A bote pronto

El FC Barcelona rescribe la historia

La empresa parecía imposible, pero en el transcurrir de las fechas y las horas un halo de esperanza cundió en el barcelonismo más militante, al amparo de los últimos resultados y las declaraciones de los actuantes como el entrenador Luis Enrique que se mostraba categórico: “Si ellos nos metieron cuatro, nosotros les podemos meter seis”.

Todo concluyó con el éxtasis colectivo en el segundo 39 del minuto 95. Ter Stegen, ocupando líneas de vanguardia a la desesperada, había sido objeto de falta en el medio campo francés al recuperar un balón errado por Arda. Evoluciona Neymar que recorta a Verratti y envía un balón dulce por encima de los centrales franceses y allí penetran Piqué y Sergi Roberto, siendo el de Reus el que alcanza el balón con la punta de la bota para elevarlo sobre la salida desesperada del guardameta Trapp. Se había consumado la proeza más inverosímil y el estadio del Camp Nou celebró la gesta entre la alegría deslumbrante y la incredulidad de quienes se frotaban los ojos para cerciorarse que el sueño era real.

FC Barcelona 6, P.S.G. 1, intervinientes y goles

FC Barcelona: Ter Stegen; Mascherano, Piqué, Umtiti; Busquets, Iniesta (Arda Turan, min.65), Rakitic (André Gomes, min.84), Messi; Rafinha (Sergi Roberto, min.76), Suárez y Neymar.

Paris Saint-Germain: Trapp; Meunier (Krychowiak, min. 90+2), Thiago.Silva, Marquinhos, Kurzawa; Rabiot, Verratti, Matuidi; Lucas Moura (Di Maria, min.55), Draxler (Aurier, min.75) y Cavani.

Goles: 1-0, min.3: Suárez. 2-0, min.40: Kurzawa, propia puerta. 3-0, min.50: Messi, de penalti. 3-1, min.62: Cavani. 4-1, min.88: Neymar. 5-1, min.90: Neymar, de penalti. 6-1, min.90+5: Sergi Roberto.

Árbitro: Deniz Aytekin (GER). Mostró cartulina amarilla a Matuidi (min.5), Draxler (min.14), Piqué (min.23), Busquets (min.36), Cavani (min.43), Rakitic (min.61), Neymar (min.64), Suárez (min.67) y a Verratti (min.90+4).

Incidencias: Asistieron al encuentro 96.290 espectadores en la vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones disputada en el Camp Nou. En el palco, entre otras personalidades, se encontraban el presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont; la presidenta del Parlament de Catalunya, Carme Forcadell y las alcaldesas de Barcelona, Ada Colau, y de París, Anne Hidalgo.

Puesta en escena ideal para la remontada

El público había respondido a la demanda. Palabras proféticas de Gerard Piqué: “Quien no venga al estadio, puede arrepentirse toda su vida”. Con 96.240 espectadores con billete, más todo el personal de distintos servicios se alcanzaba una cifra récord en el fútbol actual, desde que todas las localidades son de asiento, de cien mil personas que, casi completaban el aforo.

El ondear de banderas con los colores y escudo del Club y la senyera catalana ofrecían una imagen espectacular que impresionó a los franceses de la grada y tuvo repercusión negativa para su equipo sobre el césped.

El irremontable 4-0 en los anales de la Champions League tuvo la fecha de caducidad en el 8 de marzo de 2017, por obra y gracia del FC Barcelona, el equipo más representativo de este siglo XXI que está firmando su segunda década prodigiosa.

Luis Enrique fue audaz

Luis Enrique ya anunció que había que arriesgar y lo llevó a cabo alineando una defensa de tres centrales, sacrificando a los laterales titulares Sergi Roberto y Alba. Pobló el medio de campo en un rombo irregular con Busquets en las puntas interiores y Rakitic e Iniesta en los vértices exteriores y con el ojo avizor de Rafinha y Neymar para ofrecer ayudas desde la lateralidad. Arriba un gallardo Luis Suárez fijando a los centrales.

No se había cumplido el tercer minuto y los nervios aflorados en la defensa gala les proporciona el primer disgusto. Un error en el despeje de Thiago Silva es aprovechado por Luis Suárez que con la testa supera la acción de Trapp. El balón es despejado por la defensa cuando ha superado casi un metro la línea de gol, lo que otorgó unas décimas de segundo de dramatismo hasta cerciorarse del refrendo arbitral.

El FC Barcelona jugaba con una intensidad extrema y un sentido de anticipación de sus defensas que atornillaban a los franceses y les dejaban sin balón. Neymar desbordaba por su banda, pero no se producían situaciones de gol claras para superar la defensa visitante muy asistida en unidades.

En este tiempo se producen dos acciones objeto de polémica. Una caída de Neymar en  el área, impulsada por su propia inercia y una mano en el brazo de apoyo de Mascherano cuando se lanza a ras de hierba a despejar el balón. Parece que el colegiado germano acierta en no sancionar estas acciones.

Llega el segundo gol en el minuto 40 en un pase profundo de Neymar a Iniesta que acude en desventaja, pero le roba la cartera a Marquinhos para centrar de tacón y ser Kurzawa el que toca el balón con destino equivocado.

Se llegó al descanso con un 2-0 que promediaba en el guion el reto de la remontada. El cuadro parisino mostraba déficits de concentración y no mostraba el empaque propio de un equipo grande. El objetivo estaba al acecho.

Segundo período. Del desengaño a la ilusión

Aparece el equipo francés mejor situado en el campo, avanzando diez metros sus líneas y alcanzando un tercer pase consecutivo. Sin embargo, en una jugada desgraciada de Meunier, muy exigido en el marcaje a Neymar, se resbala y desde el suelo impide, por derribo,  la continuidad del brasileño. A Leo Messi le corresponde tomar la responsabilidad y lanza el penalti con potencia, imposible para Trapp, aunque adivinara la dirección a su palo derecho.

La eliminatoria quedaba a un gol con cuarenta minutos por delante en la olla del Camp Nou. La empresa estaba al alcance. Unai Emery mueve fichas y retira a Lucas Moura para hacer entrar al ex madridista  Di María, por lo común bestia negra cuando se enfrenta al Barça. El cambio resultaría efectivo.

En el minuto 62, una jugada por la derecha del ataque galo, la culmina el uruguayo Cavani, desde el centro del área con un certero chut imparable. Todo el trabajo desarrollado se venía abajo, el esfuerzo en aguas de borrajas y el abatimiento de la grada se transmite a los blaugranas en la alfombra verde. El FC Barcelona quedaba a tres goles de la clasificación a menos de media hora. Ahora sí parecía que la suerte estaba echada.

Ángel Di Maria celebra la buena nueva de forma poco deportiva, invitando a callar al público.

En el minuto 64 pudo poner la puntilla el propio Cavani con un segundo gol, pero el pie izquierdo de un providencial Ter Stegen salva la situación in extremis.

Tras esos momentos de zozobra, público y jugadores se reivindican sobre la alfombra verde. Los unos con cánticos reivindicativos sobre la grandeza del club y los jugadores persistiendo en la elaboración de su fútbol. Sin embargo, los minutos transcurren sin novedad y la eliminación parece irreversible, quedando el purito de haber competido con la cabeza alta.

Se alcanza el minuto 85 y el juego arriesgado local provoca una contra con Di Maria que es cortada en el área enérgicamente por Mascherano en una acción susceptible de ser sancionada con la pena máxima.

Llegamos al minuto 88 y Neymar es objeto de falta, con Messi, cabizbajo, que se aleja del balón. El único lanzador posible es el brasileño que conecta un disparo parabólico con la precisión y potencia necesarias para hacer baldía la estirada de Trapp. Un gol extraordinario que abría una pequeña brecha de esperanza.

Es el minuto 90 y Luis Suárez porfía un balón con Marquinhos y cae en el área. Deniz Aytekin observa penalti. Messi cede la responsabilidad a Neymar y el brasileño se asegura el gol engañando al cancerbero.

El milagro estaba a un gol y ya en el tiempo de prolongación. La proeza se consumó según describimos en el inicio de esta crónica a vuela pluma, escrita desde la emoción de una noche  legendaria.

Por las primeras reacciones que observamos, está más crispada la prensa española de Madrid con el arbitraje que la francesa. Muchos tuvieron que cambiar el guion, consecuencia del final imprevisto. Los de la pluma lo han podido hacer en discreción en razón del trabajo en diferido.

En un programa televisivo de audiencia menor de mucho ruido nocturno, han vuelto hacer el ridículo, editorializando verbalmente con un elocuente  “No ha podido ser” que encerraba satisfacción propia, cuando faltaban tres minutos para la conclusión. Ese locutor no tuvo en cuenta el adagio tantas veces repetido por el desaparecido Gaspar Rosetti de que “hasta el rabo todo es toro”.

Quedémonos con las declaraciones de Thiago Silva: “Tapabas a uno de ellos y te salía otro. .. Así es imposible”.  El brasileño supo perder, como también Unai Emery, que, por otra parte, es justo que lamentara el distinto criterio del colegiado germano en las áreas y es que los colegiados de la Champions League acostumbran a ser caseros. O así piensa nuestra pluma.

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