A bote pronto

La utopía barcelonista

La Champions League, la  moderna competición que nació en el curso 1992-93, no registra la remontada de un 4-0 en un partido de la ronda de octavos de final. Es un dato estadístico que da fe de la magnitud de la dificultad del empeño.

Una aplicación a la que deberá someterse el FC Barcelona si quiere domeñar una situación que tuvo etiqueta de irreversible en la inmediatez, en la opinión mayoritaria.

Al acechar las fechas del envite, algo está cambiando y el mejor termómetro para da fe de esas sensaciones son las cifras que se barajan en las casas de Apuestas. Han pasado de 17 euros por euro apostado que el FC Barcelona acabaría clasificándose a 9 euros.

Obviamente, la ilusión blaugrana es harto complicada en su materialización, pero se ha instalado un sutil halo de esperanza, moderadamente optimista, que tiene que ver con la rebeldía interna de una afición que no soporta ver a su equipo tan tempranamente eliminado de Europa por noventa minutos aciagos en suelo francés que conmocionaron el concierto futbolístico. Una irracionalidad, una utopía, qué duda cabe, pero también lícitamente alineada con los sueños.

Según manejemos la estadística, puede observarse que la proeza clasificatoria no tiene porqué resultar una entelequia.

En el intervalo de la eliminatoria, el FC Barcelona ha hecho pleno en la liga española con cinco victorias. Una de ellas, frente al Atlético a domicilio que es el subcampeón actual de la Champions League y aspirante a su conquista

Los dos últimos triunfos en el escenario del Camp Nou concluyeron con registros suficientes para proseguir en Europa, caso de emulación. 6-1 frente al Sporting y 5-0 frente al Celta de Vigo, equipo de caché internacional que está clasificado en la Europa League.

Nueve resultados más, repartidos en las tres competiciones y cosechados en este mismo curso futbolístico, alimentan la fe blaugrana. De repetirse, en cuatro de los once encuentros, se igualaría el resultado global de la eliminatoria por lo que se dirimiría en la prórroga el equipo clasificado para los cuartos de final, en tanto que los siete resultados restantes serían válidos para la clasificación directa del FC Barcelona.

Más allá de las estadísticas, los datos objetivos que el barcelonismo maneja tienen que ver con el enorme potencial de su equipo titular. Seis jugadores de campo podrían figurar en la selección ideal europea: Piqué, Busquets, Iniesta, Messi, Suárez y Neymar.

Con un portero como Ter Stegen, también en primera línea competitiva y el buen tono general de los otros cuatro componentes de campo a determinar, principalmente, entre Sergi Roberto, Mascherano, Umtiti, Alba, Rakitic, André Gomes y Rafinha.

En menos de un mes del derrumbe de París, los resultados han devuelto la cara A de los futbolistas blaugranas y sus más eminentes figuras llegan al partido en buen estado físico y anímico.

Andrés Iniesta está siendo protegido en la gestión de minutos, sabiendo que la presencia del veterano puede ser crucial. Si el físico le acompaña no hay en la Europa futbolística ningún centrocampista como él gestionando los tiempos, desbordando para crear superioridad y rompiendo líneas en las asistencias ponderadas en el espacio y el tiempo. Un buen discípulo lo tendrá en las filas del oponente. Se trata del italiano  Verratti.

Por delante del gran capitán, están Leo Messi y Neymar. El  Tetra Balón de Oro  apunta un registro de 38 goles que le catapulta al primer lugar del ranking de la Bota de Oro y llega en un feliz estado de forma. Asirse al astro argentino será el principal refugio para dar crédito a la posibilidad de la gesta.

En el cénit de su carrera está Neymar. Toda una bala en el carril izquierdo con una capacidad de regate excepcional con un sesenta por ciento de éxito y una técnica muy depurada. En estado de gracia no parece que haya defensa que pueda frenarle en buena lid.

El FC Barcelona dependerá del colectivo para acariciar posibilidades reales de posible éxito. Pero este sería imposible, si las prestaciones de Iniesta, Messi y Neymar, como piezas angulares, no están a la altura de su cartel. O así piensa nuestra pluma.

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