A bote pronto

Luis Enrique prepara su marcha

La sorprendente, por los guarismos escandalosos, derrota del FC Barcelona en París fija un punto de inflexión en el discurrir de la temporada y sus probables efectos de la eliminación europea, acarrea un cisma deportivo que cuestiona todo el curso.

Luis Enrique se disparó al pie; probablemente, a conciencia de que su salida del Barça no tiene marcha atrás. Muchas de las críticas que está recibiendo, algunas injustas por exageradas, se corresponde con gente que le pasa factura por su carácter un tanto prepotente.

El momento actual, empero,  no debe olvidar su bagaje por el que pasará a la historia de los mejores. Hasta el día de hoy, firma 8 de 10 títulos, lo cual está muy por encima de la media histórica del club centenario.

Pero tampoco es difícil entender a las voces críticas que se están amansando, y que no se corresponden necesariamente al hilo de los acontecimientos, a toro pasado. Para muchos, entre los que nos alineamos, en París, hubiéramos convenido otro dibujo táctico con algunas variaciones. De sobras es reconocido que el fútbol tiene tantos entrenadores oficiosos como aficionados a este deporte universal.

En París presenciamos la cara B del Barça en este curso. Una versión decepcionante de la que ya ha dado alarmantes muestras en esta liga que juega en desventaja con el Real Madrid y, también, en las semifinales de Copa del Rey frente al Atlético donde  globalmente fue inferior a su rival, aunque el éxito clasificatorio encubriera los avisos emitidos.

Es o era, el tiempo verbal de presente o pretérito indicativo fija el estado de opinión de cada cual, la Champions League el objetivo más ilusionante, después de renovar el segundo año los títulos domésticos de Liga y Copa. No lo pareció  así en su puesta en escena en el Parque de los Príncipes donde sucumbió con estropicio.

Un duro correctivo, cifrado en un cuatro a cero, que casa mal con la aureola del equipo y el prestigio internacional de sus estrellas, con el astro Messi al frente.

Obviamente este resultado, muy difícil de contrarrestar, marca una temporada, si se confirma la eliminación en octavos de la gran competición europea. Convengamos que el botón de alarma, ya se había encendido previamente.

Crisis de relaciones de la plantilla con el entrenador

Estas relaciones atraviesan unos momentos delicados y se ha generado un brote de desconfianza de los jugadores a las decisiones del cuerpo técnico que va “in crescendo”.  El empate en Anoeta, que mejoró resultado anterior pero no cubrió expectativas, ya fue tildado, implícitamente, como insuficiente a pie de campo por Gerard Piqué: “Si seguimos así, no ganaremos la liga”.   

De entonces acá, han sucedido otros episodios de desgaste que han producido reveses deportivos. Algunos paliados por escandalosos errores arbitrales que han perjudicado con sospechosa sintomatología los intereses barcelonistas.

Hastiado de perjuicios por el arbitraje, Gerard Piqué señaló públicamente a los estamentos deportivos en los despachos, pero no solamente se quedó solo en la denuncia, sino que fue desmentido por su entrenador. Ante la magnitud y frecuencia de estos contratiempos arbitrales, el Club optó por una línea de prudencia y acatamiento como táctica de docilidad. Algunos futbolistas interpretaron en ello que les dejaban solos, para poner la otra mejilla.

Sobre el césped de París, habló el cuarto capitán, Sergio Busquets, en entrevista de obligada concesión a la televisión y lanzó un dardo envenenado que a nadie dejó indiferentes: “Nos superaron tácticamente, esperábamos otra cosa”.

Discrepancias deportivas

El FC Barcelona invirtió la friolera de 122 millones en reforzar el equipo y, básicamente, la plantilla, en lo que se ha dado a conocer como fondo de armario, aunque esa frase acuñada en Francia tenía, en su origen, una interpretación inversa.

De las seis incorporaciones, cuatro de ellas, – Cillessen, Digne, Denis Suárez y Alcácer – son futbolistas poco utilizados en tanto que Umtiti y Andrè Gomes cobran mayor protagonismo en perjuicio de Mascherano y Rakitic.

El defensa francés tiene un porvenir halagüeño y la lesión de Mascherano le facilitó una nueva oportunidad, cortándose de raíz todos los progresos exhibidos. Estuvo lento, poco expeditivo y jugó a precario con una tarjeta de amonestación a sus espaldas desde el inicio.

Por su parte, el portugués anduvo perdido sobre el rectángulo, con poca capacidad de reacción, más gélido que frío en su fútbol poco pasional que no trasciende a su público. Tuvo en sus botas una oportunidad de gol clamorosa que hubiera significado el empate a uno al filo de la media hora de juego.

No parece tener el centrocampista el predicamento de sus compañeros, que no entienden el ostracismo que Luis Enrique está sometiendo al croata. Es sentir general que Iván Rakitic dota al equipo de mayor equilibrio y ofrece mejores prestaciones de ayuda a Sergi Roberto, lateral impostado.

La marcha de Alves no ha sido subsanada a conveniencia. Sergi Roberto sufre en defensa cuando le encaran  delanteros con oficio en las bandas y aún padece más cuando está en situación de inferioridad numérica. Tiene buena lectura del juego y disciplina táctica, pero no se proyecta por la banda en línea de tres cuartos y traslada el juego al interior de su lado.

Los tumbos de Luis Enrique

Luis Enrique, fiel a su lema, de “sostenella y no enmendalla” se empecinó en la asignación del puesto de lateral al reusense Sergi Roberto, por delante de Aleix Vidal – ahora tristemente descartado para todo el cuso por lesión – . Ello a pesar que el fichaje millonario del de Puigpelat fue un empeño personal de “El Lucho”, para luego postergarle en una situación nunca esclarecida.

No es partidario el técnico de dar demasiadas explicaciones a sus pupilos, acerca de sus decisiones, donde gusta imponer el principio de autoridad.

El modelo ganador del FC Barcelona ha sufrido mutaciones importantes y no todas al obligado cambio nominal por el transcurrir del calendario biológico. Ahora el equipo se junta menos, juega más en largo y los interiores sufren un gran desgaste, al igual que el mediocentro, Sergio Busquets que tiene que multiplicar esfuerzos, como ya advirtió Quique Setién, entrenador del Las Palmas:”A este paso, no podrá durar mucho (Busquets)”.

La apuradísima clasificación para la final de Copa, insufló de ánimos al míster que espetó en rueda de prensa: “Mirad el bosque y no los árboles, hay muchas cosas positivas”.

Si le hacemos caso, miramos el bosque y vemos un terreno árido poco abonado para la continuidad en Europa. Pero en el discurso de Luis Enrique prevalece la impostura y recrimina al periodista “el tono” de las preguntas en el postpartido parisino y le emplaza a utilizarlo igual, con el mismo reparto de méritos, cuando las cosas funcionan bien.

El periodista Jordi Grau ha desmentido con rotundidad que Luis Enrique, al acabar la entrevista, fuera a por él de malas maneras, como ha denunciado una periodista de “La Sexta”, resabiada por otros desplantes del técnico a su persona y que libra otras batallas alineadas al medio hostil hacia el FC Barcelona en el que trabaja.

La renovación del asturiano está en el alero y no parece que la directiva tenga la intención de tomar la iniciativa. Quizá confíe en que sea el técnico que ponga colofón. Tres años parecen suficientes en un banquillo tan exigente.

Si el deseo de Luis Enrique fuera continuar, también quedaría supeditado a la voluntad de Leo Messi, de cuya renovación se abre enésimo capítulo. El de Rosario, además de las condiciones económicas acordes a la realidad del mercado, exigirá un marco favorable de competencia deportiva que pueda colmar sus aspiraciones de pódiums, personales y colectivos. Este matrimonio de conveniencia parece tornar a la crisis. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper on twitter