y MIngueza en los puestos de Rafinha y Marlon Santos.

Se pierde un tanto el control del juego y, en la alternancia, las mejores oportunidades son del Barça. Entre ellas un pase filtrado majestuoso de Riqui Puig que Semedo ofrece un control deficiente que le anula el remate a boca de gol. Con los actores permutados, es el centrocampista que remata mordido de volea junto al palo en el minuto 89 malbaratando una oportunidad pintiparada.

En el último suspiro del tiempo de prolongación, hay un despiste defensivo que atañe más a Lenglet. Marcaría André Silva al recoger un pase de Kessié, previo amago de disparo. Gol que daría la victoria al cuadro lombardo.

El fútbol es impredecible y el resultado está al albur de muchas circunstancias y no todas concurren en los méritos futbolísticos exhibidos. Este es el caso de una derrota inmerecida, si bien intrascendente, que no computará en los registros del curso.

En el plano individual, hay que constatar que los dos porteros barcelonistas no fueron exigidos y resolvieron con solvencia sus participaciones en el juego.

En la defensa los centrales cumplieron sin mayores laudos y los laterales mantuvieron las expectativas, de crecimiento del portugués y afianzamiento del canterano andaluz.

En el medio campo, el capitán Sergi Roberto confirmó su calidad, Arthur siguió ilusionando, Rafinha completó una gran gira que puede trastocar los planes sobre su futuro. La irrupción de Riqui Puig, juvenil de 18 años, (“uno de los nuestros”, le dijo en un entrenamiento Leo Messi, aludiendo a su condición de “bajito” y pelotero) ha abierto una gran expectación. Jugó la segunda parte con gran personalidad, desenvoltura e instrucción con y sin balón.

Son palabras mayores, pero la sociedad Arthur – Riqui Puig promete una reedición de la Xavi – Iniesta en un futuro no lejano. Al menos, no es un sacrilegio advertir ya ciertas concomitancias. O así piensa nuestra pluma.

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