A bote pronto

La épica estuvo en la grada del Camp Nou

La empresa resultaba monumental y para los analistas deportivos fuera del alcance del actual FC Barcelona. Sin embargo, cada cual tiraba de estadísticas que favorecieran sus vivencias pasionales, de tal suerte que el aficionado acudió en masa, casi cien mil espectadores cubrieron las inmensas gradas, con la ilusión renovada.

La “remontada 2” no fue posible porque la improbable conjunción de factores no se dio cita en la noche catalana del 19 de abril como lo hiciera en la memorable eliminatoria anterior frente al PSG francés el 8 de marzo que pasará a los anales de la historia balompédica en blaugrana.

FC Barcelona 0 Juventus 0 , intervinientes

FC Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba, Rakitic, Busquets, Iniesta, Messi, Suárez, Neymar. Cambios: Alcácer por Rakitic (m. 57); Mascherano por Sergi Roberto (m. 77).

Juventus: Buffon; Alves, Bonucci, Chiellini, Sandro, Khedira, Pjanic, Guardado, Dybala, Mandzukic, Higuaín. Cambios: Barzagli por Dybala (m. 74); Lemina por Cuadrado (m. 83); Asamoah por Higuaín (m. 88).

Árbitro: Björn Kuipers (4), holandés.Mostró tarjetas a Iniesta (m. 41), Neymar (m. 44), Chiellini (m. 57), Khedira (m. 64).

Camp Nou: Casi lleno con 96.290 espectadores.

La Llotja: En el palco, entre otras personalidades, se encontraban el presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont; y el ministro de Educación, Cultura y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo.

Luis Enrique volvió al esquema clásico

El técnico proyectó la proeza en base a un dibujo táctico del 4-3-3, más reconocible por la plantilla. Dos laterales de largo recorrido, dos centrales con perfiles complementarios, un pivote, dos interiores y la “msn” arriba. Esta vez, Mathieu, muy señalado en las últimas derrotas, ni siquiera se vistió de corto.

Piqué fue la sombra de Higuaín, Umtiti ganó su duelo personal ante el goleador en la ida, el joven argentino Dybala. El juego se decantó más por la izquierda, con Alba y Neymar en competencia con Cuadrado y Alves, que procuraban un marcaje zonal, plural y escalonado sobre el brasileño, con la inestimable colaboración de Miralem Pjanic. El futbolista bosnio, tras la marcha de Paul Pogba al United, se ha convertido, por su capacidad física y técnica, en un motor insaciable y referencia obligada en el centro del campo bianconero.

El listón de permisividad del arbitraje se puso de manifiesto en el tercer minuto del encuentro. Samu Khedira entró con desproporcionada fuerza a Busquets en la zona de tres cuartos italiana y el colegiado holandés Kuipers se le obturó el silbato.

Un arbitraje para nada amable con el equipo anfitrión, al contrario de lo que es común denominador en la Champions League, como habíamos visto veinticuatro horas antes en el escandaloso y parcial arbitraje del húngaro Kasai en Madrid.

Fue un arbitraje sin concesiones, incluso severo con el equipo de casa al ser consentidor de algunas acciones forasteras que bordearon la licitud reglamentaria. No influyó en absoluto en la suerte de la eliminatoria. Si acaso, en la del partido, pues pudo señalar penalti en la frontera del minuto 90 por un despeje codal de Alex Sandro con el que repelió un centro de Busquets.

Pronto se advirtió la constatación de que la experimentada “vecchia Signora” no tenía nada que ver con el PSG francés, pendiente de hacerse un cartel en Europa a pesar de su plantilla de estrellas que atesora en los últimos años.

El técnico Massimiliano Allegri dispuso un equipo valiente, que inició el partido con presión alta, ahogando el control del juego blaugrana, reproducido a menor revoluciones, consecuencia de tener que asegurar el control del balón. Un equipo que prescindió en el inicio de su tercer central, el acreditado internacional Barzagli, a pesar de tener como objetivo prioritario defender el resultado de Torino.

El oficio defensivo juventivo se impuso desde el primer momento. Suárez y Messi fueron tapados por sus defensores, hasta anular por completo al uruguayo y mantener lejos de las zonas letales al argentino. Las evoluciones de Messi y sus basculaciones, perfectamente estudiadas, se topaban con un mar de piernas que le cerraban el paso. La eficacia de esta defensa lo ponen de manifiesto los datos espectaculares que ofrece la estadística: Solo dos goles encajados en diez partidos europeos.

Neymar fue el más persistente en la jugada individual, donde acostumbraba a salir airoso en primera y segunda instancia para dejar la jugada inconclusa ante el conglomerado italiano, alineado como barrera inexpugnable.

Con mayor persistencia blaugrana, hubo alternancia en el juego y los italianos desprendían situaciones de peligro cuando montaban algún rápido contraataque con una defensa, numéricamente, bajo mínimos. En este sentido, cabe destacar las actuaciones de Piqué y Umtiti, ganadores en duelos individuales en acciones de desamparo, muy alejados del marco de Ter Stegen, el cual también tuvo dos intervenciones de mérito, en especial en un disparo de Cuadrado en la segunda parte, cuando ya parecía que la suerte de la eliminatoria estaba echada.

El ataque barcelonista fue más pertinaz que peligroso y se tradujo en trece córners concedidos por la zaga transalpina. Solo contabilizamos un chut de Messi entre los tres palos y otros muchos alejados de los tres palos. No fue una noche brillante rematadora del astro de Rosario forjado en La Masia, que no transformó sus opciones.

Barça y Juventus, distintas evoluciones

En mayo del 2015, el FC Barcelona ganó su cuarta Champions League, o quinta si se suma la última edición de la vieja Copa de Europa disputada el 20 de mayo en Wembley, precisamente frente a la Juventus en Berlín.

De inicio, por parte blaugrana, repitieron nueve futbolistas, con la única savia nueva de Sergi Roberto y Umtiti.  Por los bianconeros, justo lo contrario. Solo dos repitieron: Buffon y Bonucci.

El fútbol se mueve por las urgencias que marcan los resultados. Cabe pensar que si el marcador de Berlín hubiera sido otro, las renovaciones de ambas plantillas hubieran sido opuestas, muy probablemente.

El Barça perdió la eliminatoria en la ida de Torino con una actuación muy deficiente en aptitud y actitud. En el Camp Nou, el escenario cambió y el equipo no bajó los brazos y actuó con dignidad y vergüenza deportiva. Así lo apreció la afición que cerró los últimos compases del partido con cánticos y ondeo de banderas blaugranas en una comunión perfecta. La imagen llorosa y desconsolada de Neymar camino de vestuarios es la mejor testificación.

La semana ha empezado mal, pero tiene recorrido hasta el domingo donde se visita el estadio Santiago Bernabéu y está en juego las últimas esperanzas de agarrarse a la liga. En ello pensaba la afición cuando despedía a su equipo, confiando haber caído ante el futuro campeón.  O así piensa nuestra pluma.

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