A bote pronto

El Barça ha luchado contra los elementos

Se acaba la temporada futbolística y muchos aficionados al fútbol podrán sentir en su fuero interno una cierta sensación de estafa, si se confirma el previsto triunfo del Real Madrid en la competición.

Una sola liga en ocho años es un bagaje muy pobre que había que corregir “por lo civil o por lo criminal”, parangonando al ínclito periodista, ex director de Marca.

El entrenador atlético Cholo Simeone no erró del todo su veredicto cuando proclamó que esta liga estaba preparada para que la ganara el Real Madrid. Lo sentenció para el curso 2015-16 y, simplemente, se difirió una temporada porque los deméritos acumulados propios fueron de tal magnitud, cambio de entrenador incluido, que no pudieron compensarse con ayudas extras.

En los albores de la incipiente democracia española, presidía el Comité Nacional de Árbitros el inefable madridista confeso, José Plaza. Con él al control y mando de los señores del pito, el FC Barcelona no obtuvo ningún trofeo liguero en su segunda larga etapa. Ya lo vaticinó uno de sus colegiados, el árbitro madrileño Antonio Camacho, obligado a retirarse, en una aseveración explosiva: “Mientras Plaza sea presidente, el Barcelona no volverá a ser campeón”.

La premonición se cumplió a pies juntillas en esa segunda fase, la más larga que duró quince años. Plaza estuvo al frente del arbitraje español en varias etapas (1967-1970 y 1975-1990), tiempo en el que el Real Madrid ganó 11 títulos por dos el Atlético, Real Sociedad y Athletic. El FC Barcelona solo ganó uno: 1984-85

Se va a cerrar un año balompédico que se asemeja a esas aciagas décadas pasadas en blanco y negro, donde el fútbol teledirigido se añadía al pan y circo, para solaz entretenimiento de la inacabable posguerra española.

La impresión es que personajes como Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional y  el cántabro Victoriano Sánchez Arminio, presidente del Colegio Nacional de Árbitros desde 1993, han hecho, como mínimo, tantos méritos para que el Real Madrid sea campeón como los empleados que están en nómina blanca, incluido Cristiano Ronaldo.

Tiempo habrá de escrutar el listado de incidencias que ha provocado que el Real Madrid dispute la conquista del título de liga esta última jornada en situación de ventaja.

Las irregularidades que han favorecido al Real Madrid ha indo in crescendo durante la temporada y el colofón ha quedado bien patente en los últimos tres puntos sumados, consecuencia de un partido aplazado a fechas de conveniencia.

El Real Madrid – Celta de la jornada 21 fue suspendido por fuerza mayor, en contra de la voluntad blanca que no le importaba poner en jaque la seguridad de los asistentes jugando el partido, sabedor de la situación deportiva en precario que atravesaba el rival. Se impuso a las gestiones de Florentino Pérez recurriendo a sus influencias, el buen tino del alcalde de la ciudad de Vigo que por motivos de seguridad, no autorizó la apertura del recinto municipal.

Sin embargo, el Real Madrid acabaría obteniendo ventaja al diferirse hasta después de la jornada 37 la celebración de ese partido, en fechas que contravienen la normativa de la Liga de Fútbol Profesional que regula fechas y horarios comunes para las dos últimas jornadas.

Ese as en la manga blanca puede ser decisivo. Y para que así fuera, el  Comité de Apelación fue previsor. Después, sobre el terreno de juego de Balaídos, el colegiado Martínez Munuera practicó un arbitraje singular, pleno de incoherencias y errores unidireccionales.

Con los antecedentes sobre Neymar al que no se le aplicó la cautelar y no pudo jugar el clásico por “aplaudir” expulsado en el camino de vestuarios, si se hizo con Nacho, al que el Comité de Apelación rectificó al Comité de Competición, permitiendo que quedara el futbolista  a disposición de Zidane para proteger al equipo de cualquier contingencia por falta de defensas disponibles.

Sobre el terreno, pareció fuera de juego el segundo gol madridista, recién comenzado el segundo tiempo. Obra, como el primero de Cristiano Ronaldo que jugó acumulando cuatro tarjetas y porque en la fecha anterior frente al Sevilla FC había quedado incólume su agresión al jugador francés Lenglet.

Convirtió un penalti de Ramos a Aspas, en una tarjeta al gallego por imputarle simulación, acarreando una expulsión con media hora por delante. Al minuto siguiente, el que sí se deja caer es Cristiano Ronaldo en la otra área y el colegiado, esta vez, deja a buen recaudo la cartulina amonestadora.

Debió expulsar al ya aleccionado  Casemiro por acumulación y reiteración, tarjetear a Ramos que pudo jugar, porque al camero sí le dejan aplaudir, como a su compañero Morata, sin que en ello adviertan menosprecio.

También volvió a aplaudir Ramos en este partido, concretamente al rival Tucu Hernández, por una entrada brusca de éste, como forma de encararse y al que añadió un mensaje críptico: “Hoy sí”, que se supone haría referencia al celo profesional de los jugadores celestes (el mismo que pusieron frente al FC Barcelona al que ganaron).

Más claro fue Cristiano Ronaldo que, sin ambages, le espetó al central Cabral: “Tú, dinero, ¡Maletín! “.

Cristiano Ronaldo, de protesta fácil, juega en el alambre con cuatro amonestaciones acumuladas y, pese a los méritos que suma jornada a jornada, tiene una protección especial, ahora que ha recuperado su vena goleadora y sus tantos son vitales. Por real decreto y desafiando reglamentos, también estará en La Rosaleda.

Que en estas condiciones de favoritismo escandaloso, el FC Barcelona llegue en condiciones de disputarle el título al Real Madrid es un éxito que se debería valorar aunque no se consume. Se ha luchado contra los elementos poderosos del “establishment” y se han marcado diferencias ganando a domicilio a todos los rivales más importantes, ostentando el mejor coeficiente de goles a favor y en contra. O así piensa nuestra pluma.

@albertgilper