A bote pronto

Luis Enrique rectifica a medias

Luis Enrique se descompuso al acabar el partido en  Torino. El pésimo resultado y la mala imagen de París se repetían con escarnio y el técnico no pudo contenerse. En un arrebato, arremetió contra sus jugadores por primera vez, señalándoles como culpables de la debacle del juego, sobre todo en la primera mitad, “me recordó como un tercer tiempo de París”. Antes, durante el encuentro, se había desgañitado desde la banda tratando de corregir errores y reclamando una mejor actitud.

La imagen de un Luis Enrique abatido quedó refrendada en su pesimismo al analizar las posibilidades de otra remontada. El entrenador, descontando los días del calendario que le quedan como tal, puede haber perdido ascendencia sobre los futbolistas. Cuando se publicitó la noticia de su adiós al cierre del curso, se interpretó en positivo, porque apartaban el foco y retiraban un debate de actualidad.

Sin embargo, el tiempo y los malos resultados han jugado en contra y parece contaminar a su segundo técnico, Juan Carlos Unzué, que se postulaba como continuador de la obra. Si se precipitan los pronósticos pesimistas, el entorno requerirá savia nueva y Ernesto Valverde, el sempiterno aspirante, o el “tapado” Óscar García pueden ocupar la cotizada plaza.

Ese conato de divorcio de técnico y jugadores en esta temporada principió al término del partido de París, donde a pie de campo Busquets valoró en positivo la mejor preparación del match llevada a cabo por el técnico Unai Emery.

Luis Enrique hizo un giro en la estrategia que le llevó a dos grandes partidos de liga en el Camp Nou con el Celta y el Sevilla FC de convidados de piedra y una convincente victoria en el estadio Vicente Calderón que le agarraba a la liga al tiempo que descartaba a un rival directo. Todo ello, antes de la histórica remontada del 6-1 ante el París Saint Germain

Pero ese esquema de juego del 3-4-3, aplicado como recurso, pinchó en hueso en los desplazamientos a Riazor y  a La Rosaleda, dejándose más de media liga, hasta llegar a la reiterativa goleada encajada en Europa.

En un cúmulo de contradicciones, el técnico asturiano se ha arrogado “todas las culpas” en genérico, más como principio teórico o conceptual, sin concretar aspecto alguno, pues no desdeña de su planteamiento táctico en Torino, el cual remarca que fue perfecto.

Luis Enrique participa de los errores

Tiene razón Luis Enrique cuando se queja de falta de intensidad en el juego. Frente a la Juventus, sus jugadores corrieron nueve kilómetros menos que el rival, ganaron menos balones divididos y fueron superados en el juego aéreo. Son datos que la estadística refleja puntualmente.

La plantilla estuvo confeccionada con el consenso de Luis Enrique que llegó a afirmar que disponía del mejor grupo de futbolistas. Se contradice de nuevo, cuando ni en París ni en Torino, viendo que el equipo no responde, no apuró los cambios. En suelo galo, ordenó dos cambios y en la capital piamontesa, solo uno al descanso.

En el rombo defensivo colocó a Mascherano, al que el campo ya se le viene grande y en el pivote ofensivo confió en Rakitic que deambuló perdido, escorando a Leo Messi a la derecha.

Le falló Mathieu al que pidió un desdoble de central izquierdo y lateral en connivencia con Umtiti, el principal garante defensivo. Rectificó al descanso, al ordenar el cambio nominal del francés, que quedaría señalado,  por André Gomes, que ocupó el puesto de pivote del argentino, el cual bajó al centro del eje de la retaguardia.

El FC Barcelona no trabajó bien la salida del balón y Massimiliano Allegri que sabe de estas carencias puestas en escena este año ordenó una presión alta que ahogó a los blaugranas. La ausencia del de Badia no supo contrarrestarse ni en la pizarra ni sobre el césped.

En estas consideraciones apuntadas, y otras, las culpas y responsabilidades deben repartirse y la intervención de Luis Enrique, por mucho que su ego le impida reconocerlo, no fue “perfecta”.

El azar también cuenta

Ocurrió en París, con el 1-0 en contra, André Gomes yerra un remate claro que debió ser el empate. En la jugada siguiente, el P.S.G. amplía el score y de la igualada presumible se pasa al 2-0, camino de la goleada.

Se repitió en Torino, Messi pone un balón en bandeja de plata a Iniesta al que siempre le ha faltado destreza en la definición. El manchego no “·rompió” el balón que envió colocado para que Buffon llegara con el brazo extendido en un despeje sensacional. Del 1-1, se pasó, en la inmediatez, al segundo gol de Paolo Dybala.

Luis Suárez tuvo el gol que hubiera metido al equipo en el partido, pero otra vez un sublime Gigi Buffon estuvo al quite salvador llegando a la esquina con enorme rapidez de reflejos y agilidad a sus casi cuarenta años.

En el otro área, todo lo difícil de atorar se convirtió en gol. Pero no fue todo causa del infortunio, Buffon  está casi dos décadas en la élite y está consagrado como uno de los mejores cancerberos de la historia, mientras que a Ter Stegen le queda margen de mejora.

El discurso recupera la ambición

En el transcurrir de las fechas y en la previa de la visita de la Real Sociedad, Luis Enrique ha corregido su discurso en cuanto a la suerte futurible del equipo.

En la rueda de prensa previa, ha moderado matices y ha recuperado la esperanza, tanto en laLiga Santander como en la Champions League.

Pensamos que, frente al equipo donostiarra, el equipo ofrecerá la cara A. La Real no gana en liga en el Camp Nou desde 1991 y lleva concatenadas veintidós derrotas consecutivas.

Si se rompiera la racha victoriosa es presumible que las procesiones de esta semana santa tuvieran continuidad y algún penitente precisara de capirote. Más que santa, la semana sería trágica. O así piensa nuestra pluma.

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