A bote pronto

El Barça suspendió la asignatura del compromiso

El fútbol en general premia el esfuerzo y el sacrificio y en el Parque de los Príncipes de París hemos visto una exhibición de solidaridad en el empeño a cargo de los futbolistas del París Saint-Germain que han pasado por encima de los blaugranas.

Los hombres de Luis Enrique se han comportado en el rectángulo como alma en pena, perdiendo todas las pelotas divididas. Un equipo sin fundamento, descosido en sus líneas, sin fe en sus posibilidades, bajo tormento en su nadería y desprovisto de la mínima moral para revertir una situación diáfanamente desfavorable.

Quienes no somos parcos en el elogio, reiterado afortunadamente en una época prodigiosa, tenemos autoridad moral para señalar , sin ambages, aspectos que nos han decepcionado y van mucho más allá del típico mal día, común en un deporte donde influyen factores endógenos y exógenos.

Hoy el FC Barcelona ha suspendido en actitud y en aptitud. No sabemos en qué orden y si una circunstancia ha comportado la otra.

París Saint-Germain 4 – FC Barcelona 0, intervinientes y goles

París Saint-Germain: Trapp; Meunier, Kimpembe, Marquinhos, Kurzawa; Matuidi, Verratti (Nkunku, m.70), Rabiot; Di María (Lucas, m.61), Cavani, Draxler (Pastore, m.86)

FC Barcelona:Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Alba; André Gomes (Rafinha, m.58), Busquets, Iniesta (Rakitic, m.72); Messi, Suárez, Neymar

Goles: 1-0, m.18: Di María; 2-0, m.40: Draxler; 3-0, m.55: Di María; 4-0, m.71: Cavani

Árbitro: Szymon Marciniak (POL), amonestó al local Rabiot y a los visitantes André Gomes, Busquets y Rafinha.

Incidencias: Partido disputado en el Parque de los Príncipes de París ante 49.500 espectadores. Casi lleno.

Desmembramiento táctico del Barça

Este FC Barcelona que ya levantó la voz de alarma en diferentes pasajes de esta misma temporada ha concitado todos los registros negativos ante un equipo que se ha ido creciendo ante la escasa oposición planteada por el cuadro de Luis Enrique.

Ter Stegen retrasó con sus intervenciones de calidad los registros goleadores franceses y solo Neymar, como jugador de campo acarreaba peligro real y mostraba ese plus de compromiso.

El centro del campo fue un juguete roto en los pies de Verratti y Rabiot a los que se sumaba la capacidad física del omnipresente Matuidi, con Draxler y Di Maria jugando entre líneas, creando superioridad numérica en la zona ancha.

Unai Emery demostró que había estudiado a fondo el partido y confió en el ex madridista Di Maria que había perdido protagonismo en el once titular tras el fichaje de invierno del joven Draxler, posponiendo el concurso del velocista Lucas Moura para la recta final.

Frente a esa locomotora lubricada, potente en número y cualificación, la escuadra blaugrana puso escasa resistencia. André Gomes sigue en su largo período de adaptación y su fútbol un tanto hierático no transmite las mejores sensaciones, en tanto que Busquets e Iniesta, salidos de lesiones, lidiaron en inferioridad física y en confusión táctica.

Arriba, deslavazados estaban los componentes de un desconocido tridente, con un Messi desconectado del juego, que bajaba a recibir el balón y lo perdía por un marcaje múltiple del que sus compañeros no supieron extraer ventajas de desmarque y por el pertinaz empeño de la jugada individual.

Por su parte, Suárez quedaba ahogado entre el novato Kimpenbe y el experimentado Marquinhos, sin poder combinar con sus compañeros y no pudiendo estirar al equipo.

Solo quedaba Neymar, que ya en el segundo minuto le forzó una tarjeta a Rabiot que le frenó de una tarascada su incursión por el carril. También tuvo el brasileño un control multiplicado, sin que Alba o Iniesta supieran beneficiarse de su mayor disponibilidad.

Los franceses dominaban el juego y suyas eran todas las pelotas divididas, reiterando la apertura de vías de agua por los francos donde Sergi Roberto y Alba mostraban debilidad y denotaban la falta de asistencia en la ayuda. Taponaban por el centro Piqué y Umtiti, que fueron superados con frecuencia.

Ante este alud de juego, los goles era cuestión de esperar. El primero llegó en una falta frontal que incurrió un inusualmente lento Umtiti y que Di Maria transformó magistralmente superando la barrera.

Cerca de la media hora se produjo la que sería mejor jugada visitante en una galopada de Neymar con apoyo en Luis Suárez que cedió al desmarcado André Gomes que no supo definir ante Trapp que envió el balón a córner.

Antes del descanso caería el segundo gol que se correspondía con los méritos locales, en un contraataque en superioridad que culmina Draxler en posición de “ocho” cruzando el balón. Lo había propiciado una pérdida de balón en zona peligrosa de Leo Messi.

Segundo tiempo, más de los mismo

Se advirtió desde la primera pérdida de balón en la reanudación que el juego iba a regirse por los mismos derroteros.

El Barça sufría sin balón y ponía el pie una décima más tarde. El lateral Meunier roba un balón en defensa y se proyecta al ataque en carrera maratoniana, libre de obstáculos, para ceder a Di Maria. El argentino, con la frágil presencia de Iniesta y Umtiti se procura espacio para disparar con rosca a la esquina superior, lejos del alcance de Ter Stegen para dar forma a la goleada.

Faltaba más de media hora y no había reacción. Hubo la habitual permuta de interiores y Rafinha y Rakitic pusieron más ardor en la lucha desigual. El cuarto, que da cuerpo a la debacle, se produce cuando el croata estaba dispuesto a saltar sobre el terreno de juego. Fue consecuencia de otra transición rápida que puso colofón Cavani de disparo seco de primera al palo corto.

Que no era el día del Barça se puso de manifiesto cuando en el penúltimo minuto, Umtiti remata al palo una asistencia de Piqué, a la salida de un córner. De producirse el tanto, se hubiera abierto un atisbo de esperanza atendiendo viejas proezas.

Muy lejos en el calendario quedaba la fecha del 26 de junio de 1952 donde el equipo de Kubala, el “de las 5 Copas” ganaba por 4-2 a la Juventus de Turín en este mismo escenario del Parque de los Príncipes, en su primera visita.

Más cercana en el tiempo, estaba la victoria de la Champions League obtenida frente al Arsenal en el año 2006, de los que quedan Messi e Iniesta, si bien el argentino no pudo jugar por lesión y al de Fuentealbilla le postergaron su participación hasta la segunda mitad porque el holandés Frank Rijkaard prefirió a su compatriota Van Bommel.

¿Cisma en el vestuario?

Los equipos que están alineados con las victorias, y el Barça es un equipo ganador, acostumbran a tener mala digestión cuando llegan las vacas flacas. Se habla de desconexión de jugadores y entrenador, preocupa Messi y su renovación en el aire, vuelven a quedar al descubierto los refuerzos de este año con una inversión de 122 millones de euros.

El peor síntoma es la reacción de Luis Enrique que cuestionó las preguntas del periodista de TV3, Jordi Grau, que, educadamente, era portavoz de la inquietud de la afición. Quizá fue el primer aviso de que quiere cerrar su ciclo.

Tiempo al tiempo. Se avecinan borrascas. O así piensa nuestra pluma.

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