A bote pronto

Los sentimientos del francés Theo Hernández

Son muchos los aficionados españoles que abominan de Gerard Piqué y que le atribuyen falta de sentimientos para defender la camiseta de la selección española. Es un discurso reiterativo que tiene su enfoque principal en la meseta y que se ha extendido como un reguero de pólvora por la geografía española.

No hay una base argumental, derivada de las condiciones futbolísticas del jugador, que apoyen esa prevención, pues presenta un curriculum irrefutable que contempla su paso por las distintas selecciones de la roja desde los quince años con el aporte de su calidad y de su compromiso encomiable.

Todo el recelo proviene del posicionamiento político del catalán, que no repara en hacerlo público, utilizando los ciento cuarenta caracteres del twitter. Nunca se ha manifestado como independentista; sin embargo, tal condición se le otorga por decreto y bajo esa aureola se le juzga con distancia y se le cuestiona su convocatoria.

“Se necesitan jugadores que sientan los colores nacionales” y en ese axioma se excluye la contribución intachable de Piqué. El caso es que el futbolista es silbado con contumacia en cada partido de la selección que se juega en suelo español y, últimamente, por mimetismo, también ocurre cuando se enfunda la elástica blaugrana en algunos estadios españoles.

Este nacionalismo español exacerbado que se aplica con Piqué es ciertamente novedoso. En los años 60, Di Stéfano, Kubala y Puskas, fueron nacionalizados españoles y jugaron con “la roja” el Mundial de Chile-1962, a pesar de que ya habían triunfado con la camiseta de sus países. Esta práctica ya quedó felizmente proscrita por un reglamento renovado.

Últimamente, en rueda de prensa de la selección, se presentó voluntario Piqué. Fue pródigo y receptivo, pero le sirvió poco. Un comentario levantó ampollas: “Creo que un independentista podría jugar en la Selección española. Porque no hay selección catalana y porque el independentista no tiene nada en contra de España”.

En la actualidad hay varios futbolistas que están en la disyuntiva favorable de elegir una selección y, hay casos como el de Leo Messi que eligió por sus sentimientos y otros que lo hacen por la oportunidad de acceso. Un ejemplo es Fernando Amorebieta, antiguo central del Athletic Club que, viendo difícil la convocatoria con España, eligió Venezuela por sus orígenes ancestrales.

Munir El Haddadi, sería otro ejemplo. España le hizo debutar prematuramente para asegurarse su continuidad en el futuro. Empero, el crecimiento profesional del jugador está sufriendo un prolongado estancamiento y la selección le queda lejos. Ahora, gestiona con la FIFA, su autorización para que pueda jugar con la selección de Marruecos, no contabilizando los minutos del partido amistoso jugado con España.

Y nos llega el caso de Theo Hernández, futbolista que el pasado curso jugó con el Alavés, bajo contrato atlético y que esta temporada fichó por el Real Madrid, que satisfizo su cláusula de rescisión de contrato. Está decepcionado con el seleccionador francés que no le ha llamado por dos veces consecutivas, para la selección Sub 21 de Francia y valora jugar con España.

Ha efectuado unas declaraciones que derrumban criterios fundamentalistas sobre los sentimientos requeridos para jugar con “la roja” y aplicados a Gerard Piqué.

“No me cierro la puerta de España porque ya son dos convocatorias que no me llama la sub 21 de Francia y me pone de los nervios. Si siguen sin llamarme, veré otras opciones”.

De ello se colige, que las decisiones tendrán que ver con la oportunidad deportiva y menos con los sentimientos, que pueden ser maleables en función de las prioridades. Puede darse la circunstancia que su hermano Lucas Hernández central del Atlético juegue con Francia y Theo con España. Ya sucede con los hermanos Alcántara: Thiago juega con España y Rafinha lo hace con Brasil.

Entre el amor(sentimiento) y el dinero (interés deportivo), lo segundo es lo primero.  Sabio adagio. Pues eso, que nadie se rasgue las vestiduras. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper